La primera vuelta al mundo de Magallanes/Elcano (IX)
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La primera vuelta al mundo de Magallanes/Elcano (IX)

'Fuimos los primeros'. Cuadro de Antonio Ferrer Dalmau.

Continuamos hoy con la primera circunnavegación, que ya iniciamos hace nueve sesiones dedicadas a esta serie, tan larga como el propio viaje que narra y comenta. Y lo que hoy veremos es qué pasó después de la muerte de Magallanes, adquiriendo el recorrido de las naves españolas una nueva problemática y también propósitos renovados, más en línea con las Capitulaciones de Valladolid que las últimas acciones de Magallanes.

Después de la tragedia de la isla de Mactán

 

La muerte de Magallanes en la isla de Mactán marcó el final de la primera parte del más largo viaje, creando la incertidumbre, durante seis meses. Que está dedicado a la mayor odisea, después de las estadías en las Molucas: el retorno a España.

 

Tras salir de Cebú y recalar en la isla de Bahol, donde se incendió la nao Concepción, para dejar la poderosa armada inicial de cinco naves sólo con dos, la Trinidad y la Victoria, se puso rumbo a la península de Zamboanga, a poniente de la isla de Mindanao. Pero no encontrando allí alimentos suficientes para aprovisionarse, siguieron rumbo oeste-noroeste, hasta anclar en la muy alargada isla de Palawan, que cierra por el oeste el Mar de Joló, con la gran isla de Borneo al suroeste (ver mapa).

 

En la isla de Palawan, seguramente no lejos de lo que hoy es su capital, Puerto Princesa, hallaron nativos que les facilitaron alimentos, y descansaron antes de atravesar el estrecho de Balabac (entre Palawan y el norte de Borneo) para navegar bordeando el norte de la gran Isla, hasta anclar frente a Madura, el 8 de julio de 1521, la fastuosa capital del sultanato de Brunei. Una visita que sirvió de base para que Filipinas reivindicara como suya parte de Borneo (el estado de Sabah, hoy Malasia) como herencia de la era colonial española[1].

 

Brunei, un paraíso. Pirateando

 

En Brunei, los sufridos navegantes fondearon en puerto de muy buen abrigo, donde les recibieron tres grandes piraguas doradas con adorno de guirnaldas, luciendo penachos de plumas de pavo real, con una de las embarcaciones –toda narrado por Pigafetta—, donde iban músicos de la Corte del rajá Siripada, que tocaban tambores y cornamusas. Seguidamente, la plana mayor de los españoles, fue conducida al palacio del rajá, el sultán Ahmed, a lomos de elefantes.

 

Madura, la capital de Brunei, era una ciudad magnífica, y los viajeros quedaron fascinados ante el deslumbrante despliegue de riquezas de los cortesanos, que lucían telas de seda y oro, engarzadas con gemas, perlas, etc.

 

La estadía de los navegantes en Borneo fue de veinte jornadas, del 9 al 29 de julio de 1521. Y ese último día, desde el fondeadero de las dos naos, los españoles vieron llegar gran número de canoas de balancín, que parecían en son de guerra, avanzando con gran rapidez. De modo que recordando lo ocurrido en Mactán y Cebú, López Carvalho ordenó disparar primero y preguntar después. Así, la estadía en Borneo, que había comenzado con tanta complacencia, terminó de mala manera[1].

 

Tras dejar Borneo, las dos naos se detuvieron mes y medio en la isla de Cimbombón –tal vez la actual Balabac, al sur de Palawan—, donde repararon una de las naves, que estaba haciendo agua. Siendo la siguiente escala la isla de Balambagan, también en el propio estrecho de Balabac. Allí, se carenaron las naos durante 42 días. Y al dejar la isla, asaltaron un junco que transportaba a un jefe indígena de Palawan, a quien exigieron rescate, como si fueran piratas.

 

Ulteriormente, los marineros presuntamente del muy católico rey-emperador Carlos I/V, en una labor indigna de ellos, y en contra de las Capitulaciones de Valladolid, capturaron otra embarcación local, y en el asalto mataron a siete de sus dieciocho tripulantes, en lo que fue una de las más penosas acciones de toda la expedición. Intolerables según las órdenes reales que definían la rectitud de propósitos de la misión encomendada.

 

Gómez Espinosa y Elcano, al mando

 

El triste sucesor de Magallanes, López Carvalho, sólo debía su máximo rango al frente de la flota al hecho de haber desaparecido sus antecesores portugueses Barbosa y Serrano. Era persona carente de escrúpulos morales, de modo que, durante seis meses, las dos naves surcaron los mares con lo más penoso del más largo viaje. Se dedicaron abiertamente a la piratería, adueñándose de todo lo que se cruzaba en ruta. Dondequiera se veía pasar un junco, lo atacaban y lo saqueaban, sin más ni más.

