Restricciones con fecha tope: una esperanza y una necesidad
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Restricciones con fecha tope: una esperanza y una necesidad

FOTO LETICIA PÉREZ ICAL

Si nos comportamos en las fiestas de Palencia, Valladolid y Salamanca, si somos capaces de ser prudentes, los cierres que atenazan la economía y el empleo pueden ser historia a finales de septiembre.

Inicio del curso político y del curso escolar, fiestas patronales en tres capitales de provincia, regreso a la vida 'normal' tras las vacaciones y un último esfuerzo para librarnos de la pandemia. Todo esto es lo que se nos exige esta semana que va a ser la del regreso a la actividad en muchos casos y poblaciones y para muchas personas. Una semana crucial para el futuro de esa vida que tenemos condicionada desde hace 20 meses y que queremos recuperar de una vez. Porque ya toca: hay que empezar a hablar del final de las restricciones.

 

Vaya por delante que, como siempre, está en nuestra mano: la suma de los comportamientos individuales es la que determinará cómo nos encontramos a la vuelta de 15 días. Ese es el plazo que se ha dado la Junta de Castilla y León para empezar a levantar las limitaciones impuestas y que todavía condicionan algunas actividades y costumbres. Si las constantes vitales de la sanidad, el número de contagios y la situación en hospitales están bajo control, podremos empezar a pensar en un futuro inmediato en modo 'nueva normalidad'. Pero al menos ya tenemos delante la esperanza de que en el horizonte aparezca el final de las restricciones. Y era imprescindible.

 

Castilla y León se ha caracterizado por una gestión muy prudente de la pandemia. Aunque el Ejecutivo lo niegue, ha aplicado medidas tan duras como las que más y las ha prolongado todo lo que ha podido: durante muchos meses era no sólo necesario, sino su primera obligación. Pero ahora las cosas han cambiado. Para muchos, es un giro en la política y los criterios, pero la realidad es más sencilla: ahora sabemos cosas del virus que no sabíamos y eso tiene que notarse en las decisiones. No se puede reaccionar como hace un año y la Junta se ha dado cuenta: existe una evolución clara de la pandemia y hay que adaptarse.

 

La situación sigue siendo complicada. Mientras haya enfermos en los hospitales habrá fallecimientos, hace casi dos meses que se apunta al menos uno al día en los centros hospitalarios de Castilla y León. También ha vuelto la pandemia a las residencias en forma de brotes, aislamientos y muertes. Y sigue habiendo muchos casos porque la variante que ahora domina es muy, muy contagiosa. El que lo quiera negar, se va a dar de bruces con los datos. Pero las cifras no son ni mucho menos las de los peores momentos: los más de 3.000 enfermos en hospitales de enero hacen que los 600 ingresados del pico de la quinta ola en Castilla y León parezcan pocos, cuando no lo son.

 

Con esta situación y las vacunas de nuestra parte, es necesario poner en marcha una nueva desescalada y puede que tenga que ser la definitiva. El virus sigue siendo muy contagioso, tanto que puede que no haya una inmunidad de grupo cuando la variante más contagiosa es capaza de atacar a vacunados. El objetivo ya no es alcanzar ningún porcentaje de vacunación, en las que Castilla y León es líder, sino tener a todo el mundo con la protección de las vacunas y seguir siendo prudentes.

 

Mascarillas, distancia, cuidado con las aglomeraciones... Puede que se tengan que quedar con nosotros y habrá que ser rigurososo con su uso, pero tiene que ser ya con todo abierto. Si queremos conseguirlo, y que sea antes de que acabe septiembre, tendremos que comportarnos en las fiestas de Palencia, Valladolid y Salamanca: si somos capaces, los cierres que atenazan la economía y el empleo pueden ser historia a finales de septiembre. Está en nuestra mano.