La primera vuelta al mundo Magallanes-El Cano (II)
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La primera vuelta al mundo Magallanes-El Cano (II)

Mapa de Ptolomeo, inspirado en Toscanelli, en donde prácticamente no exis-tían ni América ni el Océano Pacífico. Fue la inspiración máxima para el viaje muy corto que a la Especiería imaginó Magallanes

Segundo capítulo de este serial que firma el profesor Tamames. 

En esta segunda entrega de la primera circunnavegación del globo, empezamos a ver a los protagonistas de tan gran hazaña, con la vida que en Sevilla llevó Hernando de Magallanes. Un hombre decidido que no vaciló en utilizar cartas geográficas no tan ciertas para impulsar su aventura. Y que supo convencer al joven rey de España, Carlos I, para la gesta que tenía preparada, a través de las Capitulaciones de Valladolid.

 

 

Vida sevillana del navegante

 

Ninguna otra ciudad española gozaba de tanto prestigio como Sevilla para los pretendientes viajeros de Indias. Un puerto fluvial seguro, de mucho tráfico, sede de la Casa de Contratación (ya veremos sus funciones) y la base natural para reclutar y abastecer las expediciones a los nuevos destinos, con una corriente continua de hombres, barcos y materiales para la conquista y colonización. Primero para ir a las islas del Caribe; y después a fin de explorar las costas atlánticas de todo el continente americano.

 

Sevilla era, además, el lugar de residencia de gran número de banqueros, mercaderes, armadores y consignatarios, cosmólogos, exploradores, marineros y artesanos que, nacidos en todas las partes de España y del extranjero, pasaban a las Indias en calidad de "vecinos de Sevilla"[1].

 

Al llegar a la antigua Híspalis, Magallanes vivió primeramente en los Alcázares Reales, merced a la hospitalidad de Diego Barbosa, alto funcionario de la Casa de Contratación, quien le facilitó el conocimiento de Juan de Aranda, factor de esa Casa; y de su tesorero, el religioso Sancho Matienzo. Ambos harían mucho para conectar a Magallanes con el mismísimo rey Carlos I.

 

En los Alcázares Don Hernando conoció a la hija de Diego Barbosa, Beatriz, de gran belleza: un auténtico amor a primera vista. Los esponsales se celebraron en octubre de 1517, siendo padrino el propio Barbosa, y testigos Jorge de Portugal (prior de la poderosa Cofradía de los Portugueses de Sevilla), así como Rui Faleiro. En esos mismos días de fiestas nupciales y poco después, se difundieron dos noticias importantes en los cenáculos hispalenses: el futuro rey de Castilla y de España entera, Carlos, procedente de Flandes, había desembarcado en Asturias, en el lugar costero de Tazones, al lado de Villaviciosa, el 19 de septiembre de 1517. Y a pocas semanas de la boda, murió el Cardenal Cisneros en Roa (Burgos), el 8 de noviembre de 1517, cuando iba al encuentro del joven rey, a quien no llegó a conocer[2].

 

Cuando Magallanes llegó a Sevilla, su catedral ya estaba terminada: la más grandiosa y rica de toda España, de la que entonces era la capital económica y financiera de todo el país

 

Las cartas geográficas

 

La importancia que Magallanes confirió inicialmente a Rui Faleiro se debió, entre otras cosas, a que el cosmógrafo pertenecía a una asociación de expertos en cartografía marina, denominada Junta dos Mathematicos. Que tenía facilidades de acceso a los más recónditos archivos de la Casa da India; de donde podía extraerse valiosa información sobre las navegaciones portuguesas, incluso las más secretas.

 

Magallanes, conocedor de esos hechos y con las confidencias de Serrano, encargó a Faleiro y los suyos confeccionar un cierto número de mapas, así como «un globo bien pintado», expresamente para Carlos I; a fin de demostrar «el derrotero que pensaba llevar» por el hemisferio español para llegar al Maluco, sin entrar en el espacio luso, salvo costear Brasil; que era un derecho de paso tolerado en Tordesillas.

 

El estrecho interoceánico, lógicamente, había de estar más al sur del Río de la Plata a donde llegaron Díaz de Solís y los enviados secretos portugueses financiados por Cristóbal de Haro[3]. En cualquier caso, con todo su material cartográfico, Magallanes pensaba que podría convencer, y lo consiguió, al joven rey Carlos en Valladolid[4]. Así se recuerda que:

 

… [Magallanes], pasó a Castilla, trayendo un planisferio dibujado por Pedro Reynel. Por el cual, y por conferencias, que por cartas había tenido con Serrano, persuadió al Emperador Carlos V, que las Malucas eran de su derecho. Dicen, que confirmaba su opinión con escritos, y autoridad de Ruy Falero[5].

