El año de la recuperación
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El año de la recuperación

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (Foto: E. P.)

El tiempo vuela. Como quien no quiere la cosa, nos plantamos en el comienzo del segundo trimestre del año y ya tenemos encima la Semana Santa. La anterior la pasamos confinados en nuestras casas y ésta la vamos a pasar confinados en nuestras comunidades, mientras los turistas extranjeros disfrutan de nuestras islas y playas, un poco como les pasa a los cubanos.

 

Iba a ser 2021 el año de la recuperación. Así nos lo anunció en enero el presidente: “Si el año 2020 lo recordaremos como el año de la pandemia y de la resistencia, porque sin duda hemos resistido, el año 2021 tiene que ser el año de la confianza y en consecuencia de la recuperación económica”.

 

Bueno, ya sé que esto lo dice el mismo que en mayo del año pasado daba por derrotado al virus al grito de “¡Salimos más fuertes!” y nos animaba, desde su retiro en Doñana, a salir y a disfrutar de la vida. Pero no se lo tengan en cuenta, lo dijo hace ya varios meses y tampoco es cuestión de seguir siempre mirando al pasado. Es inútil volver sobre lo que ha sido y ya no es, que decía Chopin.

 

En todo caso, si recordamos el pasado sólo puede ser para cambiarlo y borrar de nuestro recuerdo a almirantes como Cosme Damián Churruca, ese pionero del franquismo que murió luchando contra Nelson en la batalla de Trafalgar. Mejor centrarse en el presente y tal vez en el futuro. Así que ahora toca confianza y recuperación económica. En enero, después de aprobar unos presupuestos con una previsión de crecimiento del 9,8% del PIB, el presidente presentaba en la tele el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, “el proyecto de reconversión económica más ambicioso de la historia democrática de nuestro país. Un plan que estamos presentando a Europa y que vamos a ejecutar ya”. ¡Grande! Una pena que a renglón seguido añadiese que “queda ahora la parte fundamental: convertirlo en acciones concretas que trasformen de manera real y efectiva la economía española”.

 

Una lástima. Porque este Gobierno que funciona como un reloj en lo del storytelling, que va como un tiro a la hora de lanzar jingles y eslóganes, se atasca más que las calles de Valladolid con carril bici cuando se trata de hacer cosas reales y efectivas. Porque si dejamos los dichos y vamos a los hechos, el caso es que acabamos el mes de marzo y la recuperación no llega. Por si fuera poco, la confianza tiende a cero, como no podría ser de otro modo con el espectáculo de mociones fallidas y vicepresidente a la fuga. Seguimos instalados en ese mundo al revés en el que los ciudadanos se ocupan más de los problemas de los políticos que los políticos de los problemas de los ciudadanos, y así, claro no hay manera de confiar en nada.

 

Y respecto a la recuperación económica, pues así están las cosas. El Banco de España, de cuya milagrosa independencia en los tiempos que corren casi nadie duda, acaba de presentar sus previsiones para este año. Plantea tres escenarios. Digamos que uno optimista, por el que muy pocos apuestan, con un crecimiento del 7,5%, otro neutro, que el banco estima como el más probable, en el que creceríamos un 6% y un tercero pesimista, que desgraciadamente va ganando opciones, en el que el crecimiento sería solo del 3,2%.

 

Eso son previsiones, pero lo que ya sabemos es cómo han ido las cosas estos tres primeros meses y pintan bastos. El banco de España, La Airef, Funcas, el Consejo de Economistas o BBVA Research, por citar algunos organismos coinciden en que el PIB ha caído, con diferencias de algunas décimas, en torno al 1%. Y lo peor es que la cuarta ola que se nos viene encima y nos pilla con solo un 50% de los mayores de 80 años vacunados no permite albergar mucho optimismo respecto a la evolución del segundo trimestre.

 

Pero no todo está perdido. La ministra de Hacienda llama a la calma, dice que es mejor sostenella que enmendalla y que el Gobierno del que es portavoz no va a modificar sus previsiones de crecimiento ya que “sería precipitado establecer algún tipo de actualización o de nuevas previsiones sobre los indicadores económicos”. Todos tranquilos, esto no corre prisa y si la desviación en los presupuestos acaba siendo de un 4% del PIB, pues tampoco es para tanto. Ya saben eso de “Chiqui, 1.200 millones no son nada”, así que 40.000 tampoco son para tanto.

 

Además, aunque todavía no ha presentado a Bruselas ese “proyecto de reconversión económica más ambicioso de la historia económica de nuestro país”, qué le vamos a hacer, ya saben que falta la parte fundamental y en eso entre moción de censura y moción de censura pues en Moncloa están atascados, el Gobierno ya está dando importantes ayudas a las empresas estratégicas para demostrar que #EspañaPuede. Y como podemos, pues ahí van 53 millones de euros, lo que viene a costar un hospital entero, para una aerolínea que solo tiene un avión, por cierto, estacionado y que además no es suyo, sino que lo tiene arrendado, porque ya lo vendió antes de la pandemia para hacer frente a sus deudas.

 

Así que en eso estamos, soltando millones a una compañía que ni es solvente, ni es estratégica, que antes de la pandemia operaba con pérdidas el 0,03% de los vuelos en España y cuyo lema es “La aerolínea que ofrece más maletas”. Para los peor pensados, conviene aclarar que no se refiere con eso a aquel episodio siniestro de Delcy, Ábalos y las 40 maletas perdidas en aquella oscura madrugada en Barajas. 

 

Ver cómo Reyes Maroto, la ministra de Industria, Comercio y Turismo, a la que algunos teníamos por seria, con gran formación y demostrada experiencia, y además con la innegable virtud de haber nacido en Medina del Campo, explica que “cualquier rescate a una aerolínea es necesario” y que “si no hubiera cumplido los requisitos no habría obtenido las ayudas” me impele a la desesperanza. No sé si es incompetencia en la gestión, la prevalencia de la ideología sobre cualquier otra cosa o simple y llanamente corrupción e intercambio de favores. Pero creo que estamos asistiendo al viaje de un partido que fue trascendental para la modernización de España a través de un erial moral del que no le será fácil encontrar la salida. Y como son los que están al volante, todo parece indicar que 2021 no será el de la recuperación, sino otro año de mierda.

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