Los Amigos del Museo de Ávila visitan la ciudad de Vascos y el domen de Azután en las inmediaciones de los Montes de Toledo

imagen
imagen
Jesús Mª Sanchidrián Gallego
Lectura estimada: 5 min.

La impresionante Ciudad de Vascos, un yacimiento arqueológico que fue una antigua madina islámica andalusí habitada entre los años 930 y 950 d.C. aproximadamente, hoy despoblada, fue el sorprendente descubrimiento, por poco conocido, que pudieron admira los Amigos del Museo de Ávila en el municipio de Navalmoralejo (Toledo), el pasado sábado 17 de octubre.

El paraje donde se halla la ciudad de fundación omeya dependiente del poder de Córdoba en tiempos Abd-al-Rahman III se encuentra en las estribaciones occidentales de los Montes de Toledo, en cuyo horizonte y en la lejanía se divisa la Sierra de Gredos. Posee una topografía irregular asentada en uno de los márgenes abruptos y de litología granítica que baña el río Huso (o Uso) afluente meridional del río Tajo, al pie de las Sierras Ancha y Aguda.

El paisaje y la orografía del lugar son muy parecidos a los asentamientos de los castros abulenses de Chamartín y Cogotas, situados en altozanos montañosos entre encinares y formaciones graníticas, rodeados de cursos fluviales, y atravesados por correntías y arroyadas.

Para llegar a la ciudad de Vascos, la comitiva formada por más de una treintena de amigos del museo abulense hizo marcha a pie de diez kilómetros (ida y vuelta), ya que no existe un acceso rodado adecuado.

Ya a las puertas de la majestuosa ciudad, declarada Bien de Interés Cultural de 1931con categoría de Zona Arqueológica, y guiados por Javier Jiménz Gadea, director del Museo de Ávila, pudimos apreciar los restos defensivos de la ciudad compuestos por una formidable muralla de 970 metros de buena sillería que envuelve a la madina con una superficie interior de ocho hectáreas y una topografía muy abrupta en descenso hacia una vaguada. En la parte norte, sobre un cerro granítico dominante, desde donde se divisa el río Huso que lo circunda, se levanta la alcazaba, la cual está protegida por una barbacana en cuya interior se hallaba una antigua mezquita. Extramuros se conservan los restos de dos cementerios y, junto al arroyo de la Mora, los de un arrabal y el Baño de la Mora situado junto a la puerta oeste.

La ciudad, que albergó has tres mil personas, se hallaba situada en la línea vadeable el río en este punto que marca el Tajo, haciendo frontera entre territorios cristianos y musulmanes, a la ved servía de enlace con territorios de al-Ándalus de oriente.

En la zona se habló incluso de la posible existencia de un centro metalúrgico de cierta envergadura que trabajaba el metal procedente de sus inmediaciones y los cercanos Montes de Toledo.

Según las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo, se sabe que el caserío de viviendas se organizaba en torno a un patio central al que se abrían las estancias de la casa. Así mismo, se ha documentado que el ajuar doméstico de los moradores estaba formado por cerámicas destinadas a la preparación, el almacenamiento y el servicio de alimentos, así como a la iluminación, habiéndose recuperado objetos de uso cotidiano, como tijeras, picos o punzones de hierro, y torres de rueca para actividades textiles.

Tras la conquista de Alfonso VI de la taifa de Toledo en 1085, al tiempo que su yerno Raimundo de Borgoña repuebla Ávila, la ciudad de Vascos dejó de tener el sentido estratégico que tenía como lugar de control de los vados del río y el paso de los caminos, así como de interés económico, así que se despobló. Entonces quedó una medina fosilizada y abandonada, aunque durante algún tiempo acogió asentamientos cristianos, como prueba la existencia de enterramientos de estos en el interior de la mezquita. Posteriormente, con la ocupación cristina del territorio, este pasó a pertenecer al linaje abulense de Gómez Dávila y Velada.

Como colofón, los amigos recorrieron una pasarela de madera que conduce al río Huso, donde la Diputación de Toledo construyó un embarcadero con la idea de facilitar el acceso en barco, el cual se compró a tal fin, previo encargo a los astilleros de Castropol. Si embargo, el proyecto incluido en el "Plan de Sostenibilidad Turística de Oropesa" con un presupuesto de más de dos millones y medio de euros, resultó fallido, ya que el yacimiento se encuentra en una finca de propiedad privada y no se alcanzó acuerdo para la puesta en marcha de la ruta fluvial. Por ello, dicha costosa infraestructura nunca pudo entrar en funcionamiento, y hubo que mal vender el barco por una quinta parte de su valor.

Finalmente, la última parada de la excursión fue para visitar el dolmen de del municipio de Azután (Toledo)  la primera de las evidencias megalíticas localizadas en el interior de la Meseta Sur, utilizado para inhumaciones y osarios colectivos desde datado en el periodo Neolítico Medio al Final (V milenio a.C.) durante el Calcolítico (en su fase campaniforme marítima, durante el IV milenio a.C.), mientras que el hábitat infratumular presenta una caracterización cronológica inmersa en el VI milenio.

El dolmen presenta una estructura de cámara y corredor con ortostatos de grandes dimensiones y cubierta adintelada. Los elementos arqueológicos destacables son, además de su sistema y tipología constructiva, sus evidencias materiales arqueológico-ergológicas como artístico-rupestres, además de las culturales y habitacionales que fueron desarrolladas. Los ajuares y restos arqueológicos documentados se componen de abundantes evidencias de cerámica, industria ósea, industria lítica tallada y pulimentada, así como alguna cuenta de collar.

A todo ello debemos sumar la evidente decoración total del espacio funerario mediante grabados (incisiones finas de bandas onduladas y zigzag, así como grabados anchos de temática geométrica y antropomórfica, e incluso bajorrelieve) y pinturas en los ortostatos de la cámara y figuras exentas de carácter escultórico (menhir) en el espacio de la cámara.

Importante arqueológicamente resulta además de su carácter innato monumental (dolmen de cámara y corredor bajo túmulo perimetral), también la conexión que se produce en las áreas funerarias megalíticas relacionadas con áreas de habitación (en este caso infrayacente), así como su recurrente asociación a cursos de agua vertebradores del territorio y de los recursos que dominan, siendo próximo al río Tajo y en las inmediaciones a los arroyos de Linares y la Anguilucha, unido a afloramientos hídricos subterráneos en el mismo área arqueológica.

Últimas noticias de esta sección

0 Comentarios

* Los comentarios sin iniciar sesión estarán a la espera de aprobación
Mobile App
X

Descarga la app de Grupo Tribuna

y estarás más cerca de toda nuestra actualidad.

Mobile App