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La Adrada trata de "recuperar el pulso" manteniendo sus fiestas tras el incendio
Apenas han pasado semanas desde que el "monstruo" del fuego, el mayor incendio forestal de la historia de España, engullera más del 60 por ciento de su término municipal. Sin embargo, el municipio abulense de La Adrada se niega a la resignación y, entre el dolor y la devastación, ha decidido encender sus luces de esperanza: celebrar sus fiestas patronales en honor a El Salvador.
La decisión no ha sido fácil. "Con un nudo en la garganta" y tras "llorar mucho", según confiesa a EFE su alcaldesa, Pilar Martínez, la Corporación municipal debatió sobre la conveniencia de los festejos. "Había dudas sobre si seguir adelante o no", reconoce Martínez, pero la voluntad de "recuperar el pulso" del pueblo y de apoyar a la hostelería local, en un momento donde la población estival se multiplica hasta las 15.000 personas, terminó por imponerse. "Hay que seguir viviendo, pese a todo, porque nos quedan muchos años de trabajo", sentencia la regidora.
El emotivo pregón que dio inicio a las fiestas el pasado miércoles se ha convertido en el símbolo de esta resiliencia. Lejos de discursos protocolarios, tres de los voluntarios que participaron incansablemente en las labores de extinción fueron los encargados de inaugurar las celebraciones. Su testimonio, cargado de "emotividad, respeto y sentimiento", conmovió hasta las lágrimas a una plaza abarrotada, siendo calificado por muchos como "el mejor pregón de la historia" de La Adrada.
La huella del incendio es profunda. Procedente del Valle del Alberche y originado en Burgohondo hace dos semanas y media, el fuego arrasó más de 50.000 hectáreas en la provincia abulense. En La Adrada, dos casas en la sierra resultaron calcinadas, otra sufrió daños importantes y entre tres y cuatro más en el casco urbano se vieron afectadas. Los paisajes verdes se han tornado en desolación, y la preocupación por un reciente conato "posiblemente provocado" añade incertidumbre.
Sin embargo, en medio de la tragedia, hay motivos para el alivio: no se han lamentado desgracias personales, y elementos cruciales como la presa de Los Morales, la que abastece la localidad, y la planta potabilizadora, han logrado esquivar las llamas, aunque se mantiene la cautela ante posibles arrastres de ceniza por futuras lluvias.
La vida continúa
Aunque el incendio principal está estabilizado, el "monstruo" sigue dando "sustos". Tocones humeantes y pequeñas reproducciones obligan a la alcaldesa de La Adrada a mantener un bando que prohíbe el acceso al monte, ante el riesgo de caída de los pinos quemados.
Con algunas actividades suprimidas, como los toros, las fiestas de La Adrada no buscan el olvido, sino el bálsamo. Son un respiro colectivo, una afirmación de vida en medio de la "sensación de luto". El municipio lloró, pero ahora baila y se abraza, demostrando que, incluso entre cenizas, el alma de un pueblo puede y debe resurgir.








