La mentira como estrategia
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La mentira como estrategia

El primer debate y único debate a seis de todos los candidatos al 4M

Si algo ha definido esta campaña electoral, que afortunadamente para todos está ya a punto de terminar, son las mentiras. Tampoco es que esto sea una gran novedad, en todas las campañas electorales los políticos mienten de vez en cuando, prometen cosas que luego no van a cumplir y anuncian alianzas o vetos de los que se olvidan al día siguiente del recuento de votos. ¿Recuerdan a ese candidato a presidente que no podría dormir por las noches? Ya lo decía Bismarck, “nunca se miente tanto como en unas elecciones, salvo quizás después de una cacería”. Pero lo característico de esta campaña de Madrid es que para algunos partidos la mentira ha pasado de ser la anécdota, a convertirse en su única estrategia electoral.


No hablo esta vez de mentiras a medias, que como explicaba Jean Cocteau, a diferencia de un vaso de vino medio vacío, que también es un vaso medio lleno, de ningún modo son medias verdades. Lo que hemos visto y oído son mentiras descaradas y repetidas mil veces siguiendo el manual de Goebbels, con la esperanza de remontar unas encuestas que pintan bastos.


En el debate televisado a toda España pudimos ver a Pablo Iglesias acusando a Ayuso de que “el sistema fiscal de Madrid no es progresivo a pesar de que así lo exige la Constitución”. Bueno pues el IRPF autonómico de esa Comunidad incluye cinco tipos, que van del 9% al 21%. Así que podrá ser lo que quiera, Don Pablo, pero progresivo, es. Habló además el ex vicepresidente de la pobreza y la desigualdad en Madrid, a la que también atribuyó el dudoso honor de ser la mayor del país. Bueno, pues de nuevo los datos son los que son y el riesgo de pobreza en Madrid es del 19% frente al 25% del conjunto de España. En Extremadura es del 38% y en otras ciudades europeas es también superior, como en Berlín, 24% o en Roma, 28%. Luego aseguró tan campante que “a quien tenga un patrimonio de un millón de euros, pues hombre, le aplicamos un Impuesto sobre el Patrimonio como hace cualquier país serio”. Pues tampoco. Ese impuesto no existe en ningún país europeo. De hecho, tampoco en sus admiradas Cuba y Venezuela, quizá porque no hay a quién cobrarlo, ya que los únicos que superan esa cifra están en el Gobierno.


Tampoco estuvo muy fina la candidata de Más Madrid, que afirmó que Madrid era la Comunidad con más paro. Bueno, esta semana ha salido la Encuesta de Población Activa del INE y lo que dice es que de las 66.000 personas que han salido del paro este primer trimestre del “año de la recuperación” de Sánchez, 50.000 lo han hecho en Madrid. Decía Mónica García que la tasa de paro en Madrid es del 22%. Pues no sé qué oscuro razonamiento le habrá llevado a inventar ese número, ya puestos podría haber dicho el 50% o el 75%. Pero lo que dice la EPA es que es del 12,2%, frente al 16% del conjunto de España.


En fin. Y luego vino lo de las balas y las navajas, un festín de estupideces al que ya se sumó también un Gabilondo irreconocible. Lo de la ministra agitando la foto ampliada de esa navaja con gotitas de color rojo brillante para denunciar la “amenaza fascista de VOX” por el envío de un arma “manchada de sangre” no tiene precio en el mercado de la farsa. Qué gran ejemplo para demostrar esa teoría de Prosper Mérimée de que “toda mentira de importancia necesita de un detalle circunstancial para ser creída”. A ver Reyes, si me permites el tuteo, que la carta venía con el remite en el sobre. Y todo el mundo sabe, y si no lo preguntas, que la sangre de verdad, en contacto con el aire, se pone marrón al poco rato. Qué ganas de que te saquen los colores.


Pero lo peor del episodio de las navajas y las balas, que son el detalle circunstancial, es la gran mentira que hay detrás, que es la de que Pablo Iglesias intente hacerse pasar por defensor de la democracia. La democracia tiene muchos enemigos, los fascistas desde luego, pero que no venga un comunista a contarnos cuentos. ¿En qué país comunista hay democracia señorito Iglesias?


Bueno, lo mejor de esta campaña es que ya se acaba y pronto saldremos de dudas sobre la eficacia de la mentira como estrategia. Pero de lo que no nos vamos a librar tan pronto es de este Gobierno de coalición que también ha adoptado la mentira como política y como modelo de gestión. El último ejemplo lo hemos visto hace poco en Castilla y León. La ministra de Hacienda, ya saben la de “1.200 millones no son nada” se ha pasado año y pico poniendo como excusa al anterior Gobierno para quedarse con la pasta del IVA, ciento ochenta y pico millones de euros, de esta Comunidad Autónoma. Dijo textualmente que era “legalmente imposible” devolverlo, así que por mucho que reclamaban los castellanoleoneses, ella que manzanas traigo.


Pero como suele pasar, con las mentiras no se llega muy lejos. En este caso hasta que el Tribunal Supremo ha dictado sentencia. Y de legalmente imposible la cosa pasa a ser legalmente obligatoria. Y lo mismo acabará ocurriendo con otras comunidades que llevan años exigiendo lo suyo, como Madrid, a la que se le deben 377 millones. Y así hasta un total de 2.500 en el conjunto de España.


Pero claro esto no es, como decía, una anécdota, es una forma de entender la política y la gestión del Gobierno. Porque esta es la misma ministra que nos decía que Europa prohibía bajar el IVA de las mascarillas, y al final ante el clamor general y los desmentidos de la Unión Europea tuvo que pasar por el aro. Y la misma ministra que nos contó en su día que tampoco podía bajar el IVA de la luz, porque se lo impide Bruselas. Ya explicó Bruselas que sí se puede bajar, como lo han hecho otros países como Francia o Portugal, pero en esto de momento la ministra no ha cedido, pese a que pagamos una de las tarifas de luz más caras de Europa. Ella, está claro, prefiere “armonizar” los impuestos que bajarlos.


Sigan, sigan mintiendo, que algún día habrá que votar en toda España.