El peligro de pensar en una desescalada como la de noviembre
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El peligro de pensar en una desescalada como la de noviembre

La favorable tendencia de los datos puede llevarnos a la errónea conclusión de que la situación es buena: confundirnos de nuevo nos puede llevar a una cuarta ola. Cautela y responsabilidad son las claves para evitarlo.

Este lunes el gobierno regional celebra un consejo extraordinario para decidir sobre las medidas que regirán en las próximas fechas para hacer frente a los efectos de la crisis del coronavirus en Castilla y León. No es arriesgado afirmar que la reunión marcará el futuro de la pandemia y que este es un momento decisivo: de lo que decida el ejecutivo regional, y de cómo lo afrontemos todos, dependerá en buena medida cómo salimos del atolladero sanitario, social y económico en el que nos ha metido el virus.

 

El momento es delicado. Las cifras diarias de contagios han bajado casi tan rápido como subieron, pero la tercera ola se ha cobrado una factura muy alta en forma de vidas humanas, y todavía lo va a seguir haciendo. Las UCI de Castilla y León siguen llenas de pacientes graves y ese es un sitio del que cuesta salir. Por fortuna, después de semanas dramáticas los indicadores empiezan a mejorar, y eso es algo positivo, pero no debemos engañarnos: la situación es mala sin grandes paliativos. La evolución es buena, pero la situación no es buena.

 

Esa es una situación peligrosísima. Como ya ocurrió en noviembre, corremos el riesgo de pensar que como la tendencia es buena, la situación también lo es, pero eso no es así. Puede que confundamos nuestros deseos con la realidad, pero sea como fuere si pensamos que estamos preparados para una nueva desescalada y no medimos las consecuencias de volver a equivocarnos lo vamos a lamentar. Ya ocurrió antes de Navidad, cuando los indicadores decían que estábamos mejor que nunca (y lo estábamos) y nos embarcamos en una normalidad de la que sospechábamos las consecuencias, pero a la que nos entregamos con los ojos cerrados: movilidad y reuniones nos trajeron la tercera ola.

 

Aquella experiencia nos ha marcado y debemos aprender de todo lo que ocurrió. Las cifras, como ocurrió entonces, van a mejorar cada semana que nos acerquemos a la Semana Santa, pero debemos tener claro que no estamos en condiciones de relajar sin más: que quede claro que cumplir con el 'semáforo' no basta, por más que queramos saber cuándo vamos a poder recuperar parte de nuestras vidas. Sanidad hará bien en aplicar de la manera más estricta posible los criterios de desescalada. Las prisas por relajar las medidas ya nos pasaron factura y pueden ser el germen de una nueva ola cuando todavia no hemos logrado sacar de las unidades de críticos a todos los enfermos graves. Si los contagios vuelven a dispararse, corremos el riesgo de pagarlo con más de lo mismo: más muertos y más golpes a la economía.

 

Las presiones para relajar medidas van a llegar. Ya se ha iniciado una carrera, lenta pero inexorable, para empezar a desescalar, a levantar medidas. Son muchas semanas de restricciones, muchos meses de crisis, pero ya tenemos una experiencia: la desescalada prematura nos ha llevado cerca de la casilla inicial, a volver a cerrar con el impacto que eso supone. Eso también nos tiene que pesar.

 

La situación tiene otras complicaciones. La vacunación no termina de despegar a falta de unidades suficientes: llegan y se ponen hasta cuatro veces menos de las que hacen falta. La variante británica, más contagiosa, amenaza con convertirse en la predominante y no sólo infecta más, sino que también hay indicios de que reduce la eficacia inmunitaria de la vacunación. Y se ha demostrado que el gran peligro son los contagios en el ámbito privado, donde nos relajamos y no cumplimos las medidas: la cercanía de la Semana Santa se puede convertir en un problema. Si la ansiada apertura llega, haremos bien en observar con el máximo rigor las normas más básicas, las que con más frecuencia nos saltamos: esto también va de responsabilidad individual.

 

Todo ello va a condicionar las medidas que hay que tomar y qué restricciones se pueden levantar. Hoy por hoy, y dadas las circunstancias, no son muchas. La prudencia y la sensatez así lo determinan. Todo lo demás es peligroso, es engañarse pensando que podemos hacer una desescalada como la de noviembre ignorando sus terribles consecuencias.