San Esteban del Valle celebra sus Fiestas de San Pedro Bautista con respeto al Covid-19

Ermita donde nació San Pedro Bautista en San Esteban del Valle. (Foto: Julián González Menéndez).

Una celebración simbólica del Vítor, declarado de interés turístico regional, y las misas con aforo restringido, han sido los dos únicos actos de la localidad barranqueña.

JULIÁN GONZÁLEZ MENÉNDEZ

 

San Esteban del Valle ha celebrado sus fiestas en honor a San Pedro Bautista con gran nostalgia y resignación, siendo consciente de la gravedad de los momentos por los que estamos pasando por culpa de la pandemia que nos asola a la humanidad. Ha sido una semana, vivida en el recuerdo de tantas otras fiestas llenas de alegría por las calles de esta localidad barranqueña, y de gestos simbólicos -muy emotivos todos-, en homenaje al Santo que tanta devoción tienen los vecinos.

 

No hemos vivido ese momento vibrante que se produce el día 6 de julio cuando vemos salir de la Capilla donde nació San Pedro Bautista su imagen y la reliquia de la Santa Cabeza, con los estandartes y los mayordomos que presiden la procesión hasta la iglesia. Tampoco hubo esos ¡vivas! que te encogen el corazón ni el enorme gentío de personas que no quieren perderse las fiestas de su pueblo.

 

Todo ha sido diferente, extraño, desconocido, las calles bastante solitarias y el semblante de las gentes con la sonrisa pero resignadas a la situación que toda la humanidad está viviendo. ¡Qué triste era deambular por las calles del pueblo el día 6, después de las Vísperas!

 

En el exterior de la zona que rodea la iglesia del pueblo, apenas si superábamos las cien personas. Mayores y jóvenes, todos con mascarillas -algunos con los ojos vidriosos por la emoción del momento- seguíamos desde el exterior la celebración de las Vísperas y las palabras de aliento que lanzaba el párroco Luis Carlos Hernández. Todos en silencio.

 

Tan solo un grupo de chicos y chicas muy jóvenes estaban junto a unos de los muros de la iglesia ataviados con sus camisetas de la peña con la imagen del Santo marcada en una de sus mangas. Pudo ser, sin pensarlo, un homenaje de todas las peñas a Pedro Bautista. Y quiénes mejor que los más jóvenes que, a la postre, son los encargados de continuar nuestras tradiciones cuando los mayores no estemos.

 

En circunstancias normales, la iglesia habría estado completamente llena, los vecinos de la localidad cantando en honor a Pedro Bautista, y en el exterior, prácticamente todo el pueblo y los que vivimos fuera de San Esteban del Valle habríamos estado esperando que concluyese la ceremonia religiosa para ir a casa de los mayordomos a degustar las famosas castañas cocidas con sabor a anís y laurel, la limonada con pastas y el chocolate con churros.   

 

Han sido momentos para el recuerdo que, pienso todos los que estábamos, no olvidaremos nunca. Ojalá esta escena no se repita más y el próximo día 6 de julio de 2021 sea algo extraordinario por varias razones. Primero, porque hayamos podido desterrar este terrible virus que ahora mismo nos asola. Y segundo, porque volvamos a juntarnos todos para celebrar nuevamente, como a todos nos encanta, nuestras fiestas.

 

Sensaciones extrañas

 

Tras las Vísperas, hice un pequeño recorrido por el pueblo y cuántas sensaciones sentí en mi interior.  La capilla del Santo, cerrada; el pilón vacío de agua para evitar que algunas peñas cumplieran con la costumbre de hace años de darse más de un chapuzón con el lanzamiento del cohete que abre las fiestas.

 

El silencio a las 22 horas era sobrecogedor. Los dos chorros de agua podían escucharse con gran sonoridad en su golpeteo con las pilastras que sirven para beber. El ayuntamiento cerrado, adornada su balconada con la bandera de España y prendidos dos pañuelos rojos grandes con la imagen de San Pedro Bautista.

 

Justo, cuando me encontraba escuchando lo espectacular que son los dos chorros de agua en su caída, me cruzo con las dos mayordomas Purificación González y Lidia Gómez que, momentos antes, habían repartido las famosas castañas a los vecinos que habían acudido a recogerlas. La costumbre de todos los años, como reflejaba anteriormente, es lanzarlas desde el balcón de su casa a los vecinos y tomar después limonada, pastas y chocolate con churros.

