Una noche para redescubrir la historia del Convento de Santo Domingo

Las Navas del Marqués presenta la restauración del convento y una réplica de la histórica lauda de Pedro Dávila y María Enríquez

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El autor esAndrea Pozo Ajates
Andrea Pozo Ajates
Lectura estimada: 2 min.

Más de 3.000 personas han participado en los actos organizados con motivo de la inauguración de la intervención realizada en el Convento de Santo Domingo y San Pablo de Las Navas del Marqués, una actuación financiada por la Diputación Provincial, la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento.

La inauguración ha incluido una propuesta audiovisual para acercar al público la historia del municipio y, especialmente, la del propio convento. Durante la noche se han realizado dos pases de un videomapping, que ha reunido a miles de asistentes.

La alcaldesa de Las Navas del Marqués, María del Mar Díaz, ha explicado que el espectáculo ha permitido contar "toda la historia de las Navas de Marqués", incluida la trayectoria del convento, que, según ha señalado, "hasta ahora no se había contado nunca".

El acto ha servido también para presentar por primera vez la réplica de la lauda funeraria de Pedro Dávila y María Enríquez, primeros Marqueses de Las Navas, cuyo original se conserva en el Museo Arqueológico Nacional.

La reproducción ha sido realizada por el mismo profesional encargado de elaborar la réplica de las cuevas de Altamira, según ha detallado la regidora, que ha destacado que se trata de "una réplica perfecta" y ha animado a vecinos y visitantes a conocerla porque "es una maravilla que merece la pena visitar".

La lauda presenta además una particularidad relacionada con la historia personal de los primeros marqueses. Tras el fallecimiento de su esposa, Pedro Dávila decidió realizar una inscripción que se alejaba de las habituales referencias a los títulos nobiliarios y ponía el foco en su relación personal.

En este sentido, la alcaldesa ha señalado que se trata de "una lauda solo en honor y en homenaje a su mujer", en la que aparecen las manos entrelazadas como símbolo del matrimonio. Díaz ha incidido en que la dedicatoria no pone el acento en la condición nobiliaria de María Enríquez, sino en su papel como esposa.

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