Una política hundida en el fango en plena pandemia
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Una política hundida en el fango en plena pandemia

El presidente de Murcia, en la rueda de prensa en la que han anunciado el fracaso de la moción de censura.

El mercadeo de las mociones de censura, con 'compra' de voluntades, retrata las miserias de una política sectarista y totalmente alejada de la sociedad en un momento crítico: quien no entienda que aquí se está para resolver los problemas de los ciudadanos debe marcharse.

Un año entero de estado de alarma. 100.000 muertos reales. 5 millones de desempleados entre paro y ERTEs. Una crisis sanitaria, económica y social sin precedentes. Y un lío político descomunal culpa de una clase política que está demostrando una irresponsabilidad inadmisible y una falta de respeto a los ciudadanos que raya el insulto. Un terremoto político que no va a solucionar ninguno de los problemas que ha generado la pandemia y que ya deja imágenes, declaraciones y actitudes bochornosas que amenazan con contaminar también Castilla y León.

 

Eso es lo que tenemos este lunes para 'celebrar' que llevamos ya más de un año con nuestra vida en suspenso, con la de muchos ciudadanos ya acabada para siempre por la dichosa enfermedad y la de muchos otros en vilo por el paro, la ruina o la desesperación de verlo todo bajo mínimos. Una confluencia, la de crisis por el Covid y crisis política, que va a llevar al límite (si es que ya no lo estamos) a sociedad y ciudadanos, hartos de comprobar que hay muchos políticos que ya ni disimulan lo poquísimo que les importa el mundo real.

 

La todavía presidenta de Ciudadanos tenía pensado visitar hoy al presidente de Castilla y León para aclarar la situación del pacto con el PP. Con la que tiene montada en su partido, ha tenido que cambiar el suspender con Mañueco para celebrar una ejecutiva urgente: veremos cómo sale de esta porque tiene muchas cosas que explicar. No hablamos de decidir derribar gobiernos con un gesto de pulgar, que ya gusta poco, sino de gestionar el bochorno que se ha vivido en Murcia, aunque el daño ya está hecho. Se supone que Inés Arrimadas tenía que venir a refrendar su pacto con el PP, a Fernández Mañueco y a Igea, pero nos conformamos si aquí logra lo que no ha conseguido en tierras murcianas. Con todo, ya es tarde: nadie puede evitar el temor a que, también aquí, acabe pasando algo vergonzoso. Así que sería de agradecer que todos y cada uno de los implicados se comportaran porque el espectáculo hasta ahora es dantesco.

 

En los últimos días, hemos asistido a la compra descarada de voluntades. Atónitos, los ciudadanos ven como maniobras poco o nada edificantes salen adelante y retratan una escena esperpéntica. Mercaderes de la política que se atizan mutuamente, que negocian hoy con un partido para (por la espalda) conspirar con su rival para desbaratar planes ya de dudosa legitimidad. Transfuguismo y contratransfuguismo. La imagen que nos han dejado los procuradores murcianos de Cs es escalofriante: hay que tener mucho cuajo para salir en rueda de prensa pública a reconocer que sí, que se pasan a otro partido a cambio de un puesto en el Gobierno. Y que lo hacen tras haber estado sentados para hacer lo mismo con la otra opción. Con todo descaro que ha vidido un contraepisodio de fábula con los tres 'desertores' que finalmente no apoyan la moción y desbaratan una operación que deja a Ciudadanos tocado y hundido. Normal que su presidente no venga a Castilla y León y se quede en Madrid para intentar arreglar el desaguisado.

 

Lo descrito es, a las claras, lo ocurrido en Murcia y lo más triste es que a estas alturas todo puede pasar, porque ¿hay alguna seguridad de que la clase política se va a comportar? Estos hechos bochornosos convierten en sospechosos de por sí a 'los 12 de Ciudadanos' en Castilla y León. Aunque sólo fuera por respeto, Arrimadas, PSOE, PP y Cs deberían comportarse, reunirse, hablar y dejar de dar lugar a especulaciones que no dejan bien a nadie. Y si el PSOE tiene que ganar la moción de censura que la gane, pero por favor que no sea como en Murcia.

 

Con todo, hay algo ya inevitable: el ridículo que están haciendo los talibanes de la política de partido. La paradoja de un 'todos contra todos' vergonzante está consiguiendo que el mismo PP que carga contra Cs en Murcia (y logra los votos que necesita con acuerdos inconfesables) necesita en Castilla y León que ese mismo Cs al que hunde por completo en el fango se comporte aquí con honestidad. Al arquitecto de la operación 'popular' de 'contra Arrimadas en Murcia y con Cs en Valladolid', enhorabuena: su táctica lo emponzoña todo. Seguro que cree que estos sucios juegos políticos son lo más, pero se equivoca: mancha a su partido y así es imposible dejar de pagar "facturas del pasado". Seguro que si la voluntad de los procuradores necesarios se tuerce en Cortes, alguien en Génova todavía pondrá el grito en en cielo.

 

Los pactos oscuros no son la salida a nada. Estos movimientos de dudosa moralidad señalan por igual a quien los propone y a quien los acepta. Corrompidos y corruptores. Las miserias de los partidos, grandes y pequeños, al descubierto y en Cinemascope una vez más para demostrarnos que no por casualidad la política está desprestigiada casi para siempre. Si hay algo que tiene que quedar claro es que esto no es tolerable. La sociedad no debe aceptar. Basta ya de espectáculos bochornosos. Quien no entienda que aquí se está única y exclusivamente para resolver los problemas de los ciudadanos debe marcharse.