V Centenario: la indignación de Becedas

Si existe un pueblecito íntimamente ligado a la vida de la Santa y en el que su paisaje, sus calles y su gente respiran el aliento teresiano como ningún otro, es Becedas, el lugar al que fue Teresa en la primavera de 1539 en busca de remedios para su quebrantada salud.

Y si existe un pueblo injustamente olvidado por la Comisión Ejecutiva de las celebraciones del V Centenario, también se llama Becedas. Un olvido que ha causado la indignación generalizada de sus habitantes tras ver que en el programa oficial de actividades ni siquiera se menciona el nombre del pueblo.

 

Y es que pocos episodios como el vivido en Becedas por la Santa (cap. V del Libro de la vida) tuvieron tanta repercusión en el devenir de la vida de la monja andariega. Su enfermedad y sus recias curas (aquí te martirizó / la célebre curandera / que logró curarte mucho / pero no ponerte buena) forman parte ineludible de sus momentos vitales más transcendentes. Pocas de sus experiencias han originado ríos de tinta tan caudalosos y pocos personajes como la curandera y el cura han inspirado a la crítica tantas disquisiciones, comentarios e interpretaciones.

 

No en vano, son pocos los eruditos que no estén convencidos de que, si la “aventura” teresiana de Becedas no se hubiese producido, el devenir de la fundadora del Carmelo hubiese sido muy distinto. Tanto es así, que Becedas es considerado por unanimidad como el punto de partida de la “epopeya” teresiana, “su primera salida al mundo”, “el pueblecito consagrado por Teresa que le sirvió de cimiento para el edificio de su doctrina” (Unamuno); “el primer jalón a gran escala de aquella robadora de almas” (Enrique Jorge Pardo); el lugar en el que obró su primer milagro, “su primera conquista”, (Santiago Montoto) con la reconducción del cura mujeriego y su posterior salvación; y también allí, en el mesón en el que se alojó, compartió techo con el niño Juan Sánchez, el hijo de los mesoneros, quien, impregnado por el aliento de su santidad, no tardaría en embarcarse al Nuevo Mundo para ejercer, como ella, de santo, para vivir una abnegada y ejemplar vida evangelizadora, bajo el nombre de fray Jordán  de Becedas.

 

Baste esta síntesis expositiva para deducir que no es comprensible que, siendo Becedas un enclave fundamental en la vida de la Santa y punto de partida de sus experiencias vitales, se haya convertido en la gran olvidada de tan importante conmemoración. Por ello, Becedas, indignada pero no resignada, lejos del boato y de los medios de comunicación, celebrará su propio centenario con un programa de actividades en el que se darán cita el teatro, la fotografía, las exposiciones, las conferencias y mesas redondas, el folclore, los ritos religiosos, un ambicioso certamen literario y un monográfico teresiano en el número 15 de la revista Verde Doncella que edita la Asociación Cultural.

 

Jesús Gómez. Asociación Cultural de Becedas