La nueva investidura cocida a fuego lento que tampoco nos podemos permitir
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La nueva investidura cocida a fuego lento que tampoco nos podemos permitir

Pedro Sánchez atiende durante el Consejo Europeo que se celebra en Bruselas.

La nueva ronda con presidentes autonómicos parece una manera de apurar los plazos y buscar la manera de legitimar contactos con los socios que Sánchez necesita.

El fantasma del bloqueo vuelve a sobrevolar la política española. Más de un mes después de las elecciones que tenían que poner España en marcha al fin, al menos en lo que a lo político se refiere, el  panorama empieza a parecerse un poco al que teníamos antes del 10-N y por el que se llegó a la repetición electoral. Los síntomas, muy similares, son igual de preocupantes y, como entonces, no nos lo podemos permitir.

 

Cuando 24 horas después de las elecciones PSOE y Podemos anunciaban un pacto, una parte de la sociedad española respiró aliviada. Incluso con pegas sobre el acuerdo, y con el reproche generalizado de no haberlo alcanzado antes (¿de verdad lo que no pudo hacerse en meses se fraguó en un día¿), aquello se interpretó como una positiva 'fumata blanca', imprescindible para contar con un Gobierno, de uno u otro signos, condición y políticas, pero al fin consolidado. Algo muy necesario. Pero no fue más que un espejismo.

 

Ahora, más de un mes después de aquello, Pedro Sánchez se ha embarcado en otra interminable ronda de contactos al estilo de aquella kilométrica mesa en la que se reunió con toda o casi toda la sociedad civil. La justificación era conseguir ideas para incorporar al futuro programa de gobierno, y convencer de paso a Pablo Iglesias con medidas muy sociales avaladas por colectivos próximos a sus planteamientos o al menos concordantes con sus propuestas.

 

La nueva ronda de Sánchez no pretende buscar ideas, al menos no es el objetivo declarado. Esta vez el presidente eternamente en funciones quiere dar voz a todos los presidentes autonómicos. Loable actitud, pero ¿con qué intenciones? Los presidentes de las autonomías son voces autorizadas en lo que a los españoles preocupa, pero ni la constitución ni el orden parlamentario español les reserva ningún papel para elegir presidente: ni lo votan ni lo vetan. Además, a nivel práctico, ¿qué espera Sánchez que le digan? ¿Cree que puede torcer la idea que todos ellos tienen de la España constitucional?

 

Es aquí donde surgen las sospechas del uso, como cortina de humo, de esta ronda presidencial no pedida, una ronda sin sentido. La nueva ronda con presidentes autonómicos parece una manera de apurar los plazos y buscar la manera de legitimar contactos con los socios que Sánchez necesita, PNV y ERC, por el orden en que los ha citado. Eso encaja mucho más que el carrusel de fotos y llamadas telefónicas con los presidentes autonómicos con el que se va a demorar una investidura, de nuevo y muy a nuestro pesar, cocida a fuego lento.