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Sequía, viento y combustible explican los incendios récord de 2025 en España y Portugal
Los factores clave en una campaña que arrasó más de 524.000 hectáreas en España y Portugal
La campaña de incendios forestales del verano de 2025 dejó una de las huellas más graves registradas en el noroeste de la Península Ibérica. Según un estudio de la Universidad de León, la combinación de sequía prolongada, fuertes vientos y una elevada carga de combustible vegetal generó un escenario extremo que provocó incendios de gran magnitud y comportamiento inusual.
La investigación, desarrollada por el Grupo de Ecología Aplicada y Teledetección (GEAT) de la ULe, concluye que este conjunto de factores actuó como un auténtico "cóctel perfecto" que derivó en una campaña especialmente virulenta, con más de 524.000 hectáreas quemadas entre España y Portugal.
El trabajo analiza un total de 66 grandes incendios forestales, aquellos que superan las 500 hectáreas, y detecta patrones que los investigadores califican de "sin precedentes" por su extensión, intensidad y simultaneidad, concentrados principalmente en el noroeste peninsular.
Entre los episodios más relevantes destacan el incendio de Molezuelas de la Carballeda (Zamora), con unas 37.000 hectáreas afectadas, y los fuegos registrados en la provincia de León, que en conjunto alcanzaron aproximadamente 90.000 hectáreas calcinadas, situando este verano como un punto de inflexión en el comportamiento del fuego en el sur de Europa.
El estudio introduce el concepto de Eventos Extremos de Fuego, incendios caracterizados por su elevada intensidad y velocidad de propagación, capaces de superar la capacidad de respuesta de los dispositivos de extinción. Según los investigadores, estos episodios tienden a concentrarse en el tiempo y el espacio, generando campañas especialmente destructivas.
Los datos muestran que solo una cuarta parte de los grandes incendios fue responsable del 75 % de toda la superficie quemada, con once eventos extremos concentrando la mayor parte del daño registrado.
Además, el impacto ambiental ha sido especialmente elevado: más del 65 % de la superficie afectada presentó daños altos o muy altos en los ecosistemas, especialmente en zonas con acumulación de vegetación o con una orografía compleja. A ello se suma que cerca del 40 % del área quemada en España se encontraba dentro de espacios protegidos, como parques naturales o reservas de la biosfera, lo que eleva el riesgo de pérdida de biodiversidad.
Los autores del estudio advierten de la necesidad de replantear las estrategias actuales de gestión forestal y avanzar hacia modelos de gestión adaptativa del territorio, que integren la ecología del fuego como herramienta de planificación. También subrayan el papel clave de la prevención, recordando que la mayoría de los incendios forestales podrían evitarse con una gestión adecuada del territorio y de los factores de riesgo.
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