La semana del ser o no ser: por qué "no hacerse trampas al solitario"
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La semana del ser o no ser: por qué "no hacerse trampas al solitario"

La semana de la Nochebuena estrena las medidas especiales para limitar viajes y reuniones, especialmente en el ámbito familiar: la Navidad más extraña pone en juego una peligrosa tercera ola.

La semana que empieza es la de la Navidad más extraña de nuestras vidas. El sorteo del Gordo dará el pistoletazo habitual a unas fechas que este año son excepcionales porque, a partir del día 23 de diciembre, viviremos en una realidad extraña, pendientes de reuniones que no podemos hacer, de viajes que no debemos emprender y de celebraciones que no debemos organizar, al menos, no como siempre. Lo haremos con la amenaza real de una tercera ola que penalizará nuestros descuidos con un aumento de casos que ya asoma. Y para complicarlo más todavía, de aquí en una semana empezará la distribución de la vacuna contra el Covid que debe resolver nuestra vida, pero que todavía tardará en llegar a todo el mundo.

 

El panorama es tan complejo que va a exigir mucha cautela y prudencia, aunque no nos lo están poniendo fácil. Las 'normas de la Navidad' de las que hablamos hace semanas han ido endureciéndose progresivamente en un intento acertado por adaptarse a la cambiante situación y con el objetivo de reducir los efectos de un nuevo 'bache' que se adivina y que se puede dar casi por seguro. El virus castiga aglomeraciones y movilidad, y de ambas va a haber muchos estos días, así que del nivel de respeto que le tengamos a las normas dependerá que la 'tercera ola' sea más o menos llevadera: ya sabemos lo que pasa cuando aumentan los casos.

 

En un intento por reducir su impacto la Junta ha endurecido medidas en pocos días con una nueva versión de sus normas para Navidad: nada que objetar, salvo lo difícil que se hace enterarse del todo con tantos cambios. Puede que haga falta un esfuerzo para difundir las medidas definitivas. Se han estrechado los horarios de bares y restaurantes en Nochebuena y Navidad; se van a controlar aforos en las calles; no se autorizan eventos masivos (ni para tomar las uvas) ni se recomiendan las Cabalgatas y también se llimitan los Belenes. Pero el verdadero quid de la cuestión son las reuniones privadas.

 

Los viajes y las reuniones en hogares son el escenario favorito del Covid, y esta es la temporada alta de ambas actividades y ahí se quiere actuar con contundencia. En pocos días, hemos pasado de aceptar el movimiento para ver a familiares y allegados a permitir solo el retorno de aquellos que están fuera de Castilla y Leóny retornan. Una medida dura pero que la mayoría de comunidades ha adoptado conscientes de que el riesgo está ahora en las mesas de nuestros hogares, más que en otro lugar.

 

Las normas son las que son y toca respetarlas, todo lo demás es, como dice la consejera Verónica Casado, "hacernos trampas al solitario". Sabemos a la perfección qué es lo que tenemos que hacer, lo que pasa es que es muy complicado no bajar la guardia. No debemos reunirnos más de diez, ni tampoco de más de dos núcleos diferentes. La mesa tiene que ser especial. Puede que nos toque salir corriendo para no pasar demasiado tiempo en interior o que tengamos que estar toda la Nochebuena con mascarilla en casa. Damos por seguro que nos va a costar, pero tenemos que hacer un esfuerzo si no lo queremos pagar con vidas. Esta es la semana del ser o no ser, de la responsabilidad o de larvar una tercera ola de consecuencias imprevisibles.