 

El Covid-19 ha impedido que este acto tan simbólico para las dos mayordomas no pudiera cumplirse, como tampoco se pueda clavar el Vítor en su  casa los días 7 y 8 de julio. Muy emocionadas, me regalan dos bolsas de castañas y charlamos unos momentos de lo que sienten. “El próximo año lo celebraremos con más fuerza. Lo importante es que todo se normalice. Estamos tristes pero seguras que todo esto pasará y 2021 será más emotivo aún”, me dice Purificación, junto a su hija Lidia, con mascarilla de color negro.

 

La plaza, cerrada como todos los años para los dos días de toros y la suelta de vaquillas, estaba esta vez llena de coches. Qué diferente y qué sensación más deprimente me ofrecía. Sin la tierra de albero. Que tristeza más grande. ¡Dónde estaba ese bullicio!, me preguntaba. Esas peñas de jóvenes, esa charanga, los vecinos que llenan los dos tres tendidos esperando las palabras de la alcaldesa Almudena Drake que dan comienzo la semana de las fiestas.

 

Todo era muy extraño. ¡Cuánta soledad! Únicamente veía los balcones que rodean la plaza y el pilón, adornados todos con las balconeras que, reproduciendo los famosos pañuelos rojos que los vecinos del pueblo llevan para el Vítor, ha diseñado la Cofradía del Santo. De algunos balcones cuelgan preciosos geranios rojos. La calle del Cerrito solitaria, pero adornada con cientos de  palomas colgando, como si de un homenaje al poeta Rafael Alberti se tratara, nacido en el Puerto de Santa María, por su famosa poesía Se equivocó la paloma.

 

Grabado en nuestra memoria

 

“La fiesta grande de San Pedro Bautista de julio quedará grabada en nuestra memoria. Recordaremos 2020 como algo especial. La pandemia ha cambiado nuestra forma de vivir. Sé que San Pedro Bautista os ha estado protegiendo”. Son algunas de las frases que, en su homilía, dijo el diácono Francisco Javier Calvo a los vecinos que habían podido asistir de forma restringida a una de las dos misas que se han celebrado los días 7 y 8 de julio.

 

El Glorioso San Pedro Bautista ha sustituido este año la imagen tradicional que sale en procesión desde la Capilla donde nació el Santo junto a la reliquia de la Santa Cabeza. Debo decir que impresiona ver la imagen del Glorioso, abrazando con sus manos la cruz y las dos lanzas con las que fue alanceado, en Nagasaki (Japón), junto a otros 25 mártires el 5 de febrero de 1597.

 

Las palabras que el joven diácono lanzó a los escasos vecinos que han podido entrar a misa fueron dirigidas a ensalzar la labor de Pedro Bautista y la enorme pobreza con la que vivió. “Fue un hombre pobre para los pobres. Su hábito lo refleja todo. Salió de su pueblo para ir al Convento más pobre. Es todo un ejemplo de su vida y en la que debemos mirarnos”, comentó.

 

Por eso, resaltó que las fiestas de este año debían servirnos para vivir el estado de pobreza en la que vivió el santo. Además, debido a la pandemia -señaló-, podíamos vivirlas mucho más en familia y con los amigos, alegrándonos también de que podamos reunirnos porque, “desgraciadamente muchas personas se han quedado por el camino”, comentó. “Este momento ha cambiado nuestra forma de vivir e incluso la devoción que sentimos por Pedro Bautista”, añadió.

 

El Vítor más corto y más emotivo

 

El 7 de julio -día cumbre de los cinco días de fiesta- concluyó con una celebración simbólica del Vítor. Enrique Dégano declamó unas décimas a través de la megafonía del Ayuntamiento para que todos los vecinos las escucharan desde sus casas. La Cofradía invitó a todo el pueblo a que encendiera una vela en ese momento como un gran homenaje a los miles de personas que han sido víctimas de la pandemia.

 

Fue algo emocionante ver a gran parte del pueblo, reunido junto a la ermita, escuchar con enorme devoción algunas de las décimas que ensalzan la vida de Pedro Bautista. Las antorchas no ardieron, el pueblo no olía como es costumbre en esas noches mágicas del 7 y 8 de julio a resina quemada por las luminarias que se encienden, los caballistas no estaban subidos en sus corceles. Tampoco los niños portaban su vítor con la imagen de Pedro Bautista, ni la gaitilla acompañó el recorrido por las calles del pueblo.

 

Pero no faltó ese famoso estribillo que continuamente todos los vecinos repiten al unísono -mayores, jóvenes y pequeños-, durante el recorrido del Vítor por el pueblo: “¡Vítor a San Pedro Bautista / Protomártir del Japón, / Natural de San Esteban y / Gloria de la Nación!”.

 

REPORTAJE FOTOGRÁFICO: JULIÁN GONZÁLEZ MENÉNDEZ.

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