Navidades en pandemia: manual de instrucciones
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Navidades en pandemia: manual de instrucciones

Estampa navideña frente al acueducto de Segovia. Foto: Ical

Ahora sí, nos encaminamos a las primeras fiestas navideñas de la pandemia. De la eficacia de la vacuna dependerá que sean también las últimas que no se parezcan a lo que siempre hemos vivido: no nos engañemos, todos sabemos que esta Navidad no será igual. Al menos, vamos a contar con un manual de instrucciones más o menos claro y solo falta que pongamos de nuestra parte para entenderlo.

 

Tras varias semanas de debate, España tiene un marco común para pasar las fiestas navideñas y todo lo que implican en cuanto a movilidad, celebraciones, consumo en comercios y en hostelería, cuatro de los campos en los que la Covid nos ha puesto en jaque. Ha costado varias semanas de deliberación llegar a un acuerdo de mínimos con las reglas más básicas: diez personas como máximo, de dos grupos diferentes a poder ser, viajes limitados a las reuniones familiares o de amistades, toque de queda en Nochebuena y Navidad y nada de aglomeraciones. A estas cuatro normas se suman varias recomendaciones más y la posibilidad de que las comunidades le pongan la música a esta letra y las adapten a su realidad, gustos o necesidades.

 

La norma es bastante clara, pero no han faltado 'peros' a los horarios, las excepciones a los viajes o el nivel de afinidad admisible para las reuniones. Dudas de interpretación sobre lo que es una norma de carácter insólito, sobre una situación excepcional y puede que irrepetible. Dudas que demuestran que todavía falta interiorizar la gravedad del asunto, algo que no se arregla ni con la más clara de las redacciones normativas.

 

Cuando se ha pedido, por activa y por pasiva, que se adoptaran unas normas comunes y consensuadas se ha hecho para tratar de evitar un caos en Navidad que confunda todavía más a una ciudadanía ya muy cansada y superada por la situación. Unas fiestas con infinidad de normativas o variantes no iban a ayudar en nada porque ya sabemos que el virus no entiende de fronteras físicas ni administrativas, que se transmite con facilidad y que aprovecha todas las oportunidades que le damos. Por eso hace falta un manual de instrucciones para esta Navidad, pero no está formado por decretos autonómicos, sino por lecciones de sensatez.

 

En vez de discutir si el término "allegados" es o no suficientemente preciso, hay que entender que no es el mejor año para la cena con amigos de diferentes latitudes; que si de todas todas lo queremos hacer será mejor tomar precauciones antes y durante; que no estaría de más guardar cierta cuarentena voluntaria si vamos a ir a cenar con nuestros padres o nuestros abuelos. Que es de cajón que no nos juntemos en una misma mesa demasiadas personas de demasiados núcleos familiares: solo podemos conseguir multiplicar otra vez la transmisión. Que limitar los viajes no significa que no se pueda producir el encuentro con nuestros seres queridos, sino que este año no toca irse de turismo o de casa rural con amigos. Que el toque de queda no es para bordearlo sino para regresar a nuestra casa. La lógica puede ayudarnos a no lamentar una tercera ola que se da por segura: a ver si conseguimos que los agoreros se equivoquen.