Portazos que terminan con una legislatura

La jefa del Gabinete de Alcaldía cruzaba la sala de prensa de un lado al otro, abriendo una puerta y cerrando otra; como si quisiera hacer una especie de viaje en el tiempo, pero con mala leche.

Cuando cursaba 4º de la ESO, un compañero fue expulsado de clase por algo que, sinceramente, no recuerdo, pero que todos los demás coincidimos que era del todo injusto. Nuestra protesta no se hizo esperar y, con sonoros golpes en la mesa, primero uno y luego otro hasta conseguir una armonía ensordecedora, expresamos nuestro más y absoluto rechazo. La solución del profesor no fue siquiera salomónica: nos echó a todos y llamó al director. 

 

La anécdota no deja de ser una más de las muchas que tendremos sobre nuestra época escolar. Cuando hacer una protesta así de insulsa parecía que iba a cambiar, aunque fuera un poco, el mundo en que vivíamos. Cosas de chiquillos. Algo impensable en personas adultas, que peinan canas a la hora de plantar cara ante la adversidad. Sin embargo, en el Ayuntamiento de Burgos aún hay quien practica este tipo de juegos para salirse con la suya. 

 

El pasado martes se vivió en la sala de prensa de la Casa Consistorial una escena que produjo entre risa y vergüenza ajena. El portavoz del PSOE, Daniel De la Rosa, acudió a una rueda de prensa a la que no había sido invitado por el alcalde porque lo que se presentaba era una iniciativa de su grupo municipal. El líder del principal partido de la oposición hizo saber su enfado, se puso en la foto, aunque con cara de pocos amigos, y aprovechó el final de la intervención de Javier Lacalle para dar explicaciones de cómo surgió el proyecto. 

 

Fue en ese instante en el que De la Rosa tomó asiento cuando se escuchó el primer portazo. A los pocos segundos, hubo un segundo y seguidamente un tercero. La jefa del Gabinete de Alcaldía cruzaba la sala de prensa de un lado al otro, abriendo una puerta y cerrando otra; como si quisiera hacer una especie de viaje en el tiempo, pero con mala leche. Tras dos paseos, un nuevo portazo retumbó para zanjar el asunto, aún no se sabe cuál. 

 

Así es como parece terminar una legislatura que ya agoniza: con un sonoro portazo. Un ejemplo del estilo que se lleva ahora. Me salgo con la mía aunque sea haciendo el ridículo, sin ni siquiera tener una razón sólida que avale mi conducta. Una suerte de venganza absurda que no lleva a ninguna parte y que parece que va a ser la nueva tónica de aquí a las Elecciones en el seno del Partido Popular. No te queda nada, Burgos. 

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