El silencio de Rabat sobre las víctimas de Ceuta agrava el dolor de las familias: "es como si no existieran"

Familiares de jóvenes fallecidos durante la entrada masiva a Ceuta lamentan que nadie de su gobierno les dé explicaciones ni les facilite la entrega del cuerpo

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El silencio de Rabat sobre las víctimas de Ceuta agrava el dolor de las familias: "es como si no existieran"
Dos inmigrantes, en una playa de Ceuta. (Foto: EFE)
Mohamed Siali y Mar Marín
Lectura estimada: 5 min.

Marouane Flisat tenía 22 años cuando se ahogó en aguas de Ceuta a finales de julio. Su padre, Said, no oculta su indignación por el desamparo que sufren las familias, el calvario para recuperar los cuerpos y el silencio oficial sobre las víctimas en Marruecos: "Como si no existieran".

Maraoune es una de las 141 personas que, según organizaciones civiles marroquíes, murieron entre el 29 y el 31 de julio, cuando más de 70.000 personas cruzaron desde Castillejos (Marruecos) a Ceuta, en su mayoría a nado. España habla de 82 muertos y Marruecos reconoce 14 en su territorio.

Aunque el grueso de los migrantes regresó a Marruecos, miles todavía quedan en Ceuta un mes después y la tensión ha escalado a una crisis fronteriza, mientras Rabat reclama la "liberación" de lo que considera "ciudades ocupadas" en el norte de África, en alusión a Ceuta y Melilla.

"Dejen de lado las diferencias políticas entre nosotros y España y abórdelo desde lo humano. Es una vergüenza que se deje a esta gente ardiendo de dolor. No solo yo, sino todo un pueblo; mucha gente se ha ido y sus noticias no aparecen (en los informativos). No hemos visto ni oído nada de ellos. Como si no existieran", denuncia Said Flisat con lágrimas en los ojos mientras relata a EFE la tragedia que se ha cobrado la vida de su hijo.

La pérdida de la esperanza

La familia Flisat vive en una casa de una habitación en un asentamiento de las afueras de Dar Bouazza, al sur de la bulliciosa Casablanca. Muy cerca se levantan nuevas urbanizaciones para clase media y, frente al mar, se suceden las villas de lujo. Said cuenta que en algunos pueblos de la zona se han ido todos los jóvenes.

Tiene 47 años, es electricista y mantiene a su esposa y a sus dos hijos. Marouane, que estudiaba en la universidad Biología y Geología y buscaba trabajos ocasionales, y su hermana Ouijdane, de 18 años.

Mira en su móvil una foto de su hijo en la que posa sonriente y haciendo el signo de la victoria, mientras recuerda que la idea de emigrar "ni siquiera pasaba por su cabeza", aunque veía vídeos de chicos que se habían ido.

Un tarde no encontró a su hijo en casa y no le atendió el teléfono. A medianoche, su hermana recibió un mensaje de voz:"Dile a papá que me perdone; no puedo contestarle. No me va a dejar ir si sabe mi intención. Me voy con los chicos a Ceuta".

A la día siguiente recibieron una llamada desde el teléfono de Marouane. "Sinceramente dijimos: ‘A lo mejor llegó bien y sano, y ahora hablará con nosotros’. Pero nos sorprendió la Guardia Civil, que nos dijo: "Encontramos al chico muerto en la playa. El teléfono estaba con él", y nos dieron sus señas".

"Él no tenía la idea de emigrar, pero las circunstancias empujan al ser humano a ir al mar y arriesgarse. Su padre es un obrero que cobra 100 dírhams (10 euros) al día. Un joven que estudia en una facultad paga alquiler y necesita gastos. A veces, el pobre me llamaba y me decía: ‘No tengo qué comer’. Tienes que enviarme 200 o 300 dírhams (20 o 30 euros). A veces, te endeudas para enviarlos", continúa Said.

Marouane "no veía futuro". Envió solicitudes de empleo para la policía, la Gendarmería, Protección Civil y no tuvo respuesta, prosigue.

"El joven quiere construir su futuro y ve a otros que se fueron; algunos llevan dos o tres años fuera, volvieron con coche, construyeron una casa, tuvieron hijos y viven bien. Él mira aquí y ve que lo que ganaría trabajando son 3.500 dírhams (350 euros al mes, el salario mínimo en Marruecos) ¿Qué hará con eso? ¿Cómo construirá un futuro?". "Esto es lo que hace que los jóvenes pierdan la esperanza y vean que su futuro está en irse, en emigrar, en Europa. Y el ser humano, si tuviera las condiciones adecuadas, no se iría".

Un duelo sin cuerpo

Al dolor de la muerte de un hijo se suma el calvario para recuperar su cuerpo.

Tras la identificación en Ceuta, los Flisat comenzaron un peregrinaje por despachos en Marruecos, de la Gendarmería al Ayuntamiento, al Ministerio de Asuntos Exteriores, fueron al norte del país, a Rabat, a Casablanca... España envió hace casi un mes las huellas dactilares de Marouane a Rabat para que confirmaran su identidad, pero no ha recibido respuesta y sin ella no puede entregar el cuerpo a la familia.

"Las autoridades marroquíes no nos han justificado el retraso y no han tomado nuestro ADN", lamenta Said. "Ha pasado más de un mes y la gente viene a darnos el pésame sin que haya funeral. La gente nos da el pésame por un cuerpo que no está. Las autoridades marroquíes están retrasando este expediente. Y no entiendo por qué".

Sin pésame para las familias

En medio del dolor por la pérdida, Said clama contra el silencio oficial sobre los muertos y los desaparecidos.

"Si quisieran saber, lo sabrían todo en 24 horas. Sabrían quiénes emigraron y quiénes murieron; todo está registrado ante el moqaddem, el caíd y el jeque (autoridades locales). Es muy fácil rastrearlo. No puede ser que un Estado no sepa cuántos de sus ciudadanos han salido o quién ha muerto". "¿Acaso los seres humanos no merecen todo esto?".

Said se queja de los comentarios del ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, la voz del Rabat en esta crisis, que ha relacionado la recepción de los cuerpos de las víctimas con el retorno de los menores que están en Ceuta -unos 2.500-, pese a que, según Madrid, el Gobierno español acumula 600 expedientes de repatriación de menores marroquíes sin respuesta de Marruecos.

"El ministro de Justicia que dice esas palabras, si su hijo estuviera allí, ¿diría lo mismo?", se pregunta Said. "Hasta Israel, cuando muere una sola persona, desata una guerra para recuperar su cuerpo. Y nosotros, como nación, cuando muere uno de los nuestros, ningún responsable viene a darnos el pésame. Es una vergüenza enviar condolencias a Cuba y, cuando muere alguien aquí, no se mencione".

Said cree que su hijo está enterrado en Ceuta y que no podrá recuperar su cuerpo. "¿Es razonable cavar para un hombre pobre, luego sacarlo de su tumba y traerlo aquí? Fue enterrado allí, que Dios lo tenga en su gloria. La tierra de Dios es vasta".

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