Ya no gritan ‘Con Rivera no’
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Ya no gritan ‘Con Rivera no’

Albert Rivera y Pedro Sánchez.

En los aledaños de Ferraz ya no se canta eso de ‘Con Rivera no’. El PSOE se puede agarrar a la amarga victoria después de repetir un insuficiente triunfo electoral que sigue dejando un dudoso espectro electoral, a la vista ingobernable, y pendiente de nuevos contactos para consensuar pactos que parecen imposibles.

 

Una de las principales conclusiones en el análisis de los resultados es el fracaso de la estrategia socialista. A Pedro Sánchez no le importó regresar a las urnas porque manejaba datos favorables y pensaba que la exhumación de Franco le iba a aportar un importante rédito, suficiente para ganar escaños y presentarse con más fuerza a una investidura en la que seguiría necesitando apoyos pero siempre con el respaldo de haber mejorado sustancialmente sus resultados. Podemos, su teórico principal aliado en la izquierda, también ha sufrido el efecto del castigo votante que ha rechazado las posturas defendidas por Pablo Iglesias en su especie de duelo al sol para formar Gobierno con el PSOE.

 

Pero el verdadero volcán de estas elecciones lo ha sufrido Ciudadanos, hoy convertido en un partido reventado y al borde del precipicio más absoluto. Su debacle no puede atribuirse exclusivamente al tremendo aumento de VOX o a la esperada recuperación del PP. Ciudadanos ha fracasado con estrépito en su planteamiento nacional y territorial y ahí están los resultados en las comunidades autónomas donde han prestado apoyo al Partido Popular: importante retroceso en Andalucía y desaparición por completo en Castilla y León, donde el partido naranja ha perdido sus ocho diputados nacionales. 

 

Además de la prudente mejoría del Partido Popular, esperada después de una debacle sin precedentes en el estreno de Pablo Casado como candidato pero sin la consolidación que esperaban para forzar el “empate técnico”, la explosión de VOX confirma todas las previsiones demoscópicas. La aparición del partido de Santiago Abascal en los medios de comunicación tras su estreno como fuerza política con representación parlamentaria ha servido para que el líder dulcifique su imagen y suavice el mensaje en los debates televisados o en las plataformas que esta vez sí le han dado voz. En definitiva, que VOX no ha “metido miedo” y ha irrumpido en el parlamento con mayor fuerza aunque buena parte de sus votos canibalicen al electorado más tradicional del PP. Eso significa que hoy es el tercer partido más votado en España con una evidencia bien clara sobre el calado de sus ideales.

 

La nueva cita electoral ha plasmado el hastío de la ciudadanía. Y esta debería ser la principal lección para los partidos políticos, alejados completamente de la realidad más mundana salvo en épocas de campañas, donde se atisba una exacerbada cercanía que en muchas ocasiones raya lo grotesco. El descenso en la participación es el mensaje prioritario de esta nueva convocatoria tras fracasar el diálogo político después del no tan lejano 28 de abril. Hace meses era eso de ‘Con Rivera no'; ahora es difícil saber con quién será posible.