Que la política no complique el difícil equilibrio con el lobo
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Que la política no complique el difícil equilibrio con el lobo

Varios lobos ibéricos.

Castilla y León tiene el privilegio de contar con la mayor presencia en Europa de una especie emblemática para la diversidad como el lobo y el deber de conseguir que su conservación no sea incompatible con las oportunidades y el desarrollo en el mundo rural.

La conservación de un valioso recurso como es el lobo y su convivencia con las actividades implantadas en en entorno rural es una ecuación complicada allí donde el cánido y el hombre comparten espacio. Castilla y León sabe mucho de eso. La recuperación de la especie, muy cerca de la extinción en los peores años del siglo XX, ha hecho que aumente el número de ejemplares y su presencia en el territorio, pero también ha generado centenares de ataques y daños a una de las actividades fundamentales en el extenso mundo rural de la comunidad, la ganadería. El equilibrio es casi tan delicado como la salud de ambos actores, en peligro el cánido y no menos en riesgo la supervivencia de quienes viven en esa 'España vaciada' ahora en boca de todos. Una situación ante la que hay que actuar pronto y con solvencia.

 

No va a quedar más remedio si el Gobierno saca adelante la prohibición de cazar el lobo. Es paradógico que el ministerio que debe ocuparse de conservar una especie emblema de la diversidad sea el encargado también de asegurar la supervivencia de aquellas zonas más despobladas de humanos, pero en este reto está la oportunidad de dar con una fórmula óptima para atender necesidades quizás no tan diferentes. No debería olvidar lo segundo en favor de lo primero, como le han recordado ya las primeras voces críticas.

 

La clave debe ser la convivencia en toda su extensión, y por ahí hemos empezado mal. El anuncio de la decisión ha provocado una primera reacción airada por parte de la Junta, que en esto tiene el apoyo de las otras comunidades con más lobos. Todas han anunciado un frente común, y están en su derecho, pero también una batalla judicial de intención y utilidad más dudosas. Batalla que acerca el asunto a los cauces en los que lleva empantanado y sin resolver desde hace tiempo.

 

Ahora es una decisión del Gobierno, pero antes fue Europa la que cuestionó la política de Castilla y León con el lobo, en entredicho pese a los resultados. La duda es si el modelo mixto de gestión, con la especie protegida al Sur del Duero y como especie cinegética al Norte, se debe seguir aplicando. Con esta gestión, tutelada y coordinada con los intereses europeos y estatales, la especie ha pasado de vivir arrinconada a recuperarse, y eso sólo puede ser motivo de felicitación, aunque haya sido a base de muchos viajes a Bruselas para oponerse a las directrices europeas. Los podemos dar por buenos, porque el lobo es una joya de la biodiversidad y nuestra comunidad tiene el privilegio de albergar el mayor número de ejemplares de toda Europa. Pero ahora toca adaptarse a un nuevo paragidma y evolucionar.

 

La caza legal de lobos se ha usado como método de control poblacional, pero el ministerio cree que no puede seguir así. Quiere una especie 100% protegida, lo que no quiere decir que no se pueda hacer control poblacional. Esta ha sido una herramienta útil cuando la presencia del animal chocaba con otros habitantes legítimos del territorio y sus actividades. Sabemos por la propia naturaleza del animal y la experiencia de décadas que el lobo caza y que hay que tomar medidas. Su irrupción, especialmente en zonas geográficas donde las explotaciones han estado menos acostumbradas a convivir con la especie, ha causado muchos daños. Pero sabemos hay otras opciones, como los programas para dotar de mastines o cercados eléctricos a los ganaderos, el uso de otro tipo de ganado para ahuyentar al depredador. Y llegado el caso, las ayudas para compensar los daños.

 

La clave es encontrar fórmulas que reduzcan la importancia de las fricciones que genera esa convivencia y después de muchos años la administración conoce bastante bien las soluciones porque las ha explorado. Falta desarrollarlas y, como casi siempre, hay algo imprescindible para poder explotar al máximo esas soluciones: dinero. Fondos para medidas, para ayudas, para seguros y, llegado el caso, para indemnizaciones. Recursos que no sean 'tacaños' con actividades implantadas en el mundo rural, justo donde más hacen falta oportunidades y apoyo para mantener negocios, empleo y vida. Hay que proteger esto tanto como la especie. Todo un desafío para el ministerio que une en su denominación oficial ecología y reto demográfico, y que debe participar con (y no contra) las administraciones más afectadas.

 

Puede que asegurar la supervivencia del lobo y el desarrollo de las personas que viven el entorno rural hábitat de la especie no sea fácil, pero tampoco son intereses contrapuestos. Una de nuestras especies más emblemáticas necesita vivir en su hábita natural y Castilla y León necesita vida en su mundo rural. Más bien parece que se complementan: tanto el cánido que el mundo rural necesitan que se les proteja. Proponer como solución un pleito con tintes políticos no lo va a conseguir.