La fundamental influencia de la USAL en la medición del tiempo y el calendario civil de la humanidad

Dos estudios de la USAL sirvieron al papa Gregorio XIII en 1582 para establecer el actual calendario gregoriano que rige la fecha en gran parte del mundo.

Cambiamos de año y celebramos el fin de 2019 y la llegada de 2020 en todo el mundo. Pero, ¿sabemos cuál es el origen de esta forma de medir el paso del tiempo y la duranción de los días y los años? Un calendario civil universal que lleva en vigor más de cuatro siglos y que partió de la sabiduría de la Universidad de Salamanca.

 

Y es que hasta finales del siglo XVI buena parte del mundo se regía por el calendario juliano, introducido por Julio César en el año 46 a. C. Sin embargo, este calendario provocaba un desfase frente al año trópico de 11 minutos 14 segundos de exceso por año, lo que suponía un día cada 128 años. Así, para corregir este desfase los matemáticos de la Universidad de Salamanca elaboraron un primer informe en 1515 a petición del rey Fernando el Católico y el papa León X, y otro posterior en 1578, solicitados por el rey Felipe II y el papa Gregorio XIII, que sería el que implantara el actual calendario.

 

Estos dos estudios elaborados por los científicos de la USAL serían, a la postre, decisivos para acompasar los ritmos del Sol y la Luna con la forma de medir el paso del tiempo de los hombres y servirían de base para la reforma del calendario, que pasaría de denominarse calendario gregoriano al implantarse por la bula 'Inter Gravissimas', expedida el 24 de febrero de 1582 por el papa Gregorio XIII.

 

En estos estudios, los matemáticos establecieron un cálculo que permitía enlazar en un cómputo el distinto ritmo del Sol y de la Luna. Del primero de ellos, el de 1515 no se ha conservado pero se conoce su contenido porque aparece recogido en el segundo, el de 1578, del que se conserva una copia en la Biblioteca General Histórica de la Universidad.

 

Hoy, este calendario está considerado el calendario civil de la humanidad y sustituyó gradualmente al calendario juliano a lo largo y ancho de la geografía universal. Su origen se sitúa en la necesidad de establecer el calendario litúrgico con motivo de las celebraciones que varían su fecha en función de la Luna, como la Semana Santa. 

 

Para ello, el calendario gregoriano ajusta la duración del año a 365,24,25 días, es decir, 365 días, cinco horas, 48 minutos y 45,16 segundos, frente a los 365,25 horas del calendario juliano. Además, la regla de los bisiestos cada cuatro años habia provocado un desfase de diez días.

 

Con todo ello, el nuevo calendario ajusta mejor la duración del año y establece nuevas reglas para los años bisiestos. Así, con este calendario gregoriano serán bisiestos los años cuyas dos últimas cifras sean divisibles por cuatro, excepto los múltiplos de cien, como 1700 o 1800, que no lo serán. Esta excepción presenta una excepción, y es que sí serán bisiestos los años que sean múltiplos de 400, como 1600, 2000 o 2400.

 

Los días que nunca existieron

 

Con la entrada en vigor del nuevo calendario gregoriano y tras el ajuste realizado por el desfase del anterior calendario juliano, hubo días que nunca existieron. Así, en Italia, Portugal, España y la zona católica de Polonia, los primeros en implantar este nuevo calendario, se pasó del jueves juliano 4 de agosto de 1582 al viernes gregoriano 15 de octubre de 1582. 

 

La implantación de este calendario en los distintos países se produjo de forma progresiva a lo largo de los días y años siguientes a esa primera fecha, pero todos vivieron un ajuste de días. Por ejemplo, los siguientes en sumarse a este nueva forma de medir el tiempo fueron Francia o el Valle del Misisipi, en Estados Unidos, donde se pasó del domingo 9 de diciembre al lunes 20 de diciembre. Antes de que finalizara el año también se sumaron Países Bajos, donde después del lunes 17 de diciembre de 1582 llegó el martes 28 de diciembre, y Bélgica, que pasó del jueves 20 de diciembre de 1582 al viernes 31 de diciembre.

 

A partir de ahí y a lo largo de los años y siglos siguientes se sumaron el resto de países como Alemania, Austria, Suiza, Hungría o Inglaterra, que no lo haría hasta 1752. El último país en medir el tiempo por el calendario gregoriano fue Grecia, que lo adoptó en 1923 y que, en este caso, volvió atrás en el tiempo, ya que pasó del jueves 1 de marzo de 1923 al 15 de febrero. Otros países que comenzaron a utilzar este calendario en el siglo XX fueron China, Albania, Turquía, Bulgaria, Rusia, Estonia, Rumanía o Yugoslavia.

 

Toda una revolución en la forma de medir el paso del tiempo que partió de la Universidad de Salamanca y que demuestra la influencia histórica del Estudio salmantino y el gran nivel científico que había en la USAL en el siglo XVI.

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