Peajes en autovías y carreteras: improvisación y falta de miras
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Peajes en autovías y carreteras: improvisación y falta de miras

Cabinas de pago de peaje en una autovía. Foto: EP

Autovías, y mucho más carreteras convencionales, son bienes esenciales que se deben pagar con el presupuesto: el modelo de repago discrimina, profundiza en los desequilibrios y es injusto con comunidades como Castilla y León que han estado años sin vías de comunicación adecuadas.

El anuncio de un peaje constante en las autovías y autopistas gratuitas del Estado y la posterior extensión del modelo a toda la red de carreteras ha generado cierta perplejidad y un rechazo casi unánime. La propuesta es un compendio de los errores más gruesos en los que se incurre en política, comunicación y gestión, de los que España ha cometido y lleva cometiendo desde hace años en la planificación de su gasto e inversiones y que retratan cierta falta de visión para vertebrar un país en el ámbito geográfico, social y económico. Sólo así se explica cómo ha llegado a la opinión pública un plan en el que Castilla y León sale especialmente mal parada y no por el pago de un euro por cada 100 kilómetros, que también, sino por lo que de falta de visión supone una medida asi.

 

Para centrar el asunto, decir que la medida forma parte del plan elevado a Europa para justificar los miles de millones de euros que España va a recibir del fondo comunitario para la recuperación. Nuestro país necesita este dinero como el comer no sólo para restañar los daños de la crisis del Covid, sino (y esta es una de las claves) para afrontar cambios que modernicen la estructura productiva, un camino en el que vamos retrasados a pesar de los años de planes para ponernos al nivel del conjunto europeo. Como ha ocurrido otras veces, la llegada de los fondos no es incondicionada. No llega al nivel de los años de la 'troika', pero Europa nos ha pedido pruebas de un futuro buen uso y de que se van a destinar a lo que toca.

 

Ahí es donde entra el plan para cobrar por circular allí donde ahora es gratis. Las autoridades europeas quieren que España equilibre sus cuentas y haga reformas que garanticen el buen destino de la lluvia de millones que libera porque su deseo es que la salida de la crisid del Covid no se convierta en gasto a fondo perdido, sino en la ocasión para dar un impulso a la economía española hacia la digitalización, la eficiencia energética y una movilidad limpia. Por ahora, España ha cursado un informe que deja mucho que desear, al menos, en la cuestión de los peajes. Todo parece cogido con alfileres y sin especificar, como si fuera una manera de quitarnos de encima las incómodas exigencias europeas a la espera de poder hacer lo que convenga a la situación conyuntural más adelante. Sólo así se puede entender que el informe llegue a la opinión pública por una información periodística que ha desvelado que faltan muchos detalles por concretar.

 

Hasta ahora, en cuanto a los peajes, se había hablado de un peaje 'blando' en las autovías gratuitas. Se trata de un pago simbólico con efectos recaudatorios para sufragar el mantenimiento de estas carreteras de titularidad y gestión estatal y algunas autopistas revertidas al Estado en los últimos años, un proceso que podría continuar con otras. Al margen de si nos gusta o no pagar por circular en autovía, es un debate que está ahí. Porque se trata de cambiar el modelo actual, en el que este mantenimiento se paga vía presupuestos del Estado con los impuestos de todos, por otro en el que introducimos un pago por uso.

 

En los últimos años la inversión en mantenimiento de carreteras y autovías se ha hundido. Fomento ha reducido un 76% el gasto en esta materia en los últimos diez años. Los sucesivos ajustes y el desvío hacia otros frentes de interés han dejado las carreteras y muchas autovías en un estado lamentable. Hacen falta, según los constructores, 7.500 millones de euros ya para dejarlas decentes. Eso lo saben muy bien los usuarios de Salamanca, Zamora o Valladolid. Las principales autovías son un reguero de baches que afloran periódicamente sin que las reparaciones de emergencia, que se hacen, sirvan para mucho. Hace falta mucho dinero para tenerlas en buen uso, sin duda, y de algún sitio tiene que salir, pero ¿es justo querer cobrar por algo tan imprescindible? Porque no sólo son autovías, también son las carreteras nacionales.

 

Para muchos de estos usuarios un pago por esas autovías sería una injusticia, y por muchos motivos. El primero, porque son infraestructuras básicas: ningún territorio debería pasar sin ellas y en Castilla y León nos han faltado hasta hace bien poco. La autovía Salamanca-Zamora sólo tiene doce años, igual que el tramo entre Salamanca y Ávila para ir a Madrid, ¿sería justo tener que pagar ahora por ellas cuando hemos tenido que competir circulando por carreteras de simple calzada? Y ya no hablamos de Soria, donde cobrar por moverse por su única vía de acceso, la nacional, debe sonar a broma pesada.

 

Autovías y carreteras en buen estado son bienes esenciales para la vertebración geográfica y no hay muchas dudas: su construcción y mantenimiento se debe afrontar con presupuesto del Estado, ese al que contribuimos con nuestros impuestos anuales. No hacerlo, u obligar a un repago dejaría en condiciones de inferioridad a territorios que necesitan ayudas y no trabas de las que han sufrido muchas. El modelo de repago discrimina, profundiza en los desequilibrios y es injusto con comunidades como Castilla y León que han estado años sin vías de comunicación adecuadas.

 

Al final, ya no es una cuestión de pagar un euro por cada cien kilómetros, que es el coste de un céntimo/km del que se ha hablado en otro globo sonda que demuestra cierta improvisación. Seguro que el Estado necesita dinero para afrontar su mantenimiento, pero las condiciones de los fondos Covid nos han puesto ante el espejo. En una encuesta de TRIBUNA, un 95% de los más de 5.000 lectores que han respondido han dado una lección: pagar en autovías o tener malas carreteras es un problema de seguridad vial, hacen falta alternativas de transporte público y eficiente como el tren. Es justo lo que quiere Europa y no hemos hecho en muchos años, más bien, al contrario: un tren Salamanca-Zamora tendría bendiciones y fondos que Europa no quiere que gastemos en el ineficiente y poco verde transporte por carretera.