En busca de una nueva mayoría sin dogmas ni peajes
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En busca de una nueva mayoría sin dogmas ni peajes

Francisco Igea y Alfonso Fernández Mañueco, tras el pleno de la moción de censura. Foto: Ical

El Gobierno regional tiene la tarea de sobrellevar su recién estrenada minoría: se impone la negociación y el acuerdo, sin concesiones de ningún tipo contra el interés general.

Va a ser difícil que Castilla y León vuelva al nivel de tensión provocado por la semana de convulsiones políticas. Una semana después, la moción de censura parece algo lejano que quedó resuelto, pero la realidad es que ha dejado un rescoldo en forma de riesgo de inestabilidad política, justo la consecuencia que más descalificaba este movimiento, políticamente lícito pero incomprensible a nivel social: nadi entiende que, con una pandemia todavía golpeando economía, sociedad y salud, la política se empeñe en sus juegos, pero así fue. 

 

La salida de María Montero del grupo parlamentario Ciudadadanos no sólo sembró el pánico entre los que, por unas horas, temieron que la moción de censura prosperara, sino que va a tener consecuencias más o menos permanentes. Su resultado más inmediato ha sido la pérdida de la cómoda mayoría natural que ostentaba el Gobierno autonómico, que ahora tendrá que esforzarse por 'convencer' a unos y a otros para sacar adelante sus proyectos. Y la realidad es que, si es así, nos podemos dar por satisfechos. Pero hay riesgos en confiar en la capacidad de entendimiento de nuestra política del momento.

 

En la coyuntura actual, no parece que la obligación de buscar acuerdos pueda verse como un peaje engorroso. El gobierno regional se precia de haberlo hecho y los dos partidos que lo sustentan y componen presumen habitualmente de su capacidad para el diálogo y el acuerdo. Es el momento de ponerlo en práctica en su grado máximo, hay tiempo para esforzarse en fraguar esas alianzas y la situación es propicia, aprobados como están los presupuestos, para demostrar hasta dónde son capaces unos y otros de exprimir su capacidad de entendimiento. Pronto habrá ocasiones, como con la supresión del impuesto de sucesiones. También hay riesgos.

 

El primero, que se reponga el espectáculo de hace unos días. No se pueden repetir las peores escenas, las que se ocultaron a la opinión pública, pero que sospechamos ocurrieron: el mercadeo de intereses ya no personales, sino partidistas. La sociedad no está dispuesta a que se negocie con la educación, la economía o la sanidad y que sean moneda de cambio para asegurar apoyos o una estabilidad. No hay nada de inocente en brindar apoyos a cambio de partidas económicas de un presupuesto como ya  se ha hecho, pero las políticas de calado son palabras mayores. Eso no se toca, ni por una mayoría ni por nada.

 

Nadie, ni los partidos territorialistas ni los nacionales en ascenso, tienen derecho a cambiar políticas probadas por dogmas ni a trastocar el delicado equilibrio regional. Ni UPL, ni Por Ávila ni Vox tienen derecho a exigir sin freno ni a colocarnos políticas de interés exclusivo o limitado. Tampoco a cobrarse peajes. La mínima debilidad de una mayoría a la que le falta un voto no es excusa para pretenderlo, ni tampoco motivo para concederlo. Castilla y León necesita un Gobierno abierto a 'toqueteos' tanto como una moción de censura inoportuna.