Del conservatorio al Movistar Arena: Eduardo y Bea con Yandel

Los dos, profesores de conservatorio, cuentan su experiencia de tocar reggaetón con Yandel frente a miles de espectadores

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Del conservatorio al Movistar Arena: Eduardo y Bea con Yandel
El autor esAndrea Pozo Ajates
Andrea Pozo Ajates
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Eduardo Cuervo Jiménez y Beatriz de la Paz Moetas no han dejado la música clásica, pero estos meses la están llevando a un lugar poco habitual: el escenario de Yandel Sinfónico en el Movistar Arena. Ambos son profesores de conservatorio, él en Ávila y ella en Segovia, y combinan su trabajo docente con conciertos que se salen de lo esperado.

Junto a ellos, en este proyecto también participan otros músicos valencianos pero residentes en Ávila, como María Tellechea, profesora de violín, y Josep Arnau, clarinetista, ampliando aún más el vínculo local de una gira que mezcla mundos que parecían lejanos.

Su historia empieza pronto. Eduardo recuerda que comenzaron "a los ocho años en el conservatorio" y que, tras la carrera y la oposición, hoy son "funcionarios del Estado". Aun así, en su tiempo libre siguen tocando en proyectos que les motivan, como estos conciertos sinfónicos ligados al reggaetón.

En su caso, la flauta travesera y el clarinete no llegaron por una gran vocación inicial, sino casi por casualidad. Bea lo cuenta sin rodeos: "el director dijo, tienes labios de clarinetista y ahí me he quedado". Los dos, además, comparten origen: Ávila.

La oportunidad de tocar con Yandel surge gracias a la Camerata Antonio Soler, con la que colaboran desde hace años. A partir de ahí, el proyecto crece hasta convertirse en una gira con orquesta sinfónica. Eduardo admite que la idea sorprendió incluso a los músicos, "¿cómo puede ser que una flauta, un clarinete… quede bien en un concierto de reggaetón?". La respuesta es clara, "ha sido espectacular".

Sobre el escenario, más de 30 músicos en directo aportan "un plus más de show, de energía". Para ellos, tocar ante 20.000 personas en el Movistar Arena es algo completamente distinto a lo habitual. Bea lo resume como "una experiencia inolvidable".

La preparación también cambia. Aquí todo va "más al directo", con partituras que llegan casi sobre la marcha y un sonido "muy amplificado, muy microfonado". No es tan delicado como un concierto sinfónico tradicional y, como dice Bea, es "música relativamente sencilla para nosotros".

De cara al futuro, no hay grandes planes cerrados. Su prioridad sigue siendo la docencia y sus alumnos, aunque están abiertos a que surjan proyectos si pueden compaginarlos. De hecho, ambos forman parte de la Junta de Dirección de Juventudes Musicales de Ávila.

Cuando vuelvan a clase, la experiencia servirá de ejemplo. Eduardo lo tiene claro, no solo existe la salida de la orquesta clásica, también se puede "hacer reggaetón en directo con una orquesta y delante de 20.000 personas". Un mensaje potente para jóvenes músicos que sueñan con vivir de la música.

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