La decisión de Igea que lo puede poner todo patas arriba

El vicepresidente de la Junta, Francisco Igea, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno

Ciudadanos ha empezado, de nuevo, a buscar su sitio en la política nacional. Tras la salida de su alma mater, Albert Rivera, y el pésimo resultado de las elecciones generales, en las que se quedó en diez escaños, el partido 'naranja' afronta lo que es prácticamente una refundación en la que no es arriesgado decir que se juega su supervivencia futura. Y el poder territorial va a tener mucho que decir en el proceso.

 

A día de hoy, el partido acumula muchísimo más poder en autonomías y ayuntamientos que en el Congreso de los diputados. El desequilibrio no es nuevo, porque Cs ha tenido en otras ocasiones mucha más presencia en el parlamento nacional que en los de las comunidades o en los ayuntamientos; de hecho, esta asimetría es el producto de las subidas y bajadas que ha protagonizado en los últimos tiempos. Cs llegó a las elecciones autonómicas y municipales de mayo casi en su cúspide, con su número de diputados en máximos, y sus candidaturas en ayuntamientos y comunidades funcionaron como cohetes. Después vino el 'no' a Sánchez, el veto al PSOE y las alianzas con PP y Vox, decisiones sin las que no se puede entender el descenso a los infiernos en la repetición electoral.

 

El desastre de quedarse en diez diputados se llevó por delante al presidente fundador y el partido quedó huérfano de liderazgo, pero también de fundamento ideológico definido y de discurso. Para recuperar estos elementos, Cs ha iniciado un proceso en el que tiene que reposicionarse y que es lo más parecido a una guerra de poder que ha tenido en su historia. El Cs de Albert Rivera ha sido muy vertical y no había mucho lugar a las discrepancias, y uno de los que más sabe de eso está entre los que quiere que cambie.

 

Se trata de Francisco Igea, vicepresidente de la Junta de Castilla y León, autoerigido voz crítica 'oficial' de Cs y ya curtido en la batalla por discrepar de la línea fundacional. Lo hizo, sin éxito, tras las elecciones autonómicas cuando trató de torcer del 'no' al PSOE impuesto por Rivera. Mientras al resto de voces discordantes el partido los iba apartando, Igea sobrevivió a aquel atrevimiento, quién sabe si por su condición de 'llave' para gobernar la Junta y su nombramiento como vicepresidente, y ahora está en condiciones de cambiar Ciudadanos.

 

Igea ha pedido más poder territorial y, en parte, el borrador de nuevos estatutos se lo reconoce, aunque sea a través de un Consejo Territorial, un órgano vinculante; reconoce también un posicionamiento más centrado, que significa que el PP deja de ser 'socio prioritario' y que reconoce que se puede pactar por igual con el PSOE; modifica el sistema de voto para ejercer la democracia interna, el del 'pucherazo' frustrado en Castilla y León; y da más poder a la militancia.

 

Se trata de un amplio paquete de cambios, y ahora Igea tiene que decidir si es suficiente, si lo avala y se 'integra' o si, de lo contrario, se lía la manta a la cabeza y pide más: más democracia interna, más poder territorial y más protagonismo en el futuro de Ciudadanos. Si eso incluye ponerlo todo 'patas arriba' en Castilla y León, en el partido o en la Junta, solo el propio Igea lo sabe.