El necesario rescate del sector más perjudicado en la segunda ola

Una mesa en una terraza con unos hornillos, copas de vino y cubiertos.

La Junta tiene que empezar a calcular el impacto que las nuevas restricciones por fuerza mayor tienen sobre la cuenta de resultados de un sector vital como es la hostelería que ya tenía su verano más difícil por delante y que ahora se torna imposible

Este 17 de agosto finaliza el plazo para solicitar las primeras ayudas para los afectados en los ERTEs aplicados por miles de empresas durante el estado de alarma, el instrumento que aletargó empleos y actividades, un paréntesis del que muchos todavía no han vuelto. Antes de que buena parte de aquellos empleos que se han ido al limbo se recuperen, se avecina un segundo impacto para el que es necesario pensar en medidas paliativas porque desde hoy mismo, también, hay negocios que vuelven a cerrar o a reducir su funcionamiento por fuerza de ley.

 

En paralelo con la 'segunda ola' de contagios, que ha devuelto la vida a las curvas de infección y enfermos, se avecina una nueva remesa de restricciones. Han entrado en vigor precisamente este lunes para frenar el nuevo avance del virus, resucitado por la movilidad y por la vida social que hemos querido recuperar, como es lógico, pero en la que no hemos sido estrictos con todas las prevenciones. Las nuevas medidas, diseñadas al tiempo por Gobierno central y comunidades, no son las de los meses más duros de la crisis, pero su efecto puede ser debastador para un sector ya muy castigado.

 

Como anunció el viernes el Gobierno, se centran en reducir el efecto que tienen en la transmisión del virus la socialización y el regreso a las calles, inevitables una vez levantado el estado de alarma. Los paganos van a ser los locales de ocio nocturno, para los que se decreta una clausura total sin fecha segura de regreso, y que no volverán a abrir sus puertas hasta que no mejore la situación. También tendrán su parte los bares, que adelantarán su hora de cierre; y la reuniones sociales, para las que se recomienda no sobrepasar la cifra de diez, algo que ya planteaba la Junta en las numerosas zonas en naranja.

 

Las novedades han caído como un jarro de agua fría sobre aquellos negocios que, casi sin poder haber recuperado el pulso, se van a ver otra vez limitados. Los locales de copas, con un cierre total sin más paliativos, se plantean incluso ir a los tribunales. Bares, restaurantes y terrazas se encuentran de nuevo con una reducción de horas de negocio que afectará a su facturación. Y todos se preguntan cómo saldrán de esta, y es obligado arrojarles un salvavidas.

 

La Junta, alineada en esto en las mismas tesis que el Gobierno, ha vuelto a optar por anticiparse: prefiere prudencia ahora que un futuro colapso sanitario. Es normal: la experiencia dice que cuanto más lejos lo tengamos, mejor. Pero esta táctica tiene sus consecuencias y es obligado paliar sus efectos. Si se habilitó una línea para los afectados en los ERTE de lo más profundo de la crisis, obligado como era cerrar, es necesario habilitar medidas específicas para aquellos que se ven ahora, sin estado de alarma, obligados a echar la persiana.

 

La Junta tiene que empezar a calcular el impacto que estas nuevas restricciones por fuerza mayor tienen sobre la cuenta de resultados de un sector vital como es la hostelería que ya tenía su verano más difícil por delante y que ahora se torna imposible. Y ese impacto tiene que recibir el mismo trato y la misma sensibilidad que auspiciaron los ERTEs y el resto de medidas compensatorias. Toca volver a ser generosos para salvar empleos.