Carta a mi amada forastera

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Carta a mi amada forastera
Luis Miguel Díaz González
Lectura estimada: 7 min.

¡Vente conmigo, forastera, amada mía, para San Esteban del Valle!

Porque allí vi la luz primera; y mi corazón, después de tantos años, quiere que yo regrese… De tu mano… Para quedarme... Para quedarnos.

Y te hago saber que, para mayor razón, aquel poeta amigo mío, que, bien conoces, vive en San Esteban, viene avivando los colores mil de mi nostalgia, y uno queda mil veces deslumbrado:

Me dice que le enamora hacer vida en mi pueblo.

El pueblo donde, a una voz longeva y castiza, el alto Vítor resuena versos de fe y alborozo.

El pueblo en cuyo hermoso panorama, al silencio de las almas de las Cinco Villas, según la alborada va izando el fuego que todo y a todos ha de bendecir, su querido perro y él echan por esas derrotas de Dios y dan en adorar su majestuosa foresta, su fauna montesa, sus gargantas fragosas, sus severas escarpas, sus canchales y elevadas peñas, sus vientos levantiscos y la generosa y bendita lluvia que para sí toma y, porfiada, grisea de magia otoñal ese gran Reino del Torozo; y dan en adorar, a la escampada, una leve gota de agua posada en la yerba que tiene a sus pies la tierra mía, y un cono frágil, y ahora más que truncado, que la hormiga habrá de atalantar, y un caracol que se goza entre el fasto por los cielos jarreado.

 Foto: San Esteban del Valle

El pueblo donde Juliqui e Hilario el "Rene" le regalan luego, aún muy de mañana, su familiar, llano y gentil saludo de gracia barranqueña, y acaso algún que otro tomate o racimo de albillo.

El pueblo donde, a la tarde, topa con Feli y Juanjo el "Choco", y luego con Marce y Edu; y éste le obsequia con una bellota trabajada y lustrada, ilustrada también, de sus propias manos. Y mi amigo, tan agradecido por el detalle de Edu y por el grato conversar de ambas parejas.

El pueblo donde, a la noche, le sonríe la salerosa Romerilla en la terraza de Tule; y, sobre el alegre murmullo español de clientes, paseantes, querubines de rosadas mejillas y otros circunstantes, echa sus risas con un amigo, dando buena cuenta de la inestimable sencillez en el momento del presente, el único momento que es; y dando buena cuenta, de paso, de una cerveza o de una crema de orujo o de una manzanilla con bien de hielo. A veces, dice mi amigo el poeta, está por ahí, en la barra, Julio "Pitorro", y entonces la complacencia de todos se recuerda a sí misma, porque Julio gasta mucho donaire y es de natural inclinado al buen rollo.

A cada sol y por doquier, le asoman al poeta otros sencillos y dulces momentos del presente: el impensado sorber aquel sagrado aroma de su majestad la higuera; el probar una tarta de Tere "Casita", de esas que comen los domingos en el cielo…; el volver la mirada a una voz efusiva y alegre que, a la distancia, le busca y abraza, cual es la de Amadeo, la de Luis Miguel "Tequila", la de tía Mari la "Miguelera" o la del antedicho Julio "Pitorro"; un intercambio de impresiones con los perros del lugar (Golfo, Dobi, Blanca…), con sus afables dueños (Piedad, Mar, Javi…) y con tantos otros vecinos y gentes de bien y buen temple, como la encantadora Juani o el gran Manolo el cestero…

En el pueblo, mi amigo, que es padre de un lindo escolar __ENDASH__padre que peca del pecado más viejo que la segunda madurez canosa__ENDASH__, amiguea, rejuvenece y se siente bien entre la flor y nata del AMPA.

Y me recuerda mi amigo que el histórico mentidero del lugar, que es el poyo de La Audiencia, se mantiene en su sitio y en estado de uso; y que hay otro concurrido mentidero, más moderno, orilla de La Casa de Cuatro Caminos, el cual han dado en llamar La Carrina.

Que tía Mari la "Miguelera" sigue oficiando de grado su recogimiento y devoción en las cosas de capilla, y exultando, en esto y en todo, de la alegría con que nació su persona; y bien que celebra la que transita y transita por el paseo de San Andrés acaso haciendo alto en el parque del Rollo.

Foto: El pilón

Que la joven Alicia es devota de su pueblo, que el mío es, y enseña la cueva del "Barato" y la antigua utilería, y sus vestigios, para el trabajo de la uva y la aceituna; y acostumbra despejar los caminos y veredas para luego guiar al senderista hacia lugares y parajes diversos, como las cuatro villas vecinas, La Abantera, Las Canalejas, El Vahíllo, Cabeza del Cochino, La Llana, La Chinita y otros más; rutas en las que son de admirar esmerados bancales o suertes, viejos corrales y casillas, algunos conventos y una calzada romana; rutas en las que se nos descubren el chozo y la era del tío Leoncio (recuperados recientemente); en las que se aprende sobre la extracción de la resina; en las que nos contemplan y flanquean viñedos, olivares, castañares, pinares y enebrales; nos acogen merenderos y miradores; y nos engullen las fauces de una regia y accidentada chorrera que está en el que llaman Purgatorio, cuyo abismo evoca a mi amigo el poeta no ya el Infierno de Dante, sino la misma Gloria.

