Ver para creer

Ver para creer
Ricardo Reier.
Ricardo Reier
Lectura estimada: 4 min.

Hay ocasiones en los que no se puede sentir más que admiración ante nuestra querida clase política. Dese cuenta, querido lector, que han conseguido que haya ciudadanos que hasta celebren los nuevos récords de recaudación que, año tras año -a lo Pogacar en el Tour-, consigue nuestra admirada Agencia Tributaria. Incluso, créanme porque es cierto, que hasta se enojen y lleguen a manifestarse contra bajadas impositivas alegando un supuesto dumping fiscal -lástima no fuera verdad-. La explicación posterior suele ser, en el mejor de los casos, que en España no se pagan impuestos -ver para creer-, y, en el peor, que si no se pagasen esos impuestos no habría ni educación ni sanidad. Entre medias suele estar también el comodín del público de "los ricos no pagan impuestos". Es normal este mantra explicado por la propia Administración que, al fin y al cabo, vive de ello, pero resulta algo más sorprendente en el ciudadano de a pie. Para hacernos una idea, los datos hasta agosto de este año indican que la recaudación acumulada ha ascendido hasta más de 230.000 millones de euros -casi un 10% más que el año anterior- lo que equivale a más de 23.000 millones de euros extras. Hacienda siempre gana. Según los cálculos de la Fundación Civismo, el día de la liberación fiscal se ha vuelto a retrasar hasta el 20 de agosto (esto significa que bastante más de medio año trabajamos única y exclusivamente para el tío Sam). En datos del Instituto Juan de Mariana, la era Sánchez nos ha regalado 141 subidas de impuestos y cotizaciones sociales, con un impacto estimado de 682 euros por ciudadano.

Para poner estos datos en perspectiva, quizás ayude explicar que en el pasado año 2025 el gasto público sobre el PIB fue de un 45,3%, según datos del propio Ministerio de Economía. Es decir, que el gasto total de todas las Administraciones Públicas ascendió a la nada despreciable cifra de más de 766.000 millones de euros (si saliéramos de compras nos daría para adquirir, euro arriba euro abajo, Inditex, Santander, BBVA, Iberdrola, CaixaBank, Endesa y Repsol juntas). Por si esto fuera poco, hay que recordar el pequeño detalle de la Deuda Pública que en España asciende ya a 1.750 millones de euros (1,75 billones de euros). Salimos a unos 35.100 euros por cabeza. Fíjense queridos amigos que, aún suponiendo que cada euro gastado en educación, sanidad y pensiones (los tres pilares básicos del Estado del Bienestar) fueran de una gestión exquisita, no llegarían ni al 50% del gasto público total. Estarán de acuerdo conmigo que, para tratarse de una economía anarco liberal __ENDASH__vaya usted a saber que significa eso- y de un pobre Estado oprimido por los intereses privados donde se está acabando con lo público, los datos no pueden resultar más curiosos.

Si a lo anterior unimos los récords de empleo, al maná de los fondos europeos y el crecimiento y afiliación a la seguridad social, se podría incluso pensar, querido lector, que a cambio del esfuerzo realizado (o expolio, llámenlo como mejor les convenga) tenemos unos servicios o prestaciones al estilo de Noruega. Si no lo piensa usted así, podríamos plantearnos dos hipótesis. La primera, que habría que subir aún más los impuestos porque "no nos llega" (de nuevo ver para creer); la segunda, que quizás __ENDASH__solo quizás- no estamos en las mejores manos en cuanto a gestión se refiere. Quizás, que dos expresidentes de ADIF __ENDASH__por poner un ejemplo de desgraciada actualidad- estén imputados por corrupción, que se hayan nombrado en los últimos tres años una treintena de directivos entre Adif y Renfe con el único mérito de tener el carné político adecuado, y que esté en la cárcel el anterior Ministro de Transportes, quizás puede haber llegado a influir en el sobrecoste (pagado con impuestos lógicamente) y en los problemas de gestión. Quizás, que el problema de la falta de 700.000 viviendas __ENDASH__dato del Banco de España- se quiera solucionar con dos decretos de última hora sin la más mínima garantía jurídica para el propietario que alquila y sin haber construido prácticamente ninguna vivienda pública en los últimos ocho años, quizás tampoco parece la mejor solución a tan grave problema. Quizás, si la mejora de la capacidad adquisitiva vía aumento del salario medio es algo básico en un contexto de inflación, pero se mantienen los costes laborales e impositivos para trabajador y empresario más altos de la historia, unido a subidas del Salario Mínimo Interprofesional sin tener en cuenta la productividad, quizás el resultado es que el salario medio cada vez se parezca más al salario mínimo consiguiendo una especie de redistribución general de la pobreza. Podríamos seguir, querido lector, sumando quizás, y quizás, analizándolo en detalle, podríamos incluso tener la tentación de pensar que el problema principal no viene derivado de los pocos impuestos que pagamos o de lo malo y desaprensivo que es el sector privado.

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