 

Los rescates que se exigían en tales casos, los guardaba Carvalho para sí: no rendía cuentas a nadie, convertido en su propio contador y tesorero. Y en el colmo de los colmos, durante parte de su comandancia de la flota, ocultó en su camarote a una nativa para sus propios desahogos[2].

 

Así las cosas, el 21 de septiembre de 1521, Juan Bautista de Poncevera y Juan Sebastián Elcano, maestres de los dos barcos supervivientes, presentaron a toda la marinería reunida una moción conjunta, para deponer a López Carvalho, por sus muchas faltas[3]. De inmediato fue reemplazado por un triunvirato que formaron el contador Gonzalo Martín Méndez –que oficialmente representaba al rey—, el capitán de la nao Trinidad, Gonzalo Gómez de Espinosa (alguacil, de pocos conocimientos náuticos), y el piloto de la Victoria, Juan Sebastián Elcano.

 

Azulejo conmemorativo de la circunnavegación en Sanlucar de Barrameda.

 

Se acordó que Martín Méndez desempeñaría las funciones administrativas comunes[4], y que Espinosa y Elcano mandarían en sus respectivas naos. Si bien es cierto que por la mayor experiencia náutica de Elcano y su reconocido sentido común, acabaría por imponerse hasta ser el hombre clave de la sufrida y menguada expedición. Apreciándose, entonces, cabalmente, que no tenía ni pies ni cabeza seguir perdidos por aquellos trópicos sin rumbo definido.

 

Se replanteó, pues, el objetivo principal de la misión: llegar a las Islas Molucas, según disponían las Capitulaciones de Valladolid[5]. Se puso rumbo, por tanto, a las islas de las Especias, entre Borneo y Nueva Guinea, donde está situado el archipiélago maluquense[6].

 

Debe destacarse que las primeras noticias que llegaron a Europa sobre las Islas Molucas no se debieron a los portugueses, sino a un italiano, boloñés, Luis de Varthema, quien, queriendo ver “la diversidad de las monarquías mundanas”, viajó a El Cairo, pasó después a Damasco, y de allí se dirigió a Arabia, donde tras visitar la Meca, se embarcó rumbo a la India, viajando después más al Este. Retornó a Europa en barco de una armada lusa, en 1507.

 

El libro de Varthema, Itinerario de Ludouico de Varthema Bolognese[7], tuvo un éxito fulgurante en su primera edición italiana (Roma, 1510) y en sus traducciones a diversas lenguas: latín (Roma, 1511); alemán (Augsburgo, 1515, 1518); Estrasburgo, 1516; Fráncfort, 1518); castellano (Sevilla, 1520, a raíz de la efervescencia producida por el inicio del viaje de Magallanes); toscano (Venecia, 1522) y, más tarde, al flamenco, francés, e inglés.

 

 


[1] José Luis Comellas, La primera vuelta al mundo, ob.cit., pág. 137 y sig.

[2] José Calvo Poyato, La ruta infinita, ob.cit., pág. 397.

[3] Carla Rahn Phillips, “La expedición Magallanes-Elcano”, en Actas del Congreso Internacional de Historia Primus cirdumdedisti me, V Centenario de la Primera Vuelta al Mundo, Valladolid, 20-22.III.2018, pág. 157.

[4] Al separarse las dos naves Martín Méndez se quedó sin más función que la de marino, si bien compiló un libro con los convenios acordados por los españoles con los nativos de las Molucas. Fue uno de los que quedaría en Cabo Verde, y luego …

[5] F. Borja Aguinagalde Olaizola, “El capitán Juan Sebastián, o Elcano en su entorno. Guetaria, la circunnavegación y la corte del emperador”, en V Centenario de la primera vuelta al mundo de Magallanes y Elcano, Revista General de la Marina, tomo 277, agosto-septiembre 2019, pág. 268.

[6] José Luis Comellas, La primera vuelta al mundo, ob.cit., pág. 141.

[7] Itinerario de Ludovico de Varthema bolognese ne lo Egypto, ne la Suria, ne la Arabia deserta & felice, ne la Persia, ne la India, & ne la Ethiopia. La fede el viuere & costumi de le prefate provincie. Et al presente agiontoui alchune isole novamente ritrovatte, Herederos de Giorgio Rusconi, Venecia, 1522. Una versión moderna es la de Ashgate Publishing, Nueva York, 2016.

 


[1] Salvador Bernabéu, “El viaje y sus incidencias”, en La primera vuelta al mundo, Taberna Libraria, Madrid, 2019, pág. 89 y sig.