Cyl dots mini

Las 35 horas y el efecto contagio en la Educación

Foto: EP

Las quejas de los sindicatos de Educación sobre la plantilla de profesores reactivan la línea conflictiva entre las centrales y la Junta por los intereses laborales de los empleados públicos.

A punto de terminar 2019, vuelven a sonar los tambores de guerra en la función pública de Castilla y León. Lo hacen al son del hibernado conflicto de las 35 horas que, agazapdo, sigue latente a la espera de un buen momento para explotar si es que nadie lo desactiva antes. El primer 'guantazo' lo han dado los sindicatos de la Educación en forma de puñetazo en la mesa y el anuncio de un plantón.

 

Todos los años sindicatos y consejería se citan a comienzos de enero para hablar de las plantillas de profesores. Se reúnen por provincias y echan la cuenta de las necesidades de cada territorio de cara al siguiente curso. La Junta llega con las bajas y jubilaciones y los sindicatos, con el número de sustituos que hacen falta y de nuevas incorporaciones. Por lo general, el proceso termina con una conformidad aparente entre ambas partes, cada cual es su papel. Educación cumple con los estrictos ratios de cobertura de las jubilaciones y bajas y los sindicatos acaban por pedir más y echar la cuenta de los centenares de profesionales que faltan para atender bien la educación.

 

Sin embargo, esta vez la negociación se presenta más complicada. La clave es el factor 35 horas. La jornada que reivindican las centrales es el principal ingrediente del conflicto entre sindicatos y Junta desde hace meses, y también es el principal motivo del anuncio de hostilidades por parte de los sindicatos educativos. Los profesores tenían que haber sido los primeros en beneficiarse de la jornada de 35 horas, pero lo que ocurrió fue justo lo contrario: el incumplimiento de su promesa de reducción de jornada dio la voz de alarma para todos los demás. Y por eso los sindicatos van a atacar con fuerza.

 

El principal argumento es la aplicación del acuerdo alcanzado el 21 de mayo para la reducción horaria docente a partir del 1 de septiembre de 2019, incumplido por la Junta. Los motivos, más o menos, los mismos que para aparcar las 35 horas del resto de empleados regionales: imposibilidad actual de hacerlo realidad. En contraposición, la Junta ofrece ir avanzando poco a poco hacia el 8% de interinidad, la tasa de profesores interinos que tiene la educación regional, y que los sindicatos no ven reducirse al ritmo que quisieran.

 

El conflicto está servido. Por un lado, la educación necesita ir rebajando el número de interinos que tiene y solo lo va a conseguir si dota más plazas. Según los sindicatos, ocurre lo contrario: se suprimen plazas porque la Junta no toca los horarios lectivos y tampoco rebaja las ratios de alumnos por docente. Por otro, Educación tiene que poder pagar la contratación de más profesores y mantiene sus propios planes para ir sacando plazas a concurso. El punto de entendimiento ha salvado estos años el conflicto. Ya veremos si en 2020 también se logra.