Curar bien también es competir

Las lesiones de Lamine Yamal y Carlos Alcaraz nos hacen reflexionar: parar unas semanas puede proteger varios años de carrera

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Curar bien también es competir
Yamal y Alcaraz, lesionados. TRIBUNA
El autor esJavier Nistal
Javier Nistal
Lectura estimada: 3 min.
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Las lesiones recientes de Lamine Yamal y Carlos Alcaraz deberían hacernos pensar. No solo porque afectan a dos de los grandes talentos del deporte español, sino porque reflejan algo que cada vez vemos más: el deporte de élite está llevando al cuerpo humano a un nivel de exigencia enorme.

Lamine Yamal ha sufrido una lesión en el bíceps femoral de la pierna izquierda. Para entendernos, una lesión en la parte posterior del muslo, en una zona fundamental para correr, acelerar, frenar, cambiar de dirección y golpear. Justo todo lo que hace constantemente un futbolista explosivo como él.

En mi opinión, llegará al Mundial, pero llegará muy justo. Y aquí está una de las claves. Llegar no siempre significa llegar bien. Una lesión muscular no está curada solo porque duela menos o porque el jugador vuelva a entrenar. El músculo tiene que recuperar fuerza, elasticidad, velocidad, coordinación y confianza. Si se acortan los plazos, el riesgo de recaída aumenta.

El caso de Carlos Alcaraz es diferente, pero el fondo es parecido. Su problema está en la muñeca, una articulación clave en el tenis. Cada saque, cada derecha, cada revés y cada golpe forzado pasan por ahí. En el tenis actual, con golpes cada vez más rápidos y efectos más violentos, la muñeca soporta una carga brutal.

En concreto, el dolor en el lado cubital de la muñeca que padece el murciano parece corresponder a una tenosinovitis del extensor carpi ulnaris. En otras palabras: una inflamación alrededor de un tendón muy importante para estabilizar la muñeca y controlar la raqueta. Si solo es eso, sin daño estructural, puede recuperarse con reposo, inmovilización relativa, fisioterapia y una buena readaptación en un plazo de 4-6 semanas.

Inestabilidad y cronificación

Pero hay dos aspectos que me preocupan especialmente. El primero es que se cronifique. Que deje de ser una molestia puntual y aparezca cada vez que el jugador aumenta la intensidad, golpea fuerte o encadena varios partidos. Para un tenista de élite, eso puede ser un problema enorme.

El segundo es la inestabilidad. Si se dañan las estructuras que sujetan el tendón, este puede empezar a salirse y entrar del carril por el que debe deslizarse. Eso no solo duele. Cambia la mecánica del golpe, genera inseguridad y puede afectar mucho al rendimiento. En casos importantes, incluso puede condicionar el futuro deportivo del jugador.

En alguna ocasión en la cual puede incluso llegar a afectarse un menisco qué hay entre el cúbito y el carpo llamado  fibrocartílago triangular, siendo la recuperación aún más larga. Esta estructura actúa como un estabilizador profundo de la muñeca. Cuando se lesiona, no hablamos solo de dolor, sino de pérdida de estabilidad y precisión. Y en el tenis de élite, perder precisión es perder una parte esencial del juego.

A veces hablamos de estas lesiones como si fueran mala suerte. Y algo de azar siempre hay. Pero muchas veces son la consecuencia de una suma que se repite demasiado: partidos, viajes, poco descanso, entrenamientos intensos, presión competitiva y movimientos repetidos una y otra vez.

En el fútbol, los sprints, las frenadas y los cambios de ritmo castigan especialmente la musculatura. En el tenis, los golpes repetidos a máxima velocidad castigan la muñeca, el codo y el hombro.

Por eso, lo importante no es solo tratar la lesión, sino curarla bien. Y curarla bien significa respetar los tiempos, recuperar fuerza, trabajar la estabilidad y volver poco a poco al gesto real del deporte. No basta con que desaparezca el dolor. Hay que comprobar que el cuerpo responde cuando se le exige de verdad.

Como traumatólogo, esto es algo que vemos a menudo. El deportista no siempre se lesiona por un gesto aislado. Muchas veces se lesiona por llegar demasiadas veces al límite. Por eso, en lesiones como estas, la prisa suele ser mala consejera.

Lamine y Alcaraz son jóvenes, tienen un talento enorme y muchas temporadas por delante. Precisamente por eso, curar bien ahora es tan importante como competir. A veces parar unas semanas es la mejor manera de proteger varios años de carrera.

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