Por qué 200.000 millones no van a bastar para poner a salvo la economía
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Por qué 200.000 millones no van a bastar para poner a salvo la economía

La fuerte inyección económica que sobre el papel se iba a destinar a proteger empresas y empleo se  ha traducido en 'letra pequeña' que la hace ineficaz: de nada sirve anunciar 200.000 millones si no llegan.

Los 200.000 millones de estímulos que anunció el Gobierno al inicio de la crisis del coronavirus empiezan a parecer insuficientes. La cifra, una sexta parte del PIB nacional, y los titulares que acompañaban el paquete de estímulos auguraban una respuesta suficiente a una situación que apuntaba a dura, pero muy temporal, casi coyuntural. Sin embargo, y superado el mes de confinamiento social y económico, el mazazo es en realidad casi mortal y de repente las soluciones se han quedado muy cortas porque el bache va a ser una crisis con todas las letras.

 

El principal problema es el parón de la economía. No es una simple hibernación programada, al menos sus efectos no son esos, si es que alguna vez han estado calculados. Lo que estamos afrontando es una glaciación total que dará paso a una nueva era y la extinción de muchas de las estructuras económicas, empresariales y laborales que forman el ecosistema de nuestro país. Solo hay que ponerse en la piel de las pymes y autónomos, que forman el 90% del tejido empresarial, para darse cuenta de que se trata de una situación de no retorno. Piensen en el bar o restaurante de su barrio, aquel en el que detrás de la barra la misma persona es empresario y empleado. ¿Podrá aguantar mucho tiempo así? Difícil, y en la misma tesitura está buena parte de nuestra actividad y estructura empresarial, muy vinculada a pymes y autónomos que se van a llevar lo peor: ya sabemos lo que pasará con el consumo si aumenta el paro. Vamos a una gran recesión.

 

El golpe va a ser muy duro, y las perspectivas son cada vez peores. En poco tiempo la previsión de pérdida de PIB ha pasado del 2% a casi el 9%, y lo que queda. Cada día de congelación económica nos acerca un poco más a niveles de destrucción de los que será difícil volver. Es aquí donde los estímulos programados se han quedado cortos, y por varias razones.

 

200.000 millones pueden ser muchos o pocos, pero lo importante es que lleguen, y hay datos que evidencian que no está siendo así. Todas las líneas de actuación contienen 'peros' que han empezado a evidenciarse con el paso de los días. Lo más grave es lo que ocurre con los ERTEs. Presentados por el Gobierno como una tabla de salvación a la que podría acceder casi todo el mundo, los retrasos en la tramitación y las exigencias del decreto que los regula han llevado a un callejón sin salida a muchas empresas. Sí, se han aceptado muchos, pero también se han denegado en medio de un caos de criterios que cambian o son diferentes según la provincia, lo que deja al pairo a empresarios y trabajadores.

 

Con los avales para los créditos ha pasado algo parecido. Se prometió implicación de la banca, pero lo que al principio fueron facilidades ha terminado con una montaña de papeles que hace imposible su concesión, además, más limitada de lo que se anunció. ¿Las ayudas para pagar hipotecas? Solo un 15% de los que podrían necesitarla van a poder acceder. ¿Moratorias? Parece muy poco aplazar impuestos un mes y no haber concedido la exoneración de cuotas a los utónomos, que al menos tienen 'su' paro, por el que tanto han peleado: lástima que haya tenido que venir un virus mortal para que lo tengan... por un mes.

 

El paquete de estímulos anunciado al comienzo de la crisis no supera con buena nota la evaluación. Anunciar una fuerte inyección económica no basta si es imposible que llegue al tejido productivo y a aquellos que más lo necesitan para salvar negocios, empleos, vivienda... la vida, en resumen. Y la 'letra pequeña' lo complica en exceso en un momento de extrema fragilidad. En semejante tesitura, 200.000 millones pueden no bastar para salvar nuestra economía. Menos todavía si no llegan donde deben llegar.