29/06/2026
No queda tiempo: o salvamos el territorio o lo perdemos para siempre
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Durante años nos han dicho que la despoblación era uno de los grandes desafíos de Castilla y León. Lo repetían desde las tribunas institucionales, en los plenos autonómicos y en cada campaña electoral. Pero ya no es un desafío: es una realidad instalada, cruda, demoledora. Y, lo que es peor, ampliamente asumida por quienes deberían combatirla.
Los últimos datos del INE confirman lo que ya sabemos: más de 1.500 municipios de la Comunidad siguen perdiendo población año tras año. La mayoría ni siquiera tienen garantizado el relevo generacional. Algunos apenas cuentan con un bar o una tienda, otros han perdido ya el consultorio médico o el colegio. Lo más dramático no es la pérdida demográfica en sí, sino la pérdida de horizonte.
Porque lo que se necesita para quedarse en un pueblo no es poesía, sino vivienda, servicios y oportunidades. Y en eso Castilla y León todavía va por detrás. No hay vivienda disponible o rehabilitada en la mayoría de los pequeños municipios. No hay médicos suficientes para cubrir las zonas rurales en verano, ni pediatras en muchos puntos durante todo el año. Y cuando una familia con hijos se plantea mudarse al medio rural, descubre que tiene que recorrer 30 kilómetros para llevarlos al instituto más cercano.
Esa es la realidad que sigue sin resolverse. La conectividad mejora, sí, pero no compensa la falta de servicios públicos esenciales. La Junta habla de "estrategias frente a la despoblación", pero es necesaria una política decidida para atraer jóvenes y una línea clara de coordinación entre administraciones.
La despoblación no es un fenómeno natural. Es el resultado directo de decisiones políticas y de una estructura territorial que favorece la concentración en detrimento del equilibrio. Por eso es urgente actuar ya, y hacerlo con valentía. Hay que incentivar la vivienda rural, garantizar la sanidad básica, reforzar la educación pública en el entorno rural y ofrecer ayudas reales, no simbólicas, a quienes apuestan por quedarse.
Porque, de lo contrario, seguiremos llenando informes mientras se vacían los pueblos. Seguiremos con planes estratégicos mientras se apagan las luces. Y seguiremos lamentándonos… cuando ya no quede nadie a quien proteger.
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