Trump y la larga sombra de los magnicidios en EE.UU.: una historia de violencia política que no cesa

El presidente estadounidense ha sobrevivido a varios intentos de atentado mientras la historia del país acumula asesinatos e intentos contra sus líderes

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Trump y la larga sombra de los magnicidios en EE.UU.: una historia de violencia política que no cesa
El atentado más grave contra Trump ocurrió el 13 de julio de 2024 en Butler
El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
Lectura estimada: 2 min.

La violencia política vuelve a situar bajo el foco a Donald Trump, que en los últimos dos años ha sido objeto de tres intentos de atentado, según recogen distintos episodios recientes y datos históricos de seguridad en Estados Unidos.

El último incidente tuvo lugar durante la cena de corresponsales de la Casa Blanca, en Washington D.C., cuando un hombre armado disparó en el exterior del recinto donde se encontraba el presidente. El sospechoso, identificado como Cole Allen, fue detenido por el Servicio Secreto de Estados Unidos antes de que pudiera acceder al interior. Trump salió ileso.

Tres atentados en poco más de un año

Este episodio se suma a otros dos intentos previos que han elevado la preocupación por la seguridad presidencial en Estados Unidos. El más grave ocurrió el 13 de julio de 2024 en Butler (Pensilvania), durante un mitin electoral, cuando Trump fue alcanzado por una bala en la oreja derecha. En ese ataque murió un asistente y el autor de los disparos fue abatido.

Dos meses después, el 15 de septiembre de 2024, el Servicio Secreto frustró otro intento en un campo de golf en West Palm Beach (Florida), donde un hombre armado fue detectado oculto entre la vegetación antes de abrir fuego. El sospechoso huyó, pero fue detenido posteriormente.

El tercer episodio tuvo lugar el 12 de octubre de 2024 en California, cuando un individuo fue arrestado en el control de seguridad de un mitin político en Coachella con un arma de fuego. Fue puesto en libertad sin cargos inmediatos tras negar cualquier intención de asesinato.

Violencia presidencial

Estos hechos recientes se insertan en una larga tradición de violencia política en Estados Unidos. A lo largo de la historia del país, cuatro presidentes en ejercicio han sido asesinados: Abraham Lincoln (1865), James A. Garfield (1881), William McKinley (1901) y John F. Kennedy (1963).

Lincoln fue abatido en un teatro de Washington; Garfield murió tras un disparo en una estación de tren; McKinley falleció días después de ser tiroteado en un acto público; y Kennedy fue asesinado en Dallas mientras viajaba en coche descubierto.

La violencia no se limita a los asesinatos consumados. Según datos históricos, uno de cada cuatro presidentes estadounidenses ha sufrido algún intento de magnicidio desde el siglo XIX.

Entre los casos más conocidos figura el de Theodore Roosevelt, que sobrevivió en 1912 a un disparo gracias a los documentos que llevaba en el bolsillo, o el de Ronald Reagan, herido de gravedad en 1981 en Washington.

También figuran intentos contra Harry Truman, Gerald Ford o Bill Clinton, reflejo de una constante histórica en la política estadounidense.

Expertos en seguridad y análisis político apuntan a varios factores que explican esta persistencia: la alta disponibilidad de armas, la polarización política y la enorme exposición pública de los líderes.

El asesinato de McKinley a comienzos del siglo XX fue precisamente el detonante que llevó a la creación del sistema moderno de protección presidencial, germen del actual Servicio Secreto.

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