La primera vuelta al mundo Magallanes-El Cano (V)
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La primera vuelta al mundo Magallanes-El Cano (V)

Quinta entrega de este apasionante serial sobre la primera vuelta al mundo en barco, que firma el profesor Tamames.

Continuamos hoy con la serie sobre la primera circunnavegación de la Tierra, que se produjo entre 1519 y 1522, y cuyos dos principales protagonistas fueron Magallanes y Elcano. El primero, hasta las actuales Islas Filipinas, donde murió en un combate con los nativos de la Isla de Mactán. El segundo, prácticamente desde allí mismo, encabezó la expedición para atravesar todo el Océano Índico, tornear África y llegar a España. Elcano fue todo un personaje, y en esta entrega de la serie, se inicia su revisión histórica que esperamos interese a los lectores de Tribuna, ya en la Semana Santa del Año II de la Era de la Pandemia.

 

 

La figura de Juan Sebastián Elcano

 

Elcano nació en Guetaria en 1487, en un medio familiar económicamente desahogado: Domingo Sebastián de Elcano, su padre, y su madre, Catalina del Puerto eran, ambos, de familia de escribanos[1].

 

Elcano, con 32 años al embarcarse, había participado en campañas militares castellanas en Italia y África al servicio de la Corona. Y falto de la debida remuneración real por prestar sus naves para tales episodios, se vio legalmente forzado a vender una de ellas; a unos saboyanos, para pagar los sueldos que adeudaba a su tripulación. Infringiendo así la ley castellana que proscribía la venta de barcos armados a súbditos extranjeros en tiempo de guerra. “Cometisteis grave delito”, llegaría a espetarle el emperador en 1522, en su encuentro en Valladolid, ignorando sus propias faltas como mal pagador imperial.

 

En 1518, un año antes de la partida de la Armada para el Maluco, Elcano ya vivía en Sevilla, como uno más entre los cientos de vascos que pretendían embarcarse cada año a las Indias. Uno más, pero no uno cualquiera, pues el personaje era de verdadero carácter, seguro de sí mismo, tan atrevido como calculador, tan ambicioso como atildado[2].

 

Como oportunamente se verá, en diciembre de 1521, Elcano, ya próximo a las Molucas, tomó el mando del último barco útil que subsistía de la expedición a la Especiería. Así, como capitán de la nao Victoria, protagonizó, junto a sus compañeros, la gran proeza de dar la primera vuelta al mundo.

 

Juan Sebastián de Elcano, de Guetaria, capitán de la segunda parte del «más largo viaje», terminado en 1522. 

 

De la cual dio cuenta en agosto de 1522, en la Corte en Valladolid, donde fue interrogado por los cronistas de Indias, los eruditos y los humanistas que rodeaban al rey-emperador. Fue allí donde habló con el embajador veneciano Gaspar Contarini, el poeta y humanista belga Maximiliano Transilvano, miembro de la cancillería de Gattinara (a todos los efectos el por entonces primer ministro de Carlos V), y el cronista oficial de Indias de la era de los descubrimientos, Pedro Mártir de Anglería.

 

El juicio de Anglería sobre Elcano y sus compañeros fue contundente, casi despectivo: “los 18 supervivientes que llegaron de vuelta a Sevilla, son prácticamente todos ignorantes, según sucesivamente se ha visto al ser interrogados…”. Sí, sí, ignorantes, pero fueron los navegadores del más largo viaje, y supieron retornar en una odisea formidable.

 

Elcano aprovechó el encuentro de 1522 en Valladolid, para entregar al rey-emperador un memorial en el que solicitó diferentes mercedes. Cuyo original encontró Francisco de Borja Aguinagalde Olaizola en 2015[3], y que es una pieza elocuente para caracterizar al gran marino. Elcano hubo de conformarse con la promesa de una renta real de 500 ducados al año –que nunca cobró—, si bien es cierto que Carlos le condonó del delito muy grave ya mencionado antes, que cuando la venta de un barco suyo a súbditos extranjeros.

