El retorno de la Atención Primaria: el reto de acertar con el modelo de la sanidad más cercana
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El retorno de la Atención Primaria: el reto de acertar con el modelo de la sanidad más cercana

Sanidad da los primeros pasos para reactivar la Atención Primaria en el mundo rural con un modelo que anticipa la aplicación del nuevo plan previsto antes de la pandemia, y del que depende la salud de miles de personas.

El anunciado retorno de la atención sanitaria presencial a las consultorios se presenta como un paso más en ese lento proceso para recuperar la 'normalidad' anterior a la pandemia. Sin embargo, debemos tener claro que nada volverá a ser como era y el motivo es muy simple: hay cosas que no se pueden hacer como se hacían antes, al menos, no mientras el virus campe a sus anchas. Pero también ocurre que la pandemia puede ser una buena ocasión para cambiar cosas que no funcionan, y esto es algo que afecta a la sanidad rural.

 

Reactivar la atención en los consultorios de los pueblos de Castilla y León es el mayor reto que tiene hoy la sanidad, Covid al margen. De hecho, recuperar la prestación sanitaria más cercana es imprescindible para devolver a miles de habitantes un derecho fundamental, el del cuidado de la salud, que se ha visto muy afectado por la pandemia. Los pacientes del mundo rural son en un alto grado los más perjudicados por la situación de excepcionalidad que vivimos porque las patologías no Covid se han visto desplazadas en gran medida de la agenda sanitaria, y estos habitantes son muchas veces los que más han sufrido los problemas que ha generado para la atención diaria.

 

Cuando el 12 de marzo se decidió suspender el funcionamiento convencional de la Atención Primaria miles de pueblos se quedaron sin la visita de su galeno y sus habitantes tuvieron que acostumbrarse al paso previo del teléfono para que, llegado el caso, les atendieran en consulta con todas las limitaciones propias de la situación. Nadie oculta que eso ha dañado la atención, por más que Sacyl niegue que los consultorios hayan estado cerrados, algo que se ha convertido más en un mantra para hacer daño político en el momento más inadecuado.

 

El anuncio de la reapertura de la Atención Primaria ha tenido algo de respuesta a esa afirmación, y con la respuesta se han cometido errores. El primero, cierta precipitación en el anuncio, que anticipó el vicepresidente Igea antes que la propia consejería de Sanidad. Esa prisa en anunciar el regreso de la atención presencial, aunque solo fueran unas horas, encierra un segundo error que es de concepto sobre lo que en realidad importa ahora: acertar con el modelo.

 

Antes de que el coronavirus lo pusiera todo patas arriba en marzo, la consejera de Sanidad se afanaba en explicar el proyecto para reformar la sanidad rural de Castilla y León, el denominado Plan Aliste. La irrupción de la pandemia en nuestras vidas ha arrasado con todo, pero tanto entonces como ahora la mejora de la atención sanitaria que reciben miles de ciudadanos en pequeños municipios de la comunidad tiene una importancia que trasciende la guerra al Covid, por el simple hecho de que está en juego la salud del día a día y para muchos años.

 

El modo en que se va a volver a los consultorios, con filtro telefónico previo y con número de días de médico en función de la población, es la evidencia de que ese plan está arrancando y conviene recordar lo que supone. Aquel proyecto proponía, y propone, dejar atrás el actual modelo, insuficiente a todas luces, y sustituirlo por otro más eficaz que permita aprovechar mejor los recursos que hay para conseguir el único resultado que importa: una atención sanitaria mejor y de más calidad. Un modelo que evite los problemas endémicos del que teníamos, como dejar sin médico 15 días a todo un pueblo cada vez que había que sustituir una baja o unas vacaciones, o que una cita quedara en el aire cada vez que el médico 'del pueblo' tuviera que atender una urgencia. Un modelo que se desmoronaba cada vez que tenía tensiones.

 

Por supuesto, que el nuevo no será una panacea por sí solo. Es imprescindible, y Sanidad lo sabe, reforzar la plantilla de profesionales y devolverle la estabilidad arrebatada hace años. Eso cuesta dinero, y hay que gastarlo: no hay fórmula mágica que compense la falta de recursos humanos, al menos, no en materia de servicios públicos. Solo entonces el nuevo plan podrá mostrar sus ventajas. Pero también hay que volver a explicarlas, sacar la sanidad del debate político (no parece fácil) y acertar con la implantación en cada territorio, porque debe ser flexible y adaptarse a las características de cada zona, o fracasará. Del acierto depende cómo se recupera la atención sanitaria más cercana.