Una vuelta por el pasado y las tradiciones de Piedrahíta de la mano de Enrique Hidalgo

Jornada cultural en Piedrahíta impartida por el geógrafo Enrique Hidalgo.

El geógrafo relató los orígenes de la Villa y guió a los asistentes por aspectos menos conocidos de la historia y de los vestigios del pasado de la localidad abulense.

Uno de los momentos más esperados dentro de las jornadas culturales del verano piedrahítense se celebró ayer, mediante un paseo muy especial de la mano del geógrafo Enrique Hidalgo que desgranó el pasado del municipio a través de sus monumentos más representativos. Estructuró su exposición alrededor de dos puentes emblemáticos de la Villa, el puente de Rebojos, aledaño al palacio de los Duques de Alba y el puente de Barrionuevo, ya en la salida a la carretera de Barco de Ávila. En esa pequeña marcha entre puentes descubrió a los asistentes gran número de vestigios históricos y de curiosidades que configuran una parte importante de la historia y el pasado de Piedrahíta.

 

En este sentido, el geógrafo inició su exposición haciendo alusión a ese puente de Rebojos, en el que comenzó la ruta y cuya extraña orientación sorprende, ya que el cauce del arroyo de las Peñuelas que transcurre en las inmediaciones fue modificado para construir el muro de contención de los jardines del Palacio de los Duques de Alba. Una muralla de sillares en seco, que impresiona por su fortaleza y guarda una joya apenas conocida, y es que en el esquinazo de la gran pared se inspiró Goya para pintar uno de sus Caprichos, Tántalo. En esa obra se reconoce a la perfección el lugar que da cobijo a las figuras imaginadas por el gran pintor y que invitan a retrotraerse a ese momento histórico.

 

Y no es el único secreto que guarda el Palacio Ducal, porque también en su patio de armas, debidamente catalogados y estudiados, se sitúan los vestigios del antiguo Castillo de los Señores de Valdecorneja. Este enclave fue descubierto cuando se hicieron las obras de remodelación de la zona aunque no se musealizó ningún punto para ser visitado, por lo que es uno de los aspectos menos conocidos de Piedrahíta.

 

Por consiguiente, la ruta continuó siguiendo el camino que marca la antigua muralla de la Villa por su lienzo este y de la que se conservan algunas partes. Hidalgo hizo ver la gran mezcolanza de indicios que aún pueden verse en lo que fuera el recinto amurallado medieval y que ha dado paso a un mosaico de modificaciones entre las que aún se adivina ese elemento defensivo de planta irregular con cuatro puertas y foso y que fue modificada en el siglo XV creando una barrera a modo de segunda muralla, añadiendo barbacanas y antepuertas. Y al lado de la muralla otra vez el cauce del Peñuelas de gran belleza paisajística en su ribera desde donde se accede a “la poza de los estudiantes” donde se bañaban los jóvenes del pueblo.

 

También en este mismo tramo se contemplaron elementos etnográficos tradicionales más recientes, como el curioso y singular tejado a dos aguas de la huerta de Pedro y Espe, la antigua posada de Juana “la carbonera” o un tilo centenario que impresiona por su belleza y que situó a la comitiva cultural en el último punto de la visita: el puente de Barrionuevo.

 

En este sentido, Enrique Hidalgo explicó ya en este lugar de Barrionuevo la importancia de su puente como antigua vía de conexión entre diferentes pueblos de Valle del Corneja e hizo una semblanza de lo que sería ese asentamiento extramuros en el que probablemente habitarían trabajadores de la cestería, la cantería y la molienda, ya que conserva aún el molino de la que fuera la última panadería de Piedrahíta con horno de leña.

 

Una actividad que supuso para los asistentes un viaje ameno y aleccionador hacia diferentes momentos del pasado y  por su  gran acogida y número de asistentes tendrá, sin duda, continuidad para las próximas jornadas de 2020.

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