Cuéntame que el espíritu del pueblo, esplendente y señalado en el anchuroso dominio del Tiétar, se aureola del bien que pueda haber en el proporcionado solaz, esparcimiento y celebración de todos: allí, las patronales y su famoso Vítor; allí, la conmemoración por la Beata Lucila; el mercadillo artesanal, los torneos y cursos deportivos, los concursos de cocina, la fiesta de los Quintos, la de la Noche de San Juan, la del Día del Árbol y las incontables actividades infantiles (¡ah, los niños!, de quienes un día escribiera mi amigo el poeta: <<Las nuevas generaciones. Los altos mandos menudos. Esas almas tan limpias de culpa y tan en la plenitud de su luz, de su inocencia y de su júbilo, que, encarnadas en nuestros hijos y nietos, nos confortan y nos regalan la vista y el corazón.>>); y aquí, en mi pueblo, más o menos consabidos, otros actos, jornadas y días feriados. Y puede hallarse en estos ámbitos, según y conforme, esencia religiosa, respuesta de concienciación y fervor sociocultural. Y, a la que se tercie, poco se duda en levantar homenaje, muy al caso, a una querida vecina por centenaria o a una no menos querida profe por su jubilación. ¡Y que no falten rondallas, coros, danzas, pastas y sangría!

Y mi amigo excusa decir que la cultura, en su acepción estricta, viene tomando igual y feliz asiento en el pueblo: pues no que, además de disponer de surtida biblioteca, van y organizan cursos y exposiciones de pintura, talleres temáticos varios, recitales de poesía y ponencias como la que va de permacultura y la que va sobre la educación primaria en el siglo XIX. Y allí un juntaletras como él comparte inquietudes con Miguel, escultor de contemporáneo, con Luis, pintor de lo mismo, y con restauradores como Paloma y Joserra.

   Foto: Marcos, Abraham, Emma, Nicolás, Iván, Lucía, Miguel, Inés y Valle.

Además, me dice, en el pueblo ¡hacen teatro! No ha mucho que formaron una compañía de adultos, que se llama "Mutis por el Torozo", y otra de jóvenes de hasta trece años, "Mutis por el Torozo Junior". Ambas compañías están ensayando tragicomedia y comedia respectivamente con vistas a estrenar cuando les llegue el día propicio. Dicen los del teatro que así sea en clave de humildad y concordia para así su inquietud bien merecer el nombre de cultura; que, en ambas piezas, lo que más luce a primera vista es el barniz cómico con el que entre todos andan cubriendo la trama y la acción; que su ilusión y empeño, por y para tocar el corazoncito del respetable, arrancarles alguna que otra risa y hacerles pasar un rato agradable; y que quedan muy agradecidos al Ayuntamiento por su reconocimiento y colaboración, a la Cofradía de San Pedro Bautista por permitirles hacer uso del salón de actos, y a otras personas de las Cinco Villas por la ayuda que les brindan, cada cual en su razón y medida. ¡Mucha mierda!

Foto: Compañía de teatro "MUTIS POR EL TOROZO JUNIOR"

Y mi amigo el poeta y yo te pedimos nos excuses por las omisiones que hayan abreviado esta carta mía.

Y, en la apartada intimidad, escribe el poeta:

<<Cuando me dejo acariciar del amor en la sencillez, ¿puede el pensamiento apagarse? ¿Es posible que, a esa ráfaga de lucidez, vislumbre yo la nada?

Escuchad. ¡Escuchad el llanto de mis versos! Sí, lloran por amor. Lloran porque hoy mi alma se estremeció. Y lloran de impotencia. Lloran por no saber hablar mejor a vuestra alma. ¿O... quizá sí? ¡Ay!, si superan. Si supieran mis versos entregaros el amor que les hace llorar... Entonces... Sí, sonreiríais a mis miserias, como sonreís al noble instinto de un animal liberado de sus cadenas. ¡Ay!, si supieran. Si supieran mis versos entregaros el amor que les hace llorar... Entonces… Acariciaríais mis miedos, como acariciáis al niño que os necesita. Y no recelaríais de mis peores palabras, ni de mis amargos silencios, ni de mis torpes gestos. Porque todo ello lo habríais hecho vuestro con una comprensión expandida, pura. ¡Ay!, si supieran. Si supieran mis versos... Vuestra alma se estremecería, como hoy mi alma se estremeció, por amor. Vuestra alma me sonreiría y amaría, como hoy os he sonreído y amado. ¡Si aconteciera este milagro! Nos tomaríamos de la mano, y, sin propósito alguno, muriendo al pasado, nos adentraríamos en lo otro, un no sé qué sin nombre y eternamente nuevo. Si no… Sólo sabed que hoy, bienherido del amor, he llorado escribiendo unos versos que no saben hablar mejor a vuestra alma.>>

Y yo te pido, forastera, amada mía:

¡Vente conmigo a mi patria chica, tierra de realengo sometida a la divina creación del Reino del Torozo!

¡Vente conmigo para San Esteban del Valle!

Que, arrimados a la naturaleza y a la gente de bien, ¿no ha de ser sino poesía la vida en mi pueblo?

Tu amor siempre en mí. De este que besa tus pies,

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