Las listas de espera: el S.OS. de la sanidad y una hábil enmienda de Ciudadanos a su 'socio'
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Las listas de espera: el S.OS. de la sanidad y una hábil enmienda de Ciudadanos a su 'socio'

Luis Ángel González,  Verónica Casado y Manuel Mitadiel (Foto: T. Navarro)

Ciudadanos se apunta un tanto, pero que ahora aparezcan 9.000 pacientes más en listas de espera será un fracaso si no se reduce el problema.

La elección por parte de Ciudadanos de la cartera de Sanidad como una de las competencias solicitadas en el pacto de gobierno con el PP auguraba emociones fuertes, y han tardado muy poco en aflorar. La consejera Casado no ha tenido tiempo, literalmente, ni de aposentarse en el despacho: el lunes después de tomar posesión ya estaba en Zamora para sofocar un amago de rebelión por los planes para cambiar consultorios por rutas de bus, y para negar tales planes. Seguramente, un simple adelanto de una tarea en la que va a poner a prueba la enorme valía que se le atribuye.

 

Por ahora Mañueco debe estar celebrando haber dejado pasar este amargo cáliz, y por partida doble: ni ha tenido que buscar recambio al correoso Sáenz Aguado ni tiene que enfrentarse de sopetón a uno de los grandes retos de la administración regional. En su detrimento va que la consejera de Sanidad, como los otros titulares ‘naranjas’ del gobierno bipartito y el propio vicepresidente, son miembros del ejecutivo que dirige el salmantino, y no simples polizones. Por ahora le están tomando el pulso al ejercicio, aplicando ese cambio que prometieron y que tantas dudas ha causado, pero ya hay que reconocerles un mérito: la osadía de tomar el toro por los cuernos en busca de fórmulas nuevas que funcionen allí donde las viejas recetas han fracasado.

 

En cuestión de días, la consejera ya ha tenido que hacer malabarismos con las diferentes ‘patatas calientes’ de la sanidad pública regional: recuperar el privatizado HUBU, los sempiternos retrasos del Hospital de Salamanca, las dudas sobre los planes de Sacyl para los centros de salud del ámbito rural… En la cúspide de su preocupación está el ‘marrón’ de las listas de espera. Ella misma lo ha reconocido: está obsesionada y quiere saber “qué es lo que de verdad está pasando”.

 

Cuando Cs decidió afrontar la responsabilidad de la sanidad en el Gobierno regional, asumió un importante riesgo: mejorar uno de los servicios que, por las críticas que recibe, peor funciona. El riesgo de abrasarse políticamente es alto, pero sorprende el aplomo con el que la consejera ‘naranja’ está afrontando el reto. Se adivina la mano de algún estratega político porque, por ahora, esa búsqueda de la verdad en las listas de espera la está llevando por el libro.

 

Puede que sea lo que menos importe, pero Casado está siendo muy cauta y precisa y su estrategia tiene mucho de política de la buena mezclada con gestión de la buena. Lo primero que pidió fue diagnosticar al enfermo, conocer el cuadro antes de decidir el tratamiento. El resultado es el afloramiento de casi 9.000 inquilinos más de las listas de espera, pacientes que estaban ahí, ocultos a las cifras oficiales tras pasar por el maquillaje preciso. La verdad es que, si necesitaba más datos, la nueva consejera podía haber preguntado en casa: el propio Igea o su compañero Mitadiel, ahora gerente regional, tienen muchas de las respuestas porque en 2016 ya le sacaron las vergüenzas a Sacyl al ser los primeros en respaldar con datos lo que era un clamor: que la listas de espera oficiales eran solo la punta del iceberg. Lo sabían entonces y lo han reforzado ahora.

 

Desde hace años, Ciudadanos sospechaba que se aplican los filtros oportunos para presentar cifras decentes cada vez que hay que hacer balance. Ahora, el partido ‘naranja’ se da la razón a sí mismo

Desde hace años, Ciudadanos sospechaba que se aplican los filtros oportunos para presentar cifras decentes cada vez que hay que hacer balance. Ahora, el partido ‘naranja’ se da la razón a sí mismo. Y lo hace desde dentro, en el gobierno, donde de paso le ha metido el agua en casa a su ‘compañero. Consigue dos cosas: tiempo y empezar a desmarcarse del PP de cara al futuro, una de las obsesiones de todos los cargos electos de Ciudadanos.

 

Así que Cs ya sabe que las listas de espera tienen, al menos, 9.000 personas más de las que se creía atrapadas en la demora quirúrgica, de consultas y de pruebas. Y apunta una estrategia acertada porque, recién llegados, la culpa es de la herencia recibida. Un pequeño escándalo. La decisión de sacar estos datos es preventiva y muy oportuna, más de cara a la vuelta del verano, cuando el cierre de camas (otro de esos problemas candentes) la cifra de los enredados en el proceloso mar de la atención hospitalaria.

 

El caso es que Cs está gestionando de manera astuta el ejercicio de asumir responsabilidades ajenas, pero no debe renunciar a denunciar lo malos que son los datos de la atención hospitalaria, ni debe permitirse justificarlos en modo alguno o enredar con la terminología y las cuentas. Al pan, pan y al vino, vino: 31.000 pacientes en lista de espera son ciudadanos a los que no se ayuda, que esperan meses e incluso años, y que no quieren ni tienen por qué entender cómo se clasifica su caso. Aflorar 9.000 casos más puede parecer un éxito ahora, pero será un fracaso si no se reduce el problema. Ciudadanos debe tener en cuenta que, más pronto que tarde, se le exigirá que lo haga.

 

Y, ¿qué hay de la partida política? Mañueco se ha librado de afrontar en primera persona el desgaste de los problemas de la sanidad pública. Por ahora, le sale a cuenta. Pero asume un riesgo. Lo pretenda o no la consejera, Cs le saca los colores al PP con las listas de espera, y puede que lo haga también con el HUBU; más difícil será encontrar buenas soluciones para la sanidad rural o para los retrasos del Hospital de Salamanca. Si lo logra, será una enmienda parcial, si no más, al modelo de gestión ejercido durante años, con el que se ha insistido hasta la extenuación por ser (decían) el único que valía. Un gol por toda la escuadra. Una hábil jugada para ganarse el futuro político.