Responsabilidad y responsabilidades ante la llegada de la 'variante fiesta'
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Responsabilidad y responsabilidades ante la llegada de la 'variante fiesta'

Realización de un cribado Covid en Castilla y León. Foto: Ical

El aumento de casos llega tras alcanzar las mínimas restricciones y con el aumento de la movilidad y el contacto social. El riesgo que supone, incluso en jóvenes, merece que seamos responsables.

Desde hace casi año y medio, la pandemia del coronavirus nos ha obligado a replantearnos muchas cosas sobre nuestra vida cotidiana y va a seguir haciéndolo. Cada vez que hemos pensado que ya habíamos logrado derrotar al virus, nos ha dado una nueva lección y nos ha pasado una elevada factura en forma de enfermedad, muerte, parón económico y frenazo social. Y este comienzo de verano amenaza con volver a hacerlo.

 

Los datos de los últimos días dan lugar a la inquietud. El aumento de los casos confirmados ha empezado a elevar la incidencia desde lo que parecía su mínimo a cifra que nos devuelven a la situación de hace uno o dos meses, cuando ni siquiera se había levantado el estado de alarma y teníamos toque de queda, cierre perimetral y restricciones a la actividad. La situación, por fortuna, tiene matices y es más favorable que entonces. Esta vez los afectados por los contagios son fundamentalmente jóvenes, todavía no vacunados, con un menor riesgo que aquellos ciudadanos de edades superiores. Por ahora, el efecto inmediato es una subida repentina de la incidencia en esas franjas de edad por debajo de los 30 años, pero todavía no se ha traducido en aumento de ingresos en hospitales.

 

Con todo, hay que prepararse para lo peor. El virus ya nos ha demostrado otras veces que aprovecha cada ocasión que le damos y, siempre, a un aumento de casos le ha seguido una avalancha de enfermos en hospitales. Hay que contar con un decalaje de unos días entre los positivos y los ingresos que pueden acabar produciéndose y que la Junta de Castilla y León da casi por seguros.

 

De nuevo toca volver a pedir responsabilidad, pero también responsabilidades. El momento de lo primero ya pasó, porque estos contagios llegan con al menos diez días de retardo con respecto a los comportamientos que los originan. El final del curso escolar y las vacaciones han elevado la movilidad y el contacto social, y eso el virus no lo perdona. Ha sido en ese momento, cuando hemos relajado el uso de la mascarilla o la distancia, cuando hemos bajado la guardia, el momento en el que se han producido los contagios. El triste episodio del macrobrote de los viajes de fin de curso es un ejemplo, aunque no el único y no podemos culpar a toda la juventud.

 

El cambio de tendencia, evidente en Castilla y León, ha llegado también justo tras prescindir de la mascarilla siempre y en todo lugar. Es verdad que el uso en la calle es mayoritario, pero el cambio normativo nos ha invitado a relajarnos. Las autoridades han hecho lo posible para recordarnos que el virus sigue circulando, pero poco hay que hacer frente al mensaje subliminal de que la guerra está ganada, y la aprobación, anticipada y anunciada sin consenso, del cambio de guardia en el uso de la mascarilla ha tenido ese efecto. Quizas habría que haberlo pensado un poco mejor: la mascarilla es molesta, pero en la práctica decir que podemos dejar de usarla en determinadas circunstancias puede acabar en un abandono generalizado.

 

En este sentido, ha hecho bien la Junta en frenar su desescalada hasta ver por dónde sale el virus. La incidencia ha crecido también al calor de la apertura del ocio nocturno, hábitat de mayor contacto y relajación personal, terreno abonado para los contagios. Los establecimientos han tenido siempre medidas y han pagado con prolongados cierres su condición de sitio más proclive a la propagación del virus, como son y siguen siendo aquellos donde no hay ventilación natural.

 

Ahora toca seguir muy de cerca la situación. La incidencia está subiendo casi cada día, aunque se circunscribe a las edades más tempranas todavía no vacunadas. Haría falta poder vigilar de forma intensiva la situación y no se entiende muy bien el relativo 'apagón' de datos de la Junta, que tras año y medio de ejemplar suministro de cifras este fin de semana no las iba a actualizar. Al final, el vicepresidente Igea, consejero de transparencia y responsable de los datos, lo ha enmendado el domingo vía redes sociales.

 

El seguimiento estadístico ha sido y es fundamental en la pandemia y Castilla y León ha hecho un gran esfuerzo. Los medios son los que son, y el equipo que lleva la gestión de la información estadística está formado por auténticos titanes que han trabajado mañana, tarde y noche sin descanso. Desde aquí, nuestro reconocimiento y una exigencia: más medios para la política estadística. En la coyuntura actual cualquier elemento a favor es impagable y el efecto disuasorio de publicar datos a diario, más cuando todo apuntaba a que iban a ser malos, había que usarlo. Es  hora de la responsabilidad y las responsabilidades, individuales y colectivas, de acertar con las decisiones y con su comunicación, como en toda la pandemia. Sólo que ahora queda tan poco que no podemos permitirnos estropearlo.