La Alhondiga realiza una visita cultural por el Barrio de la Morería de Arévalo

Cerca de 40 personas han participado este domingo en el paseo cultural organizado en Arévalo por la Asociación de Cultura y Patrimonio La Alhóndiga y que ha recorrido la antigua Morería de este municipio.

A las 11:15 horas de este domingo se reunian a la puerta de la iglesia del Salvador de Arévalo en torno a 40 personas interesadas en compartir el paseo cultural de este mes de junio, que en esta ocasión les llevaría por las calles y plazas que conformaron la antigua Morería de Arévalo, convocada por “La Alhóndiga” de Arévalo, Asociación de Cultura y Patrimonio.

 

Después de una pequeña introducción sobre la iglesia del Salvador y el palacio de Cárdenas, edificios históricos que jalonan la plaza, se habló del espacio que ocupaba la Morería, que se extendía de este a oeste desde las cuestas del Adaja hasta las del Arevalillo. Limitaban el espacio: al Norte el Arrabal y las iglesias de San Juan y Santo Domingo, al Sur el Camposanto y las iglesias del Salvador y la desaparecida de San Andrés.

 

Entraron en el patio cubierto del palacio de los Cárdenas y contemplaron este espacio rehabilitado que se presta a realizar conferencias, exposiciones y conciertos musicales.

 

De nuevo en la calle, cruzaron a través de la calle de las Tercias Reales la calle Larga, deteniéndose un momento para recordar las sentidas palabras que el gran Unamuno le dedicó a Mamerto Pérez Serrano, hijo de Arévalo y que un día dio nombre a la prolongación de la calle Larga.

 

La comitiva continuó hasta la plaza de San Andrés. En algún lugar de este espacio urbano estuvo la iglesia que da nombre a la plaza. Desapareció, según cuentan las crónicas, en 1585. En ella se conserva, recientemente restaurado con buen criterio, el palacio de Baltasar Briceño, más conocido como La casa de la Francesa.

 

Siguieron hasta la plazuela del Paraíso. Conformaba esta junto con el resto de calles y placitas, el antiguo Albaicín. Algunos documentos, aportados por el profesor Serafín de Tapia y el premio Cervantes José Jiménez Lozano, este último en su libro Guía Espiritual de Castilla, nos hablan de estas calles que venían o cruzaban por el Albaicín.

 

La visita les llevó hasta las cuestas del río Arevalillo, desde donde contemplaron la imponente alameda en todo su esplendor. A sus pies el molino Valencia o "Quemao" y los puentes de los Barros y de Medina, donde los asistentes comentan sus vivencias de niños a la vera del río. Se habla también de la tradición morisca, hoy casi desaparecida, de disponer en ambas riberas los huertos familiares autosuficientes.

 

Un poco más adelante se hace referencia al "Rincón del Diablo", al origen de este curioso nombre y a los restos de la antigua muralla que, aún a duras penas, permanecen en pie por encima del citado puente de los Barros.

 

El grupo salió por la calle Figones al cruce con la de Principal de la Morería y se acercó a San Juan. En el espacio que hay ante la iglesia se preguntaron por esa extraña cruz sogada que adorna la hornacina existente en la entrada al Centro Parroquial, con una forma antropomórfica. Se hace referencia a que los canteros medievales parece que siempre querían significar algo con algunas de sus enigmáticas esculturas graníticas.

 

Siguiendo hasta la plaza del Arrabal y luego, por la calle de Sombrereros, entraron en la calle Larga para llegar al antiguo Mentidero. La casa de los caballeros Gutiérrez Altamirano y su portada esquinada con un balcón excepcional, una casona morisca que hace esquina entre Sombrereros y calle Larga, las laudas funerarias embutidas en los muros de otra de las casas semiderruidas que hay en esta calle.

 

En la plaza de Don Justo, antigua plaza de Perexil, se habla del posible origen del nombre del Mentidero. Entran en el patio que se conserva en la casa de las Milicias Concejiles, donde se explica la especial arquitectura del edificio, los usos que pudo tener la edificación y el estado actual de la misma, recuerdan al Mancebo de Arévalo, el misterio que rodea su figura y la importancia de su obra, la Tafçira escrita en castellano con caracteres arábigos. Se recuerda a Moshe Ben Sen Tob de León, rabino y filósofo sefardí castellano, autor del Libro del Esplendor o Zóhar.