Javier García Sáez analiza cómo aves, insectos y murciélagos modificaron su actividad durante el eclipse del 12 de agosto
El eclipse total de Sol altera durante minutos el comportamiento de la fauna
Javier García Sáez analiza cómo aves, insectos y murciélagos modificaron su actividad durante el eclipse del 12 de agosto
El eclipse total de Sol del 12 de agosto permitió comprobar en Arévalo cómo un cambio repentino de luz y temperatura puede modificar, aunque sea durante un periodo muy breve, los ritmos habituales de la fauna. El naturalista Javier García Sáez siguió el comportamiento de diferentes especies durante el fenómeno y complementó sus observaciones con una grabación autónoma realizada en el campo.
La progresiva ocultación del Sol por la Luna provocó una transformación rápida del entorno. La luminosidad fue disminuyendo hasta generar una especie de atardecer adelantado, acompañado además de un acusado descenso de las temperaturas.
Esta situación sorprendió a parte de la fauna diurna, que comenzó a desplazarse hacia sus refugios y dormideros antes de lo previsto. Al mismo tiempo, la reducción de la luz provocó que algunas especies nocturnas iniciaran su actividad con antelación. Grillos, sapos, murciélagos y aves nocturnas comenzaron a desarrollar sus rutinas aproximadamente una hora y media antes de lo que habría sido habitual.
El efecto, sin embargo, fue limitado por la propia duración de la totalidad. Dependiendo de la zona, la fase de oscuridad completa se prolongó únicamente entre uno y dos minutos, por lo que la respuesta de los animales se tradujo principalmente en un episodio de confusión momentánea.
Durante la observación realizada desde el punto elegido para contemplar la totalidad, García Sáez tenía ante sí alrededor de un centenar de aviones comunes (Delichon urbicum) que permanecían sobre unos cables eléctricos, siguiendo su comportamiento habitual al final del día.
La situación cambió cuando la oscuridad comenzó a hacerse evidente. Las aves abandonaron los cables, mientras se produjo también un movimiento de palomas y otras aves urbanas, que regresaban desde el campo hacia la ciudad para buscar refugio.
Con la llegada de la denominada falsa noche comenzaron a activarse otras especies. Los ortópteros, entre ellos los grillos, iniciaron sus sonidos y, al levantar la vista, fue posible observar murciélagos enanos (Pipistrellus pipstrellus) y ejemplares de mayor tamaño, como el murciélago grande de herradura (Rhinolophus ferrumequinum).
La recuperación de la claridad provocó una reacción inversa. El sonido de los grillos descendió inmediatamente y los murciélagos regresaron a las grietas y oquedades que habían abandonado pocos minutos antes.
El registro sonoro recoge la reacción de las especies
Además de la observación directa, Javier García Sáez realizó una grabación autónoma en el campo para estudiar con mayor detalle la respuesta de la fauna. El registro se efectuó en una zona de pino piñonero situada junto a un bosque de ribera, en el entorno de Arévalo.
Los tiempos registrados para el fenómeno fueron los siguientes: el inicio del eclipse parcial tuvo lugar a las 19:35:48 horas; la totalidad comenzó a las 20:30:30 horas; el máximo del eclipse se produjo a las 20:30:58 horas, y la fase de totalidad terminó a las 20:31:27 horas.
El análisis de la grabación permite apreciar que, aunque el eclipse coincidió con una época en la que las aves no atraviesan uno de sus momentos de mayor actividad canora, sí se produjo una menor actividad vocal en los instantes previos y posteriores al fenómeno.
Esta diferencia se observa especialmente en especies como el chochín (Troglodytes troglodytes), el agateador común (Certhia brachydactyla) y el trepador azul (Sitta europaea), cuya actividad sonora pudo compararse con la registrada durante los días anteriores y posteriores.
Los sonidos de los ortópteros comenzaron aproximadamente dos minutos antes del máximo del eclipse, alrededor de las 20:29 horas. La grabación también muestra que las palomas torcaces empezaron a desplazarse hacia sus dormideros alrededor de las 20:26 horas.
Uno de los datos más llamativos es la coincidencia temporal entre el incremento de la actividad de los ortópteros y la del petirrojo europeo (Erithacus rubecula). Durante esos momentos, esta especie emitió de manera continuada su característico reclamo seco, especialmente audible durante la transición hacia el anochecer.
La paloma torcaz (Columba palumbus) también redujo sus vocalizaciones. No obstante, el comportamiento no fue idéntico en todos los ejemplares, ya que alguno continuó cantando durante todo el desarrollo del eclipse.
La llegada de la penumbra permitió detectar también la presencia del chotacabras europeo (Caprimulgus europaeus). En torno a las 20:30 horas, cuando la oscuridad ya era notable y se había producido el descenso térmico, comenzó a emitir sus primeros reclamos.
La secuencia se inició con el característico «ku-ik, ku-ik, ku-ik». Apenas 15 segundos después, el ave comenzó su canto, basado en un sonido continuo descrito como un ronroneo.
La actividad vocal del chotacabras se prolongó exactamente durante 1 minuto y 6 segundos. Posteriormente, a las 20:34 horas, se registraron algunos últimos reclamos aislados, aproximadamente tres minutos y medio después del comienzo de su actividad.
Frente a estas especies, el mirlo (Turdus merula) tuvo una presencia mucho más discreta en la grabación. García Sáez señala que sus apariciones fueron testimoniales, con algún reclamo aislado, pero sin que llegaran a escucharse con claridad sus habituales reclamos de excitación característicos de los atardeceres.
Una alteración breve pero perceptible
El conjunto de las observaciones realizadas durante el eclipse confirma que la fauna sí respondió al cambio repentino de las condiciones ambientales. La reducción de la luminosidad y el descenso de la temperatura desencadenaron comportamientos asociados habitualmente al final del día y, en el caso de las especies nocturnas, adelantaron el inicio de su actividad.
García Sáez resume el resultado de sus observaciones al explicar que «el eclipse iba a tener efectos en la actividad de nuestra fauna», aunque matiza que «debido a la corta duración del mismo, los efectos no han sido demasiado notables».
La respuesta de los animales estuvo condicionada también por el momento concreto en el que se produjo el fenómeno. El Sol ya se encontraba a poca altura, puesto que la totalidad coincidió con el atardecer. Esto significa que la actividad de buena parte de la fauna diurna ya se encontraba de forma natural en sus niveles más bajos.
Por ello, el eclipse generó una especie de confusión temporal en los ritmos de la fauna de Arévalo, con animales diurnos que adelantaron su retirada y especies nocturnas que comenzaron antes sus movimientos y vocalizaciones. Una vez recuperada la luz, los diferentes comportamientos fueron regresando progresivamente a la normalidad.
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