Máster en cabreo y graduado en pena

Artículo de opinión de Alberto López Casillas, coordinador de la Asamblea Local de Izquierda Unida de Ávila y concejal en el Ayuntamiento de Ávila.

Estos últimos días estoy viviendo las noticias y desmentidos sobre el famoso Máster de la Presidenta madrileña con una sensación de cabreo y pena que no puedo dejar de explicar.

 

La publicación de la primera noticia y el devenir de los acontecimientos me ha cogido preparando la defensa de mi propio TFM, sin tiempo para muchas cosas más que para pulir la presentación y practicarla en casa. Los dos años y pico que llevo antes han sido de esfuerzo, dedicación y gasto. Esta situación no es exclusiva, evidentemente, ya que los miles de estudiantes que han estado, están o estarán en estos menesteres del estudio a distintos niveles saben de qué hablo. Esfuerzo económico de los padres o propio, esfuerzo en tiempo por la dedicación que supone, esfuerzo por tratar de compaginarlo con otras cosas. Esfuerzo, esfuerzo y esfuerzo. Así que cuando lo que aparecen son noticas como las que llevamos semanas leyendo y escuchando, la sensación no puede ser más que de cabreo.

 

La sensación de pena viene por las luchas perdidas y por un sistema que evidentemente no funciona. Recuerdo las manifestaciones de hace años protestando por el sistema universitario que se nos venía encima. Bolonia sólo parecía una ciudad italiana, y hoy sufrimos las consecuencias de la imposición de ese plan, de esa forma de actuar de la que algunos advertimos y contra la que nos manifestamos. Las consecuencias de la lucha perdida son varias, pero entre ellas una que ya se explicaba entonces: la educación se mercantiliza, y en eso sólo ganan los que tienen recursos. Esa transformación de la Universidad hace que tras los estudios sea necesario un Máster. Y a qué precio. Másters que ocupan espacio en carpetas de ordenador (en algunas, parece que no), que ocupan líneas en curriculums y que vacían de dinero las cuentas corrientes de miles de familias y estudiantes.

 

El cabreo y la pena se unen en la figura central de este escándalo, que no está dudando en arrastrar lo que se le ponga por delante para defender lo que parece no tiene defensa, como su TFM.

 

Sólo espero que el árbol no nos impida ver el bosque. El bosque es el de un sistema universitario que en algunos casos no cubre lo que tiene que cubrir, de la falta de un consenso en educación que ataje esto, de partidos que lo permiten y promueven y de tantas otras cosas. Utilicemos el cabreo y la pena para atajar el problema. Hagámoslo ya.