                                                                 

Concretamente, para el encuentro con el rey Carlos se dibujaron 24 cartas de marear, 18 de Nuño García de Toreno y seis de Ruy Faleiro. Y, además, se preparó el referido “plano esférico (planisferio) que lo hizieron Pedro Reinel y su padre...”[6].

 

En ese sentido, también debieron informar a Magallanes que en la Casa de Contratación de Sevilla se guardaban mapas de interés, en cofres con dos cerraduras y dos llaves, una en posesión del cosmógrafo mayor, la otra del piloto mayor. Entre esos tesoros cartográficos, Magallanes tal vez vio una copia del mapa secreto portugués de la expedición lusa secreta a más del sur del Mar del Plata, en el que aparecía un paso tortuoso en los confines meridionales de América[7].

 

Con todo su repertorio de mapas, Magallanes frecuentó en Sevilla a dos personas que le fueron muy favorables. El primero, el ya citado Juan Aranda, quien por sus oficios para visitar al Rey Carlos I, exigió una participación efectiva, de nada menos que el 20 por 100 de los beneficios de la futura expedición; tanto como el propio quinto real que en lo sucesivo se autoasignaría Carlos I[8].

 

La segunda persona en cuestión, el ya mentado Sancho Matienzo, escribió un informe muy completo sobre Magallanes para el dinámico Obispo Juan Rodríguez de Fonseca, presidente del Consejo de Indias; en la idea de lograr pronta audiencia real para Magallanes y Faleiro.

 

El caso es que finalmente, en enero de 1518, los dos portugueses viajaron juntos de Sevilla a Valladolid, en pleno invierno; solos, sin Juan de Aranda, por las fricciones a propósito del beneficio que se le había prometido en principio, para luego retirárselo. Pero los tres se encontraron en Simancas, antes de llegar a la Corte, y allí alcanzaron un acuerdo final: el 8 por 100 de los beneficios serían para el intermediario, en vez del 20[9].

 

Ese convenio, al final, no tuvo virtualidad, pues Sancho Matienzo, enterado del caso, resolvió que Aranda, siendo funcionario de la Casa de Contratación no podía exigir parte alguna para sí mismo, por ser un negocio a sustanciar dentro de la institución en que él laboraba[10].

 

Palacio Real de Valladolid (claustro), donde se discutieron las célebres capitulaciones que llevaron a la primera circunnavegación

 

 

Las capitulaciones de Valladolid

 

Todo el proceso de negociación de las capitulaciones en Valladolid se hizo en medio de un ambiente muy tenso, pues en las Cortes de Castilla allí recién celebradas, Carlos I (teóricamente soberano antes de llegar a España, por su proclamación en Flandes, el 3 de abril de 1516) recibió la protesta de sus súbditos, por la injerencia de sus agentes flamencos en el gobierno del Reino, y también por su ignorancia del castellano, y su indecisión en cuanto a matrimoniar con una infanta portuguesa.

 

En ese contexto, llegaron a Valladolid Magallanes y Faleiro, que tuvieron su primera entrevista con el rey (22.II.1518), en la que estuvieron presentes, además, el obispo Rodríguez de Fonseca y el Canciller de Castilla, el flamenco Jean Sauvage. En el encuentro, Carlos aún tuvo que disponer de un intérprete por su todavía deficiente conocimiento del castellano.

 

A la hora de plantearse la financiación del proyecto, el Obispo de Burgos, que era Presidente del Consejo de Indias, al parecer más interesado en el reparto de beneficios que no en la salvación de las almas, planteó recurrir al banquero de Burgos Cristóbal de Haro, que llegó a proponer sufragar todo el proyecto; sin conseguirlo, por lo que luego veremos.

 

Tras un mes de negociaciones, el 22 de marzo de 1518 se firmaron las Capitulaciones. De una parte, Carlos I, y su madre la reina Juana; y Magallanes y Ruy Faleiro de la otra. Especificándose que durante diez años se reservaba al Capitán General Don Hernando, la exclusiva de la exploración y el descubrimiento de todo el espacio desde el paso interoceánico a las Molucas. Confirmándose que todo el itinerario a seguir, a la ida y a la vuelta, sería dentro de la demarcación castellana del Tratado de Tordesillas.

 

Aparte de otras condiciones económicas de la expedición, se acordó que la Corona armaría cinco barcos con su correspondiente personal, pertrechos, artillería y abastos para una travesía de dos años. Reservándose el monarca los nombramientos de un factor, un tesorero, un contador y un escribano para que llevaran cuenta y razón de todo lo referente a sus específicas potestades[11].

 

Álvaro Costa, el embajador de Portugal que ya estaba detrás de impedir a Magallanes su proyecto, por encargo de su rey, Manuel I, hizo un último intento de cambiar la opinión de Carlos I sobre las aspiraciones de Magallanes, sin tener éxito en ello. Y poco después, estando en Zaragoza, se produjo un ataque de espadachines a Magallanes, sin más consecuencias, por la protección que las autoridades castellanas habían decidido prestar al navegante.

