Pipper, el can viajero que dejó sus huellas en El Barco de Ávila

Tras no haber podido acceder a los monumentos de Ávila capital, el municipio de El Barco de Ávila le abrió las puertas a Pipper y a su humano, Pablo Muñoz Gabilondo, quienes aportando su "granito de arena", contribuyen a que las cosas avancen y que el turismo con mascota, sea una realidad

Pipper en El Barco de Ávila. / Imagen: Pablo Muñoz Gabilondo
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Porque viajar con mascota en España "sigue siendo complicado". Pero no así en Ávila capital como en algunas zonas de la provincia donde por ejemplo, El Barco de Ávila es, en este caso, quien ejerce como modelo para el resto de municipios colindantes al situarse, sin pretenderlo, al nivel de destinos turísticos de primer orden en cuanto al turismo con mascotas se refiere.

 

"En Ávila capital realmente los lugares a los que acceder, se pueden contar con los dedos de una mano" señala Pablo Muñoz Gabilondo, pero apremia la iniciativa que no hace mucho desarrolló el Ayuntamiento de El Barco de Ávila. Considerada ya esta comarca del Valle del Tormes como uno de los territorios 'dog friendly' referentes y pioneros de la provincia, ha despejado las dudas sobre lo que significa la adaptación y la unión de dos conceptos que, aun para muchas ciudades, viene a ser incompatible: turismo y mascota.

 

"Que una institución dé un paso así en un municipio, es ejemplar", más aún cuando en la capital de la provincia, el acceso a las mascotas se encuentra restringido en los principales monumentos históricos, eso salvo a los perros que hacen de guía para quien padece de una minusvalía visual. No sin quedar en el recuerdo este incidente, Pipper debe sumar uno aún muy diferente a su anecdotario canino, porque a los pies del castillo barcense, la pequeña estrella tuvo el honor de dejar sus huellas y no en sentido figurado: "Nos hizo mucha ilusión, fue una sorpresa que nos tenían preparada y estamos deseando volver para poder inaugurarlas".

 

(Pipper plasma sus huellas frente al Castillo de Valdecorneja. Imagen: Ayto. El Barco de Ávila )

 

Pero a esta historieta no hay que olvidar los problemas que, para viajar con mascota, se presentan en España. Para Pablo Muñoz "requiere mucha planificación y mucha organización", porque si bien, en el caso de Europa casi el 40% de los hoteles admiten mascotas, "en España estamos en torno al 16%". Y al tiempo que se emplea en la búsqueda de un alojamiento en el que se permita la presencia de estos seres, cabe añadir ciertas limitaciones como por ejemplo que “algunos sólo quieran mascotas pequeñas” o que “si te vas a hacer una visita turística no puedes dejarlos en la habitación”.

 

Unas trabas que no obstante, también se suman al tema del transporte: “Yo soy afortunado porque Pipper puede viajar tanto en tren como en avión, pesa 7 kilos y puede estar en cabina y en avión”. Sin embargo, no todas las razas presentan la misma fortuna porque “en tren, por ejemplo, a partir de 10 kilos, tanto en Media como en Larga Distancia, no pueden viajar directamente, aunque en Cercanías sí”. Y si a esto se le añade acudir a un bar o a un restaurante: En un restaurante, por ejemplo, muchas veces te dicen ‘No, mejor en la terraza’, cuando resulta que en una terraza un perrito puede tener más distracciones que le puedan alterar que en un interior. En una terraza sabes que, el hecho de que haya ruidos así como más animales o alboroto, puede ponerle nervioso, pero en un interior, un perrito puede estar debajo de la mesa y no hay problema”. Pero en una zona turística, el problema se agrava: Porque mientras que hay destinos y locales en España en los que se han comenzado a admitir mascotas, hay muchos destinos, como puede ser Ávila, donde por ejemplo la cosa está difícil”.

 

“Creo que hay cierto desconocimiento con respecto a las mascotas. Pero es algo que a mí también me ha pasado: hace dos años llegó Pipper a mi vida y no entendía muy bien el papel del perro en una familia, y es que un perro es uno más de la familia”. No obstante, en esta línea, en la búsqueda de ir equiparándose a Europa, otras ciudades castellanas y leonesas como Salamanca o Zamora, o ya fuera de la Península como en Palma de Mallorca, se pueden encontrar algunos ejemplos de establecimientos y monumentos que presentan una amplia oferta de ‘turismo con mascota’.

 

Pero a la falta de entendimiento, viene a ser un nicho de mercado en el cuál deba apostarse. Y es que es una oportunidad económica, "porque las familias españolas gastan en torno a más de mil euros al año en cuidar de su mascota y esa cantidad, podría aumentar en la medida de que, si se dan más facilidades para que nos acompañen a un restaurante, a un bar, de viaje, etcétera, imagínate el gasto cómo puede aumentar”. Ya sea el cobro en la habitación del hotel de un plus por la limpieza o incluso, la firma del contrato de un seguro en caso de que tu mascota produjera un desperfecto, vienen a ser unos gastos que “al final, generan más economía”.

 

Si bien España busca ser referente en un terreno en el que por ejemplo, otros países como Alemania o Francia integran en mayor medida a las mascotas, "aún tenemos mucho que aprender de ellos porqueen la medida en que tratemos mejor a nuestra mascota seremos un país más avanzado y más moderno". Y llegados a un punto en el que en el mundo el término 'dueño' desaparece y se cambia por 'humano', Pablo Muñoz asegura que también "un perro te vuelve más humano en el sentido de que, hoy día, cada vez más nos comunicamos a través de pantallas". "De repente te das cuenta de que no has visto a nadie; vas al trabajo, sí, y te relacionas con gente, pero hay días que a tu familia o a tus amigos no les has visto y ves que te has comunicado a través de pantallas", es entonces cuando paseando a tu mascota "te encuentras con gente, socializas; no sólo te aportan compañía y te dan comunicación: ahora la gente te para porque te vuelves más sociable, el perro te genera comunicación con las personas y te pone más en contacto con la naturaleza".

 

Con un proyecto, ¡Pipper on tour', que hace dos años el propio can diera comienzo en compañía de su humano, el periodista donostiarra y casi madrileño, Pablo Muñoz Gabilondo, están aportando no menos que su "granito de arena" y como él dice "para ir rompiendo el hielo e ir concienciando a la sociedad; estamos provocando pequeños cambios, pero la suma de pequeños cambios hace que una sociedad avance y cuando digo pequeños cambios, es porque ya se están produciendo". "Cuando Pipper va a llegar o llega a determinados lugares, ya se están tomando decisiones y se están tomando medidas que son pequeños cambios. Porque al final es una satisfacción el poder contribuir a que las cosas avancen".