 

Luego de la circunnavegación, Elcano estuvo en las Juntas de Elvas-Badajoz, en 1524, y participó como segundo en la flota de la expedición de García Jofré de Loaysa al Maluco en 1526, con resultados catastróficos, según veremos: la muerte de ambos responsables (Elcano el 4 de agosto de 1526), ya fuera del Estrecho de Magallanes, en el Pacífico.

 

Salida para la Especiería

 

El 20 de diciembre 1518, la Casa de la Contratación se dirigió a Carlos I para comunicarle que la Armada estaba lista para partir, esperando tan solo a que se despachasen los 4.000 ducados necesarios para comprar ciertas mercaderías que aún habían de embarcarse[4]. Y fue precisamente la demora en disponer de esos fondos lo que obligó a posponer la salida a mayo de 1519. Fecha en que de nuevo sería imposible, ya que hasta el mes de julio no llegaron los recursos necesarios, de manos, naturalmente, del banquero Cristóbal de Haro.

 

Por fin, el 10 de agosto de 1519, en la iglesia del convento de Nuestra Señora de la Victoria, situado en el barrio de Triana, perteneciente a la orden de los Mínimos de San Francisco de Paula, don Sancho Martínez de Leiva, oficial real en Sevilla, entregó la bandera al Capitán General Hernando de Magallanes, quien la homenajeó, jurando al tiempo servir al rey como buen vasallo. El resto de capitanes y oficiales también juraron honrar a Carlos I.

 

Tras esa jura de lealtad, y un último registro de bodegas –entre otras cosas por si se escondía alguna mujer—, las cinco naos fueron zarpando, Guadalquivir abajo, para reunirse finalmente en Sanlúcar de Barrameda, y acabar allí de pertrechar las naves.

 

Si la estadía de la flota se prolongó en Sanlúcar de Barrameda hasta hacerse a la mar abierta para el más largo viaje, ello fue también a causa de las noticias/rumores de que había una flota portuguesa no lejos de la punta de Sagres, en el cabo San Vicente, a pocos días de navegación de Sanlúcar. Llegó a pensarse que estaba aprestándose para trabar combate con las cinco naos de Magallanes, al objeto de frustrar su viaje[5].

 

Por fin, el 10 de septiembre de 1519, entre los cantos de la marinería, la ronca voz de Magallanes lanzó el grito:

 

- “¡Larguen, en nombre de Dios!”.

 

Así se dio comienzo a la aventura más audaz de la historia humana del siglo de los descubrimientos[6].

 

Algo de debate sobre Elcano

 

Lo que hay que preguntarse en torno a Elcano, por su continua relación con Magallanes es algo que se resume en el siguiente diálogo entre dos observadores de ficción de la serie que estamos haciendo:

 

     —¿Y por qué le dio tanta confianza, a un portugués, en vez de buscar a un español? ¿Por qué no llamó directamente a Elcano, si tan extraordinario resultó después según dice Vd.? La idea ya estaba en el ambiente, Vd. mismo lo ha subrayado, desde el intento de Díaz de Solís en 1514.

 

— Para broma, no está mal: Elcano andaba poco antes en Italia, con sus barcos ayudando a la causa española, con los problemas que de allí se trajo. Fue a Sevilla buscando una oportunidad, no tenía relevancia para ser llamado. Lo que sí estaba claro para él, como piloto de altura, es que la expedición era importante.

 

     —¿Pero tiene Vd. algún indicio de ese interés tan especial? ¿No se apuntaba un poco como si fuera a la Legión Extranjera para obviar sus dificultades con la Justicia?

 

— Todo es posible. Pero lo que sí parece notorio es que Elcano sabía que Díaz de Solís había fracasado en su expedición de 1514, sólo unos años antes. Y en cuanto a por qué Carlos no contrató a un navegante castellano, es porque en esos momentos no había nadie con un curriculum vitae comparable a Magallanes como marino. Además, Carlos sabía del enojo de Don Hernando con su rey, que no le había hecho caso, y se apresuró a preparar y firmar las célebres Capitulaciones de Valladolid. Al tiempo, escribió al rey luso para tranquilizarlo sobre de sus intenciones. Por último, Carlos ya pensaba por entonces en casarse con una princesa portuguesa, y siempre cuidó mucho los detalles con el país vecino. Como se vio también en el Tratado de Zaragoza, años después.

 

     — Ahora sí que viene otra pregunta muy directa: ¿por qué dice Vd. que Magallanes no cumplió con las Capitulaciones de Valladolid?

 

— Creo que me he anticipado a cuestiones que vienen luego. Desde el principio se autoerigió en dueño absoluto de la expedición, sin dar la debida importancia al propio veedor del monarca, que según el rey debía tener poderes equiparables a los suyos. Don Juan de Cartagena no era ningún malvado, sino que simplemente desde el principio de la navegación quiso ejercer su función. Magallanes no pudo tolerarlo, y ya antes, bordeando la costa africana, le hizo preso.

 

     —¿Y ese fue todo el incumplimiento de las Capitulaciones? No me parece tan grave. Sobre todo cuando parece que Cartagena puso en duda la autoridad de Magallanes en un asunto muy vidrioso…

 

— Ya veremos eso más adelante. Pero lo que ya empezó antes de las propias Capitulaciones, fue dar por cierto Magallanes al rey que ya tenía de seguro el lugar donde estaba el Estrecho, con mapas que le fabricó Ruy Faleiro para tal engaño, e incluso con la célebre esfera terráquea, la gran innovación para el encuentro real.

 

     — Y Vd. sostiene que Magallanes también traicionó a Faleiro.

 

— Desde luego. Una vez hecha la conveniente cartografía ad hoc, a Don Hernando le molestaba compartir el protagonismo con su inicial compañero de fatigas, que demostró ser tan inconsistente. Ya le había sido útil y se deshizo de él… coadyuvando a esa idea el hecho de que el cosmógrafo era un beodo impenitente, y un disipado erótico obseso, difícil de fiar.

 

     —¿No le tiene Vd. especial inquina a Magallanes? ¿No es Vd. un patriotero de Elcano? ¿Por qué no lo dice claramente…?

 

— Creo que no está Vd. en lo cierto. He procurado leer los testimonios disponibles y no todos son tan formidables a favor de Don Hernando como el de Stefan Zweig, y sobre todo el de Pigafetta, que era el máximo encandilador de Don Hernando. Por lo demás, Camoens no tuvo a Magallanes en la mejor estima. Ya se dijo, pero lo recalco: en Os Lusíadas al Capitán General no quedó a ninguna gran altura por ser un traidor de Manuel I, y lo fue también para Carlos I por su ulterior conducta, créame.

 

 

 

 

 


[1] Francisco de Borja Aguinagalde Olaizola, “Juan Sebastián de Elcano. El protagonista olvidado del relato de la primera circunnavegación”, en El viaje más largo. La primera vuelta al mundo, Acción Cultural Española, Madrid, 2019, pág. 221 y sig.

[2] Álvaro Bermejo, Juan Sebastián Elcano…, ob.cit.

[3] “¿Qué sabemos realmente sobre Juan Sebastián de Elcano? Resultados provisionales de una indagación llena de dificultades”, en In Medio Orbe, Actas del I Congreso Internacional sobre la I Vuelta al Mundo, Sanlúcar de Barrameda, 26 y 27 de septiembre de 2016.

[4] Las mercaderías de rescate era una partida fundamental, ya que esos objetos eran la moneda de cambio para el intercambio con los naturales de las tierras en las que recalaran.

[5] José Calvo Poyato, La ruta infinita, ob.cit., p. 246 y sig. También se dijo que en las Indias orientales pudo organizarse otra flota para atacar a Magallanes a su llegada al Maluco. Cosa que en cualquier caso no se produjo, no sólo por la muerte del gran navegante en la isla de Mactán, el 27 de abril de 1521, sino también para evitar conflictos con Castilla.

[6] Salvador Bernabéu, “El viaje y sus incidencias”, en La primera vuelta al mundo, Taberna Libraria, Madrid, 2019, pág. 81.

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