Un ejemplo de prudencia
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Un ejemplo de prudencia

La desescalada ha aportado unas dosis de revitalización de nuestras vidas, devolviendo libertades que el coronavirus había arrebatado con la consecuencia del confinamiento como medida de precaución. Es evidente que las calles han recuperado vida, con el nuevo atuendo de las mascarillas como compañeras inesperables; así debería ser siguiendo las más elementales normas de precaución que han marcado todas las autoridades sanitarias, aunque en la práctica estamos viendo que realmente no se cumple al cien por cien.

 

Desde este lunes, parte del territorio de Castilla y León puede disfrutar del paso a la Fase 3. Eso significa estar en la misma situación que prácticamente toda España con la excepción de aquellos territorios que todavía permanecen en Fase 2 atendiendo a criterios meramente técnicos. También es cierto que otras comunidades, como Galicia han superado la frontera del estado de alarma y que ya se acoge a esa etiqueta de la ‘nueva normalidad’.

 

Castilla y León ha demostrado una ejemplar línea de prudencia sanitaria, con una actuación muy sosegada a lo largo de esta crisis. Es justo reconocer que fue de las primeras comunidades autónomas en solicitar el estado de alarma y en advertir la necesidad del aislamiento como principal medida de prevención de los contagios. Ahora ha vuelto a ofrecer otra lección más parcelando el pase a Fase 3 solo para aquellas zonas que, con datos en la mano, pueden asumir ese nuevo salto.

 

La delicada decisión de mantener a las cuatro provincias de la franja sur de la Comunidad en una fase más retrasada no se debe únicamente a la cercanía con Madrid, capital considerada como el epicentro de la pandemia, sino porque en Salamanca, Ávila, Segovia y Soria partieron de una mayor incidencia de la COVID y los criterios epidemiológicos están más justos, por encima de los ratios establecidos para las últimas dos semanas. En el caso de Segovia, aunque tiene mejores datos,  la decisión está reforzada en razones de localización y precaución ya que al principio fue una de las más afectadas.

 

Seguramente, la gestión de la crisis sanitaria ha podido tener diferentes matices mejorables. Sin embargo, es justo reconocer que tanto la consejería de Sanidad como el resto del Gobierno regional  en su conjunto han trabajado de manera coordinada con una línea de criterio bien definido, teniendo en cuenta que el desconocimiento de esta pandemia  ha provocado vaivenes que afectaron también a la toma de decisiones. El sistema sanitario de Castilla y León nunca colapsó, aunque sí es cierto que ha llevado al límite su capacidad y este coronavirus también ha mostrado las grietas que se deben cerrarse para aplicar las soluciones necesarias.

 

Lo más normal es que dentro de una semana toda la Comunidad esté ya incluida en la Fase 3 como punto previo a finalizar el estado de alarma y entrar en esa nueva dinámica de vida que nos limita todavía en algunas facetas de nuestras costumbres, pero que abre la puerta a una revitalización de la actividad y la economía con mucho trabajo por delante para volver a ese punto inicial en el que estábamos en marzo, cuando todavía el tsunami del coronavirus nos sonaba a chino.