Tres cofrades protagonizan la Procesión de los Negros, solo acompañados de una tenue iluminación, el sonido metálico de una esquila, las notas de un cuerno convertido en fagot y el retumbar de un tambor
Bonilla de la Sierra: recogimiento y fe en la procesión más pequeña
Tres cofrades protagonizan la Procesión de los Negros, solo acompañados de una tenue iluminación, el sonido metálico de una esquila, las notas de un cuerno convertido en fagot y el retumbar de un tambor
"Es una Semana Santa diferente. No solo por el componente religioso, sino por la salvaguarda de una festividad y una cuestión cultural bastante interesante y que dota al pueblo de una singularidad única". Carlos Jiménez-Torres Gómez solo cuenta con 24 años. Es uno de los tres penitentes que en la noche del Jueves Santo saldrá por las calles de la localidad abulense de Bonilla de la Sierra, uno de los pueblos reconocidos como de los más bonitos de España, y que será protagonista de una procesión de recogimiento y fe, en penumbra, casi en tinieblas, y que parte de la majestuosa iglesia colegiata de San Martín de Tours (S. XV).
Conocida como la más pequeña del país, pues solo tres cofrades forman la llamada Procesión de los Negros, por su inconfundible hábito, en la medianoche del Jueves al Viernes Santo, tres cofrades parten de la sacristía del templo, casi a oscuras, y en un silencio casi atronador, solo acompañados de una tenue iluminación, el sonido metálico de una esquila, las notas de un cuerno convertido en fagot y el retumbar de un tambor. Todo ello para formar parte de un majestuoso recorrido que es presenciado siempre por un buen número de vecinos y turistas, testigos implacables del tiempo, en un evento que, a pesar de celebrarse en una población tan pequeña, trasciende fronteras. No en vano, ya está en marcha una iniciativa para su declaración de interés turístico regional.
La emoción inunda el interior de Carlos, pues hace seis años que tomó el relevo de un "gran amigo de la familia", que era uno de los tres ‘negros’, y falleció. "Ese fue el motivo. Fue una responsabilidad muy grande porque no dejas de tener mil ojos en ti, sobre todo en ese momento, que tenía 17 años. Eres joven y lo quieres hacer bien. Al final, cuando salió todo bien, fue un orgullo y homenaje a esta persona y poder seguir manteniendo una tradición tan antigua y participar de las festividades religiosas del pueblo", defiende Jiménez-Torres.
"Pregunté si podía ocupar su puesto, en consenso con los otros dos, y me aceptaron. Fue por iniciativa personal", recuerda Jiménez-Torres, quien admite que la decisión no atiende a unos estatutos marcados ni bases consuetudinarios, por lo que apela a la necesidad de "dotar a la procesión de un documento que rija correctamente todo lo relativo a la procesión", desde la salida del templo, al recorrido o al momento de sustituir a alguno de los penitentes, pues los otros dos lo llevan haciendo desde los años 80, década en que se recuperó esta tradición originaria del siglo XV, pero que se dejó de hacer a mediados de los años 50 por falta de consenso entre quiénes la protagonizaban.
Así, cada uno de los tres toca un instrumento. A partir de las 12 de la noche del Jueves Santo, desde la sacristía, parte la procesión. Desde la calle se escucha tibiamente un sonido metálico de una pequeña campana, la esquila, el cuál se acerca a la puerta y aumento su percusión. Cuando ya ha salido a la calle lo hace el segundo, bajo las notas del fagot, y después, el tercero, con el tambor. Todos vestido con túnica negra y la cara tapada por un verdugo, en una imagen de "fe y recogimiento, muy lentamente", y siempre a una distancia de unos 30 metros, o entre 50 y 60 pasos, pues entre ellos no se pueden visualizar.
Esto es todo en la procesión. Tres cofrades, ampliamente separados, sin estandartes, pendones o figuras barrocas, pero con la solemnidad y ese "cariz netamente castellano" que invita al recogimiento y el silencio, con la que se anuncia la muerte de Cristo, tal y como explica a Ical Carlos Jiménez-Torres Gómez. "Antes la procesión duraba toda la noche y ahora es más reducida. Como es extremadamente lenta y hay distancia, la procesión dura hasta las 3 de la madrugada, en un recorrido que se denomina la Estación Larga, hasta llegar de nuevo a la colegiata", resume.
Orígenes
Carlos Jiménez-Torres abunda en la "poca" documentación histórica de la Procesión de los Negros que, sin embargo, sitúa su origen en las cofradías de ánimas propias de Castilla a partir del siglo XV y XVI, y siempre adscrita a la Cofradía de la Vera Cruz que existía en Bonilla de la Sierra y que desapareció a mediados del siglo XX.
No obstante, a colación de esto se conoce, prosigue, que esta cofradía sí contaba a principios del siglo pasado con penitentes que salían en Semana Santa, "aunque no se sabe muy bien si eran los ‘Negros’". Al principio eran cuatro, aunque actualmente son tres, ya que a los tres que portan otros tantos instrumentos, se sumaba uno más que "siempre rezaba el credo y que marca los pasos", pero este "se perdió y cuando se recuperó en los años 80 ya solo se hizo con tres".
Además de Carlos, que empezó hace ocho años, los otros dos componentes lo llevan haciendo de forma ininterrumpida desde aquella década, al igual que el hombre al que él mismo sustituyó. "La forma de cambiar es por fuerza mayor, una enfermedad, o la muerte. Es un cargo penitente y vitalicio", comenta Carlos.
Los ‘Negros’ no solo procesionan en Jueves Santo, sino que lo hacen de nuevo al día siguiente, en otras dos ocasiones, pero ya con la cara visible, en dos actos que recuerdan al Vía Crucis y a la muerte de Cristo. Ese día, de nuevo, será historia en esta pequeña localidad, donde la Semana Santa se vive de otra manera. "Durante estos días la mayor parte de la gente aprovecha para hacer planes con amigos, pero yo siempre digo que estos dos días me los reservo para mi y mi pueblo porque son señalados", reflexiona.







