Los cambios en Educación: el protagonismo en las aulas, para los docentes
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Los cambios en Educación: el protagonismo en las aulas, para los docentes

Alumnos y profesor en un aula. Foto: EP

Los poderes públicos deben hacer lo necesario para poner a los docentes en el centro del debate educativo: urge acabar con desequilibrios y tensiones y evitar su politización.

Desde hace años, el sistema educativo español transita por un pedregoso camino, preso de las disfunciones del modelo y de los recortes que han impedido tomar un rumbo cierto en una materia en la que, y en esto no hay discusión, España y Castilla y León se juegan su futuro. La convivencia entre la educación pública y la concertada, las luchas ideológicas y la rebaja del gasto han tensionado un sistema que vive desde hace años con ciertas estrecheces. Pero sin duda el mayor factor de desencuentros en la educación pública ha sido la gestión del protagonismo de los docentes.

 

Cada vez que un nuevo Gobierno llega al poder, de manera invariable, toma entre sus prioridades la de 'tocar' la Educación. Ya sea para implantar nuevas medidas o para revertir las de antecesores, hace décadas que la administración de turno impone sus criterios, algo en lo que inevitablemente suele faltar consenso y diálogo. En Castilla y León no ha solido ser así, pero puede que la gestión educativa se esté empezando a contagiar de las tensiones generadas en otros ámbitos y trasladándose al campo de las aulas, donde nunca debe entrar.

 

Así, la semana que ha terminado con varios ejemplos de esas tensiones. La nueva ministra ha anunciado unos cambios que ya apuntó meses atrás y que constituyen la hoja de ruta del Estado en materia educativa. Al margen de las becas o la EBAU, se apunta con claridad a una mejora de la formación de los docentes con el llamado MIR de los profesores, la mejora de sus acreditación, del máster de Secundaria... medidas todas encaminadas a mejorar el nivel de quienes imparten la educación directamente, el factor clave de la calidad, que no son otros que los profesores.

 

En Castilla y León, las tensiones han aflorado con el segundo 'encontronazo' entre la consejería y los sindicatos. Ha sido un mero detalle, la difusión de la oferta de empleo público a los medios de comunicación el mismo día que, teóricamente, se negociaba con los sindicatos, pero a las centrales no les sentó nada bien e hicieron eso tan gráfico de levantarse de la mesa. El asunto se rebajó un poco con una nueva reunión el viernes. El gesto, aunque de limitada importancia, no parece afortunado, pero la realidad es que la relación entre los representantes de los trabajadores y la consejería no parece atravesar por su mejor momento. Ya se ha visto también con la negociación de las plantillas, donde aunque se limite, siguen amortizándose plazas, muchas por la falta de alumnos (aunque ese es otro cantar)

 

El 'enfado', con todo, es de suficiente entidad como para emborronar la histórica oferta de 1.401 plazas para profesores de Secundaria que es el camino para recuperar el volumen adecuado de profesorado  y que se pueda dedicar a lo que debe, no a labores administrativas o 'castigados' con una jornada prolongada. Al margen del plantón, los sindicatos recuerdan que la cifra no alcanza para ir rebajando uno de los problemas del sistema, la alta tasa de interinidad. La Junta está comprometida con el objetivo, pero el ritmo de rebaja no satisface por completo a los sindicatos, y los más afectados son los miles de interinos del sistema.

 

Ellos son los profesores que forman a nuestros jóvenes, y nuestros jóvenes son el futuro. La cuestión es, no hay duda, de vital importancia, pero muchos se encuentran condenados a la inestabilidad de no saber dónde ejercerán el próximo curso, a la imposibilidad de hacerse valer profesionalmente en su centro o de saber con qué se encontrarán cada septiembre, y eso es malo para el sistema. Más todavía si, como parece, estamos dispuestos a volver a invertir dinero en su formación y recursos para que ofrezcan lo mejor de sí mismos a sus alumnos.

 

Esto debe ser así (al margen de encontrar con qué pagarlo) y es el camino correcto para poner en el centro de la Educación a sus docentes. Desde el Estado se agradecerá que alguien coja la manija y acabe con los desvaríos y desequilibrios, marque unas pautas y, miel sobre hojuelas, lo haga sin sectarismos para, de una vez por todas, conseguir la educación que merecemos. Desde la administración autonómica toca hacer el último esfuerzo contra la interinidad dotando más plazas y suprimiendo menos (aunque estó también habrá que encontrar con qué pagarlo).