Las etapas que hicieron leyenda a Ángel Arroyo sobre la bicicleta

El ciclista de El Barracoabrió el camino a una generación de corredores abulenses

Las etapas que hicieron leyenda a Ángel Arroyo sobre la bicicleta
El autor esAndrea Pozo Ajates
Andrea Pozo Ajates
Lectura estimada: 4 min.

Antes de que Pedro Delgado y Miguel Induráin dominaran el Tour de Francia, otro ciclista español ya había demostrado que el podio de la carrera francesa estaba al alcance de los corredores nacionales. Fue Ángel Arroyo, el ciclista de El Barraco que terminó segundo en la edición de 1983 y que se convirtió en una de las figuras de referencia del ciclismo español de los años 80.

La trayectoria de Arroyo está estrechamente ligada a la recuperación del protagonismo español en la gran carrera francesa. Su actuación en aquel Tour, en el que además consiguió imponerse en la cronoescalada al Puy de Dôme, supuso uno de los grandes resultados del ciclismo nacional antes de la llegada de la generación que posteriormente encabezaría Delgado y, unos años después, Induráin.

De El Barraco a las grandes vueltas

Arroyo comenzó su carrera profesional en 1979, en las filas del Moliner-Bereko. En su segunda temporada consiguió la Vuelta a Castilla y una etapa de la Vuelta a Alemania, primeros resultados que anticipaban el nivel que alcanzaría poco después.

En 1981 dio un paso adelante con el equipo ZOR. Aquel año logró una victoria de etapa y la clasificación de la montaña de la Vuelta a Asturias.

Su gran salto llegó en 1982, cuando pasó al Reynolds y se convirtió en uno de los principales protagonistas de la Vuelta a España. Arroyo terminó como vencedor de la carrera, aunque posteriormente fue sancionado con diez minutos después de dar positivo en un control antidopaje realizado durante la decimoséptima etapa.

La penalización le hizo caer hasta la decimotercera posición de la general y el triunfo pasó a Marino Lejarreta. Arroyo mantuvo siempre que no se había dopado y aquel episodio terminó marcando uno de los capítulos más polémicos de su carrera.

El Tour de 1983 que cambió su historia

Un año después llegaría la actuación que situó definitivamente su nombre entre los grandes del ciclismo español.

Arroyo debutó en el Tour de Francia de 1983 con el Reynolds, en un equipo en el que también comenzaban a destacar Pedro Delgado y Rubén Gorospe. El corredor de El Barraco terminó segundo de la clasificación general, únicamente por detrás del francés Laurent Fignon.

Además de alcanzar el podio final, Arroyo logró una de las victorias más importantes de su carrera en la cronoescalada al Puy de Dôme, una de las ascensiones míticas de la ronda francesa.

Aquel resultado tuvo una relevancia que iba más allá del propio palmarés de Arroyo. España volvía a contar con un corredor capaz de disputar los primeros puestos del Tour después de años de escaso protagonismo en la carrera.

La senda abierta por el barraqueño sería recorrida poco después por Pedro Delgado, que conquistó el Tour en 1988, y posteriormente por Miguel Induráin, ganador de cinco ediciones consecutivas entre 1991 y 1995.

Un segundo Tour entre los mejores

Arroyo regresó a Francia en 1984 y volvió a demostrar que su actuación del año anterior no había sido casualidad. Terminó sexto de la clasificación general y completó así dos participaciones consecutivas entre los grandes protagonistas de la carrera.

Sin embargo, a partir de 1985 comenzaron los problemas físicos que terminarían condicionando el tramo final de su trayectoria deportiva.

El propio Arroyo explicó posteriormente que el origen estaba en una brucelosis, conocida como fiebre de Malta, cuya detección se demoró porque inicialmente parecía tratarse de una enfermedad pasajera.

A esos problemas se sumó posteriormente una situación familiar que supuso un fuerte golpe moral para el corredor. Aunque trató de recuperar su nivel competitivo, nunca volvió a alcanzar la forma de sus mejores años.

Finalmente, en 1989, con solo 32 años, decidió abandonar el ciclismo profesional.

El legado de un ciclista de El Barraco

La historia de Arroyo no puede separarse de la de El Barraco, localidad que acabaría convirtiéndose en una de las grandes cunas del ciclismo español.

Después de él llegarían corredores como Carlos Sastre, vencedor del Tour de Francia en 2008, José María Jiménez 'El Chava' o Francisco Mancebo, prolongando una tradición ciclista que convirtió al municipio abulense en uno de los principales focos de este deporte.

Arroyo fue, en muchos sentidos, el primer gran referente de esa generación. Su segundo puesto en el Tour y su victoria en el Puy de Dôme demostraron que un corredor salido de una localidad de la provincia de Ávila podía competir por los puestos de honor de la carrera más importante del mundo.

Tras abandonar el ciclismo profesional, Arroyo emprendió una nueva etapa alejada del pelotón y puso en marcha una empresa de túneles de lavado de coches, actividad a la que permaneció vinculado durante años.

Su carrera deportiva, sin embargo, quedó ligada para siempre a aquel Tour de 1983. Antes de los cinco triunfos de Induráin y del maillot amarillo de Delgado, estuvo Ángel Arroyo, el corredor de El Barraco que volvió a colocar a España entre los protagonistas de la carrera francesa.

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