La UCAV participa en las III Jornadas de la Sociedad de Filósofos Cristianos (SoFIC) centradas en el misterio del mal
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La UCAV participa en las III Jornadas de la Sociedad de Filósofos Cristianos (SoFIC) centradas en el misterio del mal

La UCAV participa en las III Jornadas de la Sociedad de Filósofos Cristianos (SoFIC) centradas en el misterio del mal.

En estas jornadas participó el profesor de la Universidad Católica de Ávila (UCAV) Juan Jesús Gutierro con una ponencia que llevaba por título Una humanidad voluntariamente prudente entre la bendición y maldición de la técnica.

Numerosos filósofos de distintas universidades de España e Italia se dieron cita en las III Jornadas organizadas por la Sociedad de Filósofos Cristianos (SoFIC) en la que analizaron juntos el enigma que se alza frente a la capacidad humana para hacer el bien y que nos cuestiona precisamente a partir de nuestra experiencia de este.

 

Desde las distintas caras del prisma del mal y desde distintas perspectivas se arrojó un poco de luz a este misterio insondable que asola a la humanidad desde tiempos inmemoriales. En estas jornadas participó el profesor de la Universidad Católica de Ávila (UCAV) Juan Jesús Gutierro con una ponencia que llevaba por título Una humanidad voluntariamente prudente entre la bendición y maldición de la técnica.

 

En ella abordó como la técnica, en tanto que es ejercicio del poder humano, puede emplearse tanto para el bien como para el mal. Y no solo de manera directa, sino que, en ocasiones, por muy buena que sea la intención con que se acomete, lleva consigo una orientación con efectos crecientes en última instancia malos, inseparablemente unidos a los buenos efectos perseguidos.

 

En una sociedad como la nuestra, que, en palabras del filósofo alemán Hans Jonas, “ha fundamentado toda la configuración de su vida en el trabajo y el esfuerzo por actualizar continuamente su potencial técnico en el interjuego de todas sus piezas”, se hace necesario pensar y repensar los valores implícitos en este hacer sin medida, aupado bajo la bandera del progreso, cuya dimensión espacio-temporal es global.

 

La ambivalencia de la técnica a la par que su magnitud hace que nos encontremos en una situación de peligro que podría escapársenos de las manos y terminar en una situación en la que los costes engulleran el beneficio de dicho progreso. Pero como el lado brillante de los logros técnicos deslumbra la vista, los beneficios próximos corrompen el juicio y las muy reales necesidades del presente (por no hablar de sus adicciones) gritan su prioridad, las exigencias de la posteridad confiadas a esa responsabilidad se verán en una situación difícil.

 

Nos encontramos en una cultural del desencanto en la que la técnica nos fuerza, nos empuja hacia adelante, “con cada nuevo paso de la gran técnica estamos ya obligados a dar el siguiente y legamos esa misma obligación a la posteridad, que finalmente tendrá que pagar la cuenta”.

 

Por ello, tenemos que afrontar y enfrentar la desmesura del poder de acción. Como afirma el Papa Francisco en Laudato Si: “Cualquier solución técnica que pretendan aportar las ciencias será impotente para resolver los graves problemas del mundo si la humanidad pierde su rumbo, si se olvidan las grandes motivaciones que hacen posible la convivencia, el sacrificio, la bondad” (n. 200).

 

Para ello será fundamental la virtud de la prudencia, de la cautela ante el temor a los efectos de la tiranía científico-técnica para esta y generaciones futuras. Es la voluntad humana, de manera comunitaria como humanidad, la que ha de preservarse de su mismo e inagotable progreso.