La catástrofe de los incendios: ayudas reales donde no bastan buenas palabras
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La catástrofe de los incendios: ayudas reales donde no bastan buenas palabras

Incendio forestal en San 
Felices de los Gallegos. Fotos: Ical

Los incendios forestales han azotado con fuerza Castilla y León este verano y es más necesario que nunca que las ayudas lleguen en tiempo y forma.

El de 2021 está siendo un verano particularmente malo para los incendios forestales en Castilla y León. Los fuegos en Navalacruz, San Felices de los Gallegos o en general en la provincia de Zamora han calcinado miles de hectáreas de árboles y monte, pero también pastos, ganado, pertenencias y explotaciones sin las cuales muchas familias tienen una difícil supervivencia. Por ahora, la reacción ha sido ejemplar en forma de solidaridad y con una declaración inmediata de zona catastrófica por parte del Gobierno. El tiempo de las buenas palabras se ha cumplido, y con creces, y no pueden faltar, pero ahora llega el momento de las ayudas.

 

El Gobierno ya ha abierto la puerta con esta declaración administrativa de zonas gravemente afectadas, que es el equivalente a las conocidas como zonas catastróficas por desgracias naturales. Es un gran paso porque eso supone iniciar un proceso para evacuar las ayudas correspondientes. Primero se hará una valoración de los daños y, posteriormente, se podrán adoptar diferentes medidas. Van desde ayudas a particulares por daños en su vivienda, ayudas a establecimientos y ayudas por daños en producciones agrícolas, ganaderas, forestales y de acuicultura marina, entre otras. Y también, aunque es menos frecuente, podrá contemplar medidas fiscales como la exención de la cuota del Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) y reducción en el Impuesto sobre Actividades Económicas. 

 

En este capítulo, el de las ayudas, las administraciones no se pueden dejar nada en el tintero. Lo primero y obligatorio, en una reserva de fondos que debe cuantificarse lo antes posible. Además, tiene que existir seguridad de que las cantidades llegan al territorio, allí donde se necesita. No se puede desdeñar ni una sola idea, desde abrir la puerta a seguir cobrando la PAC a ayudas similares a las del Covid por el cese de actividad o agilizar las inmdenizaciones. Y por último, el respaldo del Estado tiene que verse acompañado de apoyo de la administración regional y, lo más importante en ambos casos, de algo que no se paga con dinero: la eficacia en la tramitación.


Todos, afectados y administraciones de unos y otros colores, harán bien en vigilar que esto no caiga en el olvido. Conocemos los casos de desgracias en las que las ayudas tardan meses, incluso años, y para cuando llegan no hay nada que salvar o ya ha actuado la iniciativa particular. Por desgracia la burocracia es lenta, muy lenta a veces, en nuestro país. Eso no puede ocurrir porque un negocio o una explotación agraria que no tiene hoy donde agarrarse es una ruina segura que arrastra a familias y emprendedores. "Una cosa es la declaración y otra cosa son sus efectos", advierte el vicepresidente Igea, que celebra la ayuda, pero pide esperar a ver cómo se ejecuta. El compromiso está ahí, inequívoco por parte de todas las administraciones. Ahora llega el momento de la ayuda real donde no bastan buenas palabras.