 

Al parecer, en la negociación, se planteó la posibilidad de que Magallanes se naturalizase castellano. Lo cual hubo de descartarse, ya que un trámite así había de sustanciarse en las Cortes, muy poco propicias a concesiones de esa clase, por la forma ilegal en que se había hecho, con gran escándalo, a propósito de la españolización de Guillermo de Croy (el sobrino del más conocido de ese mismo nombre, consejero de Carlos I), para promoverlo a Primado de Toledo. Para resolver el tema, Magallanes fue nombrado miembro de la Orden de Santiago, lo que bastó para ser legitimada su firma en las capitulaciones, con su juramento al rey, que era el gran patrono de la citada orden militar religiosa[12].

 

En las Capitulaciones, se nombró a Don Hernando Magallanes capitán general de la referida armada de cinco naos, con 50.000 maravedíes de estipendio, que luego se ampliaron a 146.000; garantizándosele además el título de gobernador y adelantado de las islas que descubriera. Adicionalmente, obtendría el 5 por 100 de los productos líquidos.

 

Las Capitulaciones recogieron hasta en los más nimios detalles sobre cómo debería organizarse todo, bajo el control de la Casa de la Contratación de Sevilla[13], disponiendo de dos categorías de funcionarios: los contadores, encargados de la contabilidad; y los factores, que con un presupuesto a justificar, quedaban encargados de la adquisición de todos los bienes y servicios necesarios.

 

 

Seguiremos la próxima semana, y los lectores de Tribuna.com, pueden comunicarse con el autor a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net.

 

 

 


[1] Peter Boyd-Bowman, "Prólogo", Índice geobiográfico de cuarenta mil pobladores españoles de América en el siglo XVI, 1.1.1493-1519, Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1964, pp. xxii-xxiii; citado por José Luis Martínez, en Pasajeros de Indias. Viajes transatlánticos en el siglo XVI, Fondo de Cultura Económica, México, 1983, pág. 85.

[2] José Calvo Poyato, La ruta infinita, ob.cit., p. 93 y sig.

[3] Antonio Sánchez Martínez, La espada, la cruz y el Padrón. Soberanía, fe y representación cartográfica en el mundo ibérico bajo la Monarquía Hispánica, 1503-1598, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 2013, pág. 172.

[4] José María Moreno Martín, “Los mapas del viaje de Magallanes y Elcano: bocetos de un nuevo mundo”, en Fuimos los primeros. Magallanes, Elcano y la vuelta al mundo, Ministerio de Defensa, Madrid, 2019, pág. 49.

[5] Bartolomé Leonardo de Argensola, Conquista de las islas Molucas, Alonso Martín de Balboa, Madrid, 1609, pág. 15-16.

[6] María Antonia Colomar Albajar, “Kunstmann IV: Carte du monde”, en El viaje más largo. La primera vuelta al mundo, Acción Cultural Española, Madrid, 2019, pág. 65. José María Moreno Martín, “Los mapas del viaje de Magallanes y Elcano: bocetos de un nuevo mundo”, en Fuimos los primeros. Magallanes, Elcano y la vuelta al mundo, Ministerio de Defensa, Madrid, 2019, pág. 49: Nuño García de Toreno era hijo de un iluminador de pergaminos en Sevilla. Y al parecer, alternaba esos trabajos de iluminación para la catedral hispalense con otros; como los cartográficos solicitados por el piloto mayor de la Casa, que era Américo Vespucio. A los Reinel, padre e hijo, se atribuye también el llamado Atlas Miller (1519), seguramente hecho para el rey Manuel I, y ya con una avanzada configuración de la costa Atlántica de América del Sur.

[7] Álvaro Bermejo, Juan Sebastián Elcano…, ob.cit.

[8] Stefan Zweig, Magallanes. La aventura ……, ob.cit., pág. 93.

[9] Manuel Álvarez Casado, en El viaje más largo. La primera vuelta al mundo, Acción Cultural Española, Madrid, 2019, pág. 63.

[10] Carmen Lozano Polo, “Historia General de las Indias”, en El viaje más largo. La primera vuelta al mundo, Acción Cultural Española, Madrid, 2019, pág. 59.

[11] Enrique Martínez Ruiz, “Las capitulaciones de Valladolid. Génesis, financiación y misión de la expedición”, en V Centenario de la primera vuelta al mundo de Magallanes y Elcano, Revista General de Marina, tomo 277, agosto-septiembre 2019, págs. 231 y 232.

[12] José Calvo Poyato, La ruta infinita…, ob.cit., p. 100 y sig.

[13] Guillermo Morán Dauchez, “El coste de la armada de la especiería”, en El viaje más largo. La primera vuelta al mundo, Acción Cultural Española, Madrid, 2019, pág. 81.

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