Las nuevas restricciones de la hostelería o lo que el Gobierno no supo hacer cuando debía
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Las nuevas restricciones de la hostelería o lo que el Gobierno no supo hacer cuando debía

La ministra saluda a la consejera Casado en presencia de Mañueco, Igea y el delegado del Gobierno. Foto: Ical

El Gobierno se apresura a imponer las medidas que no supo tomar antes de dejar caer el estado de alarma, pero sólo consigue añadir confusión y bronca política a una fase todavía delicada del final de la pandemia.

Las nuevas restricciones para la hostelería y el ocio nocturno que quiere implantar el Gobierno central constituyen un nuevo episodio de una película que ya hemos visto en esta pandemia: la de las decisiones precipitadas y mal comunicadas, con un toque de improvisación que supera el desconocimiento, que generan confusión entre los ciudadanos y que acaban en una catarata de desencuentros entre administraciones para, probablemente, terminar en (casi) nada tras la consiguiente refriega política. Fuegos de artificio con un trasfondo partidista que sonrojaban cuando se trataba de vidas humanas y que tienen el mismo efecto ahora que hablamos de recuperación económica.

 

Esto, que hemos sufrido con frecuencia durante la pandemia, es lo que ha vuelto a pasar con el nuevo 'semáforo'. Las medidas las conocimos en la reunión semanal del consejo interterritorial de Sanidad, el órgano del que deben salir las directrices comunes que nos ayuden a salir de la pandemia. Había funcionado razonablemente bien con sólo respetar unos mínimos, que parten del bien común y el interés general. Hasta ahora sólo algunas comunidades se habían apuntado a la discrepancia recurrente como forma de actuar: siempre eran las mismas las que decidían ir por su cuenta, sin que fuera posible sacarles de sus posturas, pero la situación ha empeorado.

 

No siempre ha habido consenso en esta mesa, pero nunca hasta el momento el disenso había sido tan generalizado. Son muchas las comunidades que han alzado la voz, también Castilla y León, que ha sabido llevar la voz cantante y poner sensatez en esta mesa en numerosas ocasiones. El momento en el que la tendencia ha cambiado es fácil de identificar: las medidas para después del estado de alarma. Es el momento en el que el objetivo de priorizar medidas eficaces se debilita y se abren paso el partidismo, el tacticismo resultadista y el cálculo político.

 

La realidad es que el catálogo de nuevas medidas no supone un problema en sí: el error es el momento. El Gobierno se apresura ahora a imponer las medidas que no supo tomar antes de dejar caer el estado de alarma. Es lo mismo que ocurrió el verano pasado con aquella desescalada por fases que nunca se completó; o en Navidad con la falta de restricciones contudentes, que tan caro acabamos pagando. Parecía que habíamos aprendido con la Semana Santa y que la vacuna estaba de nuestra parte, pero hay algo que el Gobierno central no ha podido evitar: volver a equivocarse.

 

Con decisiones como esta sólo se consigue añadir confusión y bronca política a una fase todavía delicada del final de la pandemia. Confusión porque, ahora mismo, no sabemos qué normas son las que valen, cómo y hasta cuándo. En teoría, el Gobierno ha aprobado ya este sábado el documento con el nuevo 'semáforo', pero hay dudas sobre si puede imponer su uso y no es por discrepancias jurídicas, que también, sino porque el propio documento dice que las comunidades pueden "adaptar" las medidas... aunque tampoco se sabe cómo.

 

Así que por ahora no sabemos si las discotecas pueden o no abrir en Castilla y León: en el nivel 2 de alerta de la Junta no pueden, pero en el del Gobierno sí. Lo mismo pasa con el número de comensales en interior o terraza, seis o diez. Y eso es más preocupante que la medida en sí, que puede ser todo lo discutible o necesaria que se quiera con los datos sobre la mesa. El problema es que la confusión es gigante porque en cada sitio la norma aparece diferente: en nuestra comunidad las normas de hostelería no cambian mucho, pero en las comunidades que, por lo que sea, han avanzado más en levantar restricciones podría suponer dar marcha atrás, una marcha atrás que los ciudadanos no van a entender y que van a sufrir sin motivo.

 

La situación demuestra que la decisión llega tarde, sean cuales sean las medidas. Fue antes de dar carpetazo al estado de alarma sin más que un 'hasta luego' cuando se tenían que haber concretado normas comunes para afrontar esta nueva fase. Fue entonces cuando se tenían que haber marcado restricciones lo más parecidas que fuera posible para evitar más desconcierto entre ciudadanos y empresas. Fue entonces y no ahora, un mes después, cuando tocaba un nuevo 'semáforo'. El Gobierno no lo supo hacer, como tampoco lo hicieron las comunidades 'fan' de oponerse a todo con tal de ir por libre. Otra victoria de la bronca política en un momento todavía delicado. Otro trance del que salimos perdiendo los ciudadanos.