El Romancero Viejo: crónicas de la España Medieval
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El Romancero Viejo: crónicas de la España Medieval

El Romancero Viejo, por Mercedes Díaz Roig

En aquella época en que las poblaciones conocían de acontecimientos y noticias a través de forasteros de paso o visitantes itinerantes, los romances daban a conocer hechos convertidos en leyendas: amores, bodas reales, hazañas o costumbres de la sociedad de entonces.

¿Quién en su niñez no ha aprendido y recitado un romance en la escuela? Esos romances que surgieron en épocas en las que no existía la imprenta, por lo que se propagaban a través de la tradición oral, representada por juglares o gentes cuyo único sustento dependía de la buena voluntad de los lugareños a los que contaban, en forma poética, noticias y hechos que acontecían y que se iban modificando o deformando hacia la leyenda con el toque que daba cada intérprete. A los romances también les llamaron canciones de ciego, pues aquellos invidentes que no tenían medios de ganarse la vida o quien les mantuviera, solían ser los que visitaban villas y castillos, no sólo para recitar sus poemas sino para ampliar su repertorio.

 

Los romances viejos son una de las primeras joyas de la riquísima Literatura Española, que se forjaron en años en una sociedad en las que saber leer y escribir era un raro privilegio para el pueblo llano, por lo que las crónicas de hechos y los documentos permanecían en castillos y feudos o en monasterios donde los monjes copiaban y atesoraban volúmenes escritos a mano. Los romances dejaron de ser tradición oral a partir de finales del siglo XV, cuando aparecen en los llamados pliegos sueltos, cuadernillos de entre 8 y 32 páginas con composiciones poéticas, que solían provenir de la tradición oral, podían ser adquiridas por un precio muy pequeño. También, a lo largo del XVI, se comenzaron a publicar cancioneros y romanceros que incluían también aquellos que se hallaban en los libros de música.

 

Dentro del romancero podemos encontrar varias temáticas, basadas en hechos reales o inventados. La clasificación principal podríamos diferenciarla en romances históricos (fronterizos, históricos y épicos) e inventados (caballerescos y novelescos), que posibilitaron a las gentes de entonces salir de su rutina por unos minutos y saber de acontecimientos o dejar volar su imaginación con aventuras de guerreros o amores apasionados.

 

El Conde Olinos, , A cazar va Don Rodrigo, las hazañas de Mío Cid, la venganza de Mudarra, el juramento de Santa Gadea, el Conde Fernán González, Doña Alda y un gran número de composiciones que han pasado a ser uno de los bienes más preciados del patrimonio cultural español y que han sido conocidos por generaciones de estudiantes.

 

Esta recopilación fue realizada por Mercedes Díaz Roig (1929-1988), profesora universitaria y folclorista española, exiliada tras la Guerra Civil Española a Méjico, donde desarrolló su carrera investigadora y docente. La primera parte del libro nos introduce en el concepto, fuentes, estructura y particularidades del Romancero Viejo, del que expone una amplia y representativa selección, acompañado de notas que nos darán más información sobre el significado del castellano antiguo y nos ayudarán a apreciar esos poemas, reflejo de una parte de nuestra historia.

 

Díaz, M. (1981). El Romancero Viejo. Editorial Cátedra.

ISBN.:84-